1 sept. 2009

Mis notas sobre Spinoza

Spinoza y la necesidad de una reforma del Entendimiento.
En la historia de la metafísica occidental, cuya operación fundamental consiste en determinar, desde el comienzo, el espacio en el cual van a manifestarse los seres, nos encontramos con una filosofía que, desde el ámbito del pensar como representar, cumple el viejo sueño platónico de abarcar la totalidad. En la filosofía de Baruch de Spinoza (1632-1670), la Naturaleza será pensada como ese dominio donde se consuma la identidad entre "el orden del ser" y "el orden del conocer".

Siguiendo la especificidad de la empresa moderna, Spinoza esboza un "plan de objetos" que determina en forma anticipada el modo de ser de los entes y explicita el "rigor" con que esos objetos deberán ser explicados: la región de objetos a investigar será la naturaleza y la matemática será la vía adecuada para el conocimiento de los fenómenos naturales. La consumación de la identidad entre "el orden de las ideas" y "el orden de las cosas" se operará a través de la demostración geométrica de que Ser y Pensar son la expresión de una única sustancia: Dios.

A pesar de que Spinoza retoma la terminología heredada de la tradición escolástica, la modernidad de su pensamiento reside justamente allí donde, more geometrico, se produce la construcción de un nuevo dominio de objetos: Deus, sive Natura, y se establecen las relaciones entre la sustancia única, Dios, y sus modos de ser, las cosas.

En el Tratado de la reforma del Entendimiento (TRE), texto escrito probablemente en 1661 y publicado en la Opera postuma de 1677, Spinoza considera que el "objetivo principal" del método no consiste en "prescribir" un conjunto de reglas que conduzca al Entendimiento hacia la verdad ni tampoco en realizar una "crítica" de la facultad de conocer que nos permita establecer sus límites, sino más bien de determinar la "naturaleza" del Entendimiento para conocer la "naturaleza" de las cosas. De lo que se trata es de detectar, entre los modos de conocer, una forma‚ que se constituya en "norma" o "paradigma" de la verdad: la idea verdadera o, como dice Spinoza, la "idea de la idea".

Esta estrategia parece, en principio, circular, ya que la Verdad se determina ante la forma de la verdad: el criterio de verdad no será entonces la "evidencia", sino la "fuerza" con que la idea verdadera se presenta ante el entendimiento. Toda idea verdadera es absolutamente cierta y al mismo tiempo adecuada, en tanto expresa la esencia de las cosas. Para decidir la verdad de una representación cualquiera, será necesario hallar previamente la "norma de la idea verdadera" que nos permita conocer "el poder de comprensión" del espíritu. Sobre esa pauta, se podrá detectar la verdad de todas las ideas que se nos presentan.

Pues como la verdad no necesita de ningún signo y como para suprimir toda duda basta poseer las esencias objetivas de las cosas... las ideas, resulta que el método verdadero no es buscar el signo de la verdad después de la adquisición de las ideas, sino el camino para buscar, en el orden debido, la verdad misma, o las esencias objetivas de las cosas, o las ideas... (Spinoza, TRE, Parág. 36).
Como la "verdad" y "adecuación" de las ideas formadas ante el Entendimiento no se resuelve por su correspondencia con las "esencias objetivas" de las cosas, sino en su fuerza o poder ante el espíritu, el Entendimiento no queda definido como un "receptáculo" de ideas, sino como "potencia" o "fuerza", "fuerza innata" que se apropia de ciertos "instrumentos intelectuales" para poder "avanzar gradualmente hasta alcanzar la más alta sabiduría" (TRE, Parág. 29).

Toda idea verdadera es "algo distinto de su objeto": la idea es la "esencia formal" de la "esencia objetiva" de las cosas. Una idea ante el espíritu es, al mismo tiempo, real e inteligible. El "objeto" se manifiesta ante el espíritu como "esencia objetiva" y la verdad de la esencia objetiva es justamente la certeza o su "esencia formal".

De lo que resulta que la certeza no es sino la esencia objetiva misma, es decir, nuestro modo de percibir la esencia formal de la certeza misma. De donde resulta...que para tener la certeza de la verdad, no se necesita ningún otro signo, sino la posesión de la idea verdadera... De donde resulta claro que nadie, fuera del que posee la idea adecuada o la esencia objetiva de alguna cosa, puede saber qué es la certeza suprema, sencillamente porque la certeza y la esencia objetiva son la misma cosa... (TRE, Parág. 35).
Una idea verdadera es entonces una idea cierta‚ (clara y distinta) y adecuada‚ puesto que se refiere más al "pensar" que a "lo pensado" (remite al entendimiento y no a la cosa). Una idea verdadera se distingue más de una idea confusa o imaginada (que representa confusamente la conexión del orden causal de las cosas), que de una idea falsa (que implica el asentimiento de una idea imaginada). La forma del pensamiento verdadero debe buscarse en el entendimiento y no en las cosas.

El error consiste en confundir el orden o las conexiones entre las ideas, con el orden y la conexión de las cosas: ninguna idea verdadera podría ser "dudosa", puesto que no es posible dudar acerca de la adecuación de una idea con la norma de la idea verdadera. No se puede dudar acerca de la naturaleza de cosas que por sí mismas pertenecen al orden de las ideas. El objetivo del método será entonces formar "ideas" claras y distintas acerca del "orden de la naturaleza" tal como se presenta ante el entendimiento. Aclaremos que la cuestión de que el orden de la naturaleza sea idéntico al orden de las ideas no es un problema que se resuelva por medio de la teoría del conocimiento spinoziana, sino por una decisión metafísica fundamental que consiste en asimilar el "orden del ser" al "orden del conocer".

En el Libro II de la Etica Spinoza define a la idea como un "concepto del alma" (def. III) y a la idea adecuada como "una idea que, considerada en sí misma, sin relación al objeto, posee todas las propiedades o denominaciones intrínsecas de una idea verdadera" (def. IV). De donde resulta que "el buen método ", como dice en el será aquel que muestre "cómo hay que dirigir el espíritu según la norma de la idea verdadera dada" (Parág. 38). El método del que habla Spinoza entonces:

...consiste en comprender qué es la idea verdadera, distinguiéndola de los otros modos de conocer e investigando su naturaleza, para conocer nuestro poder de comprensión y ceñir a nuestro espíritu a comprender según esta norma todo lo que debe ser comprendido, dándole, como ayuda, reglas ciertas, y tratando de que el espíritu no se fatigue en cosas inútiles (Parág. 37).
En el Apéndice del Libro I de la Etica, Spinoza distingue entre "inteligir" e "imaginar". La imagen, indica un modo de ser afectado por las cosas, mientras que la idea remite a la intelección de la esencia de las cosas. Inteligir e imaginar son dos modos diferentes de "representarse" el mundo. Nos imaginamos algo, cuando no llegamos a comprender su : el imaginar implica cierto desconocimiento que lleva a llenar con "imaginaciones" las lagunas del Entendimiento. Inteligir es comprender el orden necesario de las cosas, la ley de su necesidad.

...todas las nociones por las cuales el vulgo suele explicar la naturaleza, son sólo modos de imaginar, y no indican la naturaleza de cosa alguna, sino sólo la contextura de la imaginación; y pues, tienen nombres como los que tendrían entidades existentes fuera de la imaginación, no las llamo entes de razón, sino de imaginación y así, todos los argumentos que contra nosotros se han obtenido de tales nociones, pueden rechazarse fácilmente...(Spinoza, Etica, Libro I, Apéndice).
Poseer una idea verdadera, es entonces, estar cierto de ella: saber algo acerca del mundo. La idea verdadera es la esencia formal de las cosas (su presencia ante el espíritu) y su esencia objetiva (la expresión de su naturaleza y sus propiedades).

Con este planteo, Spinoza lleva a cabo una renovación radical respecto de la filosofía de Descartes. En primer lugar, porque la afirmación de la verdad de una idea no depende de la semejanza entre el mundo de las representaciones interiores a la y el mundo real objetivo, La verdad de una idea se impone por su propia fuerza:

Toda idea que en nosotros es absoluta, o sea, adecuada y perfecta, es verdadera (Etica, Libro II, Escolio, prop. LXIII).
La falsedad consiste en una privación de conocimiento, implícita en las ideas inadecuadas, o sea, mutiladas y confusas (Etica, Prop. XXXV).

En segundo lugar, porque la fuerza de la idea verdadera reside en su intelegibilidad y demostrabilidad. Conocemos las cosas cuando llegamos a comprender sus causas. El pensamiento verdadero consiste en conocer "las cosas" conforme a su propio modo de ser: por sí mismas o por sus causas próximas.

La expresión de "la naturaleza" de las cosas estará dada en la definición. Una buena definición, que expresa la esencia de las cosas, permite derivar las propiedades inherentes a las cosas. La matemática, que versa sobre las esencias y propiedades de las figuras, nos proporciona así una "norma de la verdad" que nos permitirá alcanzar el verdadero conocimiento de las cosas. Definir, postular y demostrar serán las operaciones conforme a las cuales se construirá el edificio del saber. El punto de partida de la investigación no será entonces la "evidencia" de una idea, sino la definición a partir de la cual se podrá concebir el "orden" o la "concatenación causal" de las cosas: tanto del ser que es y se concibe por sí mismo (la sustancia) y del ser que es y se concibe por su causa próxima (los modos).

Con esto, Spinoza quiere indicar que la esencia de las cosas conocidas no se encuentra ni más acá ni más allá de la argumentación misma: la definición de la esencia de las cosas y la demostración de sus propiedades forman parte de la construcción/representación more geometrico del mundo.

¿Cuál es entonces el sentido del método geométrico? Su importancia no reside simplemente en que la geometría y la aritmética "poseen un objeto tan puro y simple que no es necesario hacer ninguna suposición que la experiencia haya hecho incierta, sino que ambos consisten absolutamente en una serie de consecuencias que deben deducirse por vía racional" (R. Descartes, Reglas… Regla II). Frente a la visión cartesiana de la geometría como "modelo" de la ciencia, Spinoza nos invita a escribir el texto de la naturaleza en caracteres geométricos, a través de la afirmación de un conjunto de definiciones, axiomas, proposiciones, demostraciones y corolarios. Y así como Galileo nos invitaba a leer en su libro, con Spinoza comprender la naturaleza será sinónimo de recorrer el camino geométrico del Entendimiento, "buscar en el orden debido la verdad misma" (TRE, Parág. 36 ).

Si se procede correctamente, investigando lo que debe ser investigado en primer lugar, sin ninguna interrupción del encadenamiento de las cosas, y si se sabe cómo hay que plantear los problemas antes de llegar a resolverlos, nunca tendremos sino ideas completamente ciertas, es decir, claras y distintas. Pues la duda no es otra cosa que la vacilación del espíritu acerca de alguna afirmación o negación que afirmaría o negaría si no hubiera algo cuya ignorancia hace que sea imperfecto el conocimiento de esa cosa. De donde se colige que la duda proviene de que se estudian las cosas sin orden. (TRE, Parág. 80).

El método geométrico se constituye así en el instrumento más adecuado (al Entendimiento mismo) para dar cuenta del orden y la conexión de las cosas entre sí. Spinoza delinea de este modo una nueva "imagen del mundo", la imagen de un mundo desprovisto de fines donde la Naturaleza encuentra inscripta en sí misma la ley de su necesidad.

Necesidad geométrica y conocimiento del orden natural.
En el libro I de la Etica, Spinoza efectúa la demostración geométrica que permite derivar de la naturaleza divina la Necesidad de la naturaleza. Esta necesidad es la regularidad inmanente a la Naturaleza misma, la conexión causal en el orden real de "las cosas". Ese orden real se explica a través de la relación que se establece entre Dios como "causa" y "las cosas" como sus efectos.

De la necesidad de la naturaleza divina, deben seguirse infinitas cosas de infinitos modos.
(Etica, Libro I, Prop. XVI)

Spinoza identifica a la sustancia única, Dios, con la Naturaleza misma. La sustancia es aquello que es y se concibe por sí mismo. Dios es aquello cuya esencia implica su existencia. Los atributos son aquello que el Entendimiento concibe como constitutivos de la sustancia: extensión y pensamiento. Los modos son "en otra cosa", aquello que no puede ser y concebirse sino en otro y por otro. Dios es la sustancia infinita que se manifiesta, para el Entendimiento, a través de sus atributos, en los modos. No hay que buscar a Dios "más allá" de los entes naturales, sino reconocer en los entes naturales la esencia de Dios.

Conforme a la prop. XVIII del Libro I de la Etica, Dios es la única sustancia, la "causa inmanente de todas las cosas", la causa eficiente de todo lo que es y puede concebirse, "absolutamente causa primera". Su acción consiste en expresarse en las cosas:

Todo cuanto es, es en Dios, y sin Dios, nada puede ser ni concebirse (Etica, I, prop. XV).
Dios es al mismo tiempo, "causa próxima" de las cosas que se derivan en forma inmediata de su naturaleza y "causa remota" de todos los fenómenos. Si "todo lo que es, es en Dios", entonces TODO es expresión de su infinita naturaleza. Además, nada hay en la naturaleza que no se siga de la naturaleza divina, "todo está determinado a ser y obrar de cierta manera" (Etica, I, Prop. XXIX). En este sentido, todo ocurre en Dios y por causa de Dios.

Nos encontramos en Spinoza una nueva determinación del concepto de Dios: Dios es al mismo tiempo, natura naturans y natura naturata. Dios es causa de sí mismo expresada en la totalidad infinita de sus efectos. Los atributos divinos (extensión y pensamiento) son la expresión de una única naturaleza infinita. El ser infinito de Dios, no debe ser interpretado como una simple posibilidad de ser infinito, sino como la infinitud absoluta, aquello "que perfecciona dentro de sí, en presente, una pluralidad absoluta sin más allá" (G.W. F. Hegel, Lecciones de Historia de la Filosofía) .

El Entendimiento distingue entre "el orden del ser" (el atributo extensión) y "el orden del conocer" (el atributo pensamiento), pero ambos manifiestan la esencia absoluta de Dios. Dios es en las cosas del mismo modo que las cosas son en Dios. Dios es la totalidad de las cosas. Sólo así es Ser absoluto e Infinito en acto.

Gilles Deleuze en Spinoza y el problema de la expresión (1968) aclara que la categoría central sobre la que se articula la Etica, es la categoría de expresión que significa al mismo tiempo: explicare e implicare. Ser y pensar son el despliegue del ser infinito de Dios y a la vez, están envueltos en la idea de Dios. Dios es lo expresado y lo que se expresa, el efecto y la causa. Deus, o la Naturaleza, son dos expresiones de lo Mismo: sólo así el universo infinito reconoce en sí mismo el principio de su movimiento.

La necesidad de la naturaleza es entonces la expresión de la absoluta e infinita potencia de Dios, pues todo procede, en forma inmanente de él:

Las cosas no han podido ser producidas por Dios de ninguna otra manera y en ningún otro orden que como lo han sido (Etica, I, Prop. XXXIII).Las cosas no podrían obrar de otro modo porque su acción está determinada por la necesidad de la naturaleza divina. Dios no obra por capricho ni por su propia voluntad: la Naturaleza está determinada a obrar por necesidad.

La voluntad no puede llamarse causa libre, sino sólo causa necesaria (Etica, I, Prop. XXXII)
Dios no obra en virtud de la libertad de su voluntad (Corolario I).

Todas las cosas se siguen de la necesidad de la divina naturaleza y están determinadas a existir y obrar de cierta manera: de la naturaleza divina se sigue la necesidad del orden eterno de todas las cosas. Todo está sujeto a la ley inmanente de la divina naturaleza: en el mundo no hay nada contingente porque en el mundo no hay nada distinto de Dios.

Todo cuanto existe expresa la naturaleza, o sea, la esencia de Dios de una cierta y determinada manera, esto es, todo cuanto existe expresa de cierta y determinada manera la potencia de Dios, que es causa de todas las cosas y así debe seguirse de ello algún efecto (Etica, Demostración de la Prop. XXXVI)
A través de la categoría de "expresión", Spinoza intenta pensar la identidad de la causa y el efecto: entre Dios y la naturaleza no hay una distinción real. Puesto que sólo existe una única sustancia, tal como ha sido demostrado en la Prop. XIV de la Etica, la cosa pensante y la cosa extensa sólo son atributos de la única sustancia: Dios.

Y así como en el libro I de la Etica Spinoza aclaraba la distinción ontológica entre "Dios" y "las cosas", en el libro II de la Etica, Spinoza establece una distinción gnoseológica entre el "orden del ser" y "el orden del conocer". Extensión y pensamiento son las dos "maneras" con que el Entendimiento se representa el Ser Infinito de Dios. Cuerpos e ideas expresan "de cierta y determinada manera la esencia de Dios": las cosas singulares y los pensamientos singulares, expresan la naturaleza de Dios de determinada manera (Etica, Libro II, Prop. I y II).

Así como la exigencia geométrica de "comprender la naturaleza", esto es, de conocer el orden necesario de todas las cosas, nos llevó desde "las cosas" a "Dios"; las "ideas de las cosas" nos llevarán hasta la "idea de Dios". Puesto que la esencia expresada en la definición explica la naturaleza de la cosa definida, y ella no es sino la expresión de la causa o "razón de ser" de la cosa, el orden de las cosas debe remontarse desde las "causas próximas" hasta la "causa primera", aquello que es y se concibe por sí mismo: la sustancia infinita, Dios.

Ahora bien, la idea de Dios, es la idea de un ser "absolutamente infinito", de una "sustancia que consta de infinitos atributos" y que se expresa en "infinitos modos". Dios es el principio de determinación a actuar, aquello que lleva a todo ser a producir sus efectos. La idea de Dios es la Idea de una causa remontada al infinito, de un ser que se produce a sí mismo en la serie de sus infinitas determinaciones.

Y puesto que "el conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa" (Libro II, Axioma IV), la ciencia de los fenómenos naturales consistirá en investigar el "orden necesario" de todas las cosas. Ese encadenamiento causal de las cosas, nos llevará finalmente a la idea de un ser que sea la "causa" de la necesidad.

Ninguna cosa singular, que es finita y tiene una existencia determinada, puede existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y obrar por otra causa, que es también finita y tiene una existencia determinada, y a su vez, dicha causa no puede tampoco existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y obrar por otra, que también es finita y tiene una existencia determinada y así hasta el infinito... (Etica, I, Prop. XXVIII).
El orden real necesario de todas las cosas es expresado mediante la conexión formal de las ideas. El Entendimiento se representa el orden inmanente de todas las cosas a través de las "ideas adecuadas" que manifiestan la esencia o causa próxima de todas las cosas. El orden de las ideas reproduce el orden de las cosas, ya que son una manifestación de lo Mismo: Dios.

El orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas (Etica, II, Prop. VII)
Spinoza aclara en el Corolario de esta Proposición, que la "potencia de actuar" de Dios es "idéntica" a su "potencia de pensar". Por lo tanto, lo que se sigue "objetivamente" de la "naturaleza infinita de Dios", también se sigue "formalmente". Lo que se sigue de la necesidad de la naturaleza divina, se sigue de la Idea de Dios, "en el mismo orden y con la misma conexión". El mismo orden, derivado de la infinita naturaleza de Dios, se sigue bajo el atributo de la extensión y bajo el atributo del pensamiento. El paralelismo entre ambos órdenes queda garantizado esta vez con la categoría de la "expresión":

Escolio: antes de seguir adelante, debemos traer a la memoria aquí lo que más arriba hemos mostrado, a saber, que todo cuanto puede ser percibido por el Entendimiento infinito como constitutivo de la esencia de una sustancia pertenece sólo a una única sustancia, y consiguientemente, que la sustancia pensante y la sustancia extensa son una sola y misma sustancia, aprehendida ya desde un atributo, ya desde otro. Así también, un modo de la extensión y la idea de dicho modo son una sola y misma cosa, pero expresada de dos maneras... (Etica, II, Prop. VII).
El problema de la verdad como "correspondencia" entre "las ideas" y "las cosas" no atañe al Entendimiento: la demostración geométrica de la esencia infinita de Dios que se manifiesta/expresa en sus modos garantiza la identidad entre "el orden del ser" y "el orden del conocer". El Entendimiento deberá ocuparse exclusivamente de la "adecuación" de las ideas, esto es, de su capacidad de expresar "las causas" y el orden eterno de todas las cosas. Conocer es asignarles a "las cosas" una razón suficiente. Sólo así podrá construirse la "verdadera ciencia".

Si bien Spinoza reconoce tres géneros de conocimiento (Etica, II, Prop. XL): a) la opinión o imaginación; por las cuales nos imaginamos las cosas a partir de ser "afectados" por ellas; b) la razón; por la cual tenemos ideas adecuadas acerca de las esencias y propiedades inherentes a las cosas; c) la ciencia intuitiva: por la cual conocemos la esencia de las cosas a partir de la esencia formal de los atributos de Dios; el método geométrico presente en todo el texto da muestras de la utilización del segundo género de conocimiento como "modelo" y como "medida" de la Verdad. El método geométrico deviene así "norma" y "regla" de la Verdad de las representaciones del Entendimiento. Sólo lo que es concebido "en el orden debido" es la Verdad misma. La "certeza", como representación del "orden de las ideas" es, en este caso, la garantía de la "verdad", como adecuación al "orden de las cosas".


Lic. Liliana Ponce
Prof. Titular de la cátedra de Gnoseología
Facultad de Humanidades y Artes, UNR
Rosario, ciclo lectivo 2001

2 comentarios:

virginia dijo...

gracias Liliana por tan valioso aporte!!!!

Liliana dijo...

Hola Virginia!
espero que sea de utilidad para vos y para Marina, en vistas a continuar trabajando con este sugestivo autor del siglo XVII.
saludos