1 jul. 2013

Thomas Hobbes, el geómetra del poder

por Carlos D'Onofrio
 
Instituto de Educación Superior Nro. 1
Dra. Alicia Moreau de Justo
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
 
He registrado las arbitrariedades de Wilkins, del desconocido (o apócrifo) enciclopedista chino y del Instituto Bibliográfico de Bruselas; notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo. "El mundo - escribe David Hume - es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto" (Dialogues Concerning Natural Religion, V. 1779). Cabe ir más lejos; cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgánico, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su propósito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimologías, las sinonimias, del secreto diccionario de Dios.
(Borges, 1952)
 
 Borges plantea en este párrafo de "El idioma analítico de John Wilkins" en Otras inquisiciones que “no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural“ (Borges, 2010: p.105). Y Michel Foucault, a partir de la lectura del texto mencionado, dice encontrar el límite de nuestro pensamiento. ¿Qué quiere decir Foucault con esto? ¿que en nuestra cultura moderna, las ciencias humanas son el producto de un desplazamiento de un discurso por otro, de una episteme a otra? Este cambio de episteme establece un orden en nuestra forma de pensar el mundo y clasificar las cosas. Foucault analiza en Las palabras y las cosas (1966), el desarrollo de esta episteme en tres períodos: el Renacimiento, la Época Clásica y la Modernidad, haciendo hincapié en el contraste que se produce entre las épocas Clásica y Moderna, a partir del vínculo que existe entre representación y mathesis.
 Al concepto de mathesis es necesario agregar los de taxonomía y análisis genético. Estos tres dominios definen, para Foucault, la configuración general del saber clásico, haciendo posible el conjunto de su episteme: “En cuanto se trata de ordenar las naturalezas simples, se recurre a una mathesis cuyo método universal es el álgebra. En cuanto se trata de poner en orden las naturalezas complejas (las representaciones en general, tal como se dan en la experiencia), es necesario constituir una taxonomía y, para ello, instaurar un sistema de signos. Los signos son al orden de las naturalezas compuestas lo que el álgebra es al orden de las naturalezas simples”. (Foucault, 2008: p. 88).
El orden y la comparación son el núcleo del proyecto de ordenamiento universal, que consiste en ir desde lo simple hasta lo complejo, para lograr una certeza única, indubitable. El método empujaba a una creación de signos que de alguna manera permitiera el desciframiento del orden constituido: “Un sistema arbitrario de signos debe permitir el análisis de las cosas en sus elementos más simples; debe descomponer hasta llegar al origen; pero debe demostrar también cómo son posibles las combinaciones de estos elementos y permitir la génesis ideal de la complejidad de las cosas” (Foucault, 2008).
          Foucault aclara que el hombre no designa el ordenamiento universal, sino su papel en la episteme. En el discurso del Renacimiento, el hombre tiene que desentrañar el orden establecido por Dios. El papel del hombre es descifrar detrás de los signos el significado de las cosas. El hombre no otorga sentido: lo desentraña. El hombre no es creador, sino intérprete del mundo. Antes, la naturaleza del hombre (descifrador del mundo) y la naturaleza (el mundo) tenían una relación estrecha, porque el hombre era un ser entre otros en el mundo. Lo que unía y hacía diferente al hombre del mundo era su lenguaje, y de alguna manera estrechaban su relación, ya que el mundo se encontraba descifrado detrás del lenguaje: naturaleza y naturaleza humana eran una, porque el lenguaje tendía los puentes entre uno y otro: no podían separarse.
 Para aclarar los conceptos de mathesis y taxonomía y su relación con la representación analizados por Foucault en Las Palabras y las Cosas, tomaremos como ejemplo al filósofo Moderno Thomas Hobbes (1588-1679). Foucault destaca del filósofo inglés su crítica a la manera de conocer de los pensadores antiguos y medievales basada en la semejanza, y se refiere a ésta como “lo empírico en su forma mas gastada”. (Foucault, 2008: p.84) Hobbes dirá al respecto que ya no se la puede “considerar como parte de la filosofía” (Hobbes, 1654).
         Thomas Hobbes pensó al hombre como un ciudadano, y sostuvo que dentro de un orden político, el hombre es un Dios para el hombre, no en un intento de divinizar al ser humano, sino de demostrar que en el Estado, el hombre puede alcanzar una similitud con Dios. Hobbes va a fundamentar esta idea a través de un estudio exhaustivo de la condición del hombre, desde una psicología mecanicista, que le permitirá llegar a sus motivaciones, y desde una taxonomía filosófica  que divide a la Filosofía o  conocimiento de las consecuencias (ciencia), en dos grandes grupos, la Filosofía Natural y la Política o Filosofía Civil. Hay que aclarar que Hobbes analiza al hombre desde el presupuesto de la homogeneidad de su naturaleza y de su inmutabilidad. De lo contrario, no hubiese podido llegar a conceptos generales y establecer un orden matemático en el poder político del Estado, y que registró en su obra Leviatán.
 Para Kant, la Matemática tiene el privilegio de decidir por su propia autoridad soberana. Para Hobbes, un gran admirador de la obra de Euclides y de Galileo, la matemática es el método para alcanzar la verdad. Ya está escrito en la Biblia : “¿Quién pesó en el hueco de su mano el agua del mar, o midió con una cuarta de su mano las dimensiones del cielo? ¿Quién calculó toda la tierra con un decalitro, pesó las montañas en una romana y los cerros en una balanza? (Isaías 40-12). Hobbes insta a un Estado cristiano (aunque haya sido acusado de ateo y su obra condenada por herejía) y para ello deberá seguir un ordenamiento universal partiendo desde lo simple hasta lo complejo y así lograr una certeza única e indubitable.
 Hobbes define al hombre desde los elementos simples que lo representan como tal y lo diferencian de los animales, para llegar a la complejidad de su relación con otros hombres. Al comienzo del capítulo I “De las sensaciones” del Leviatán, aclara: “Por lo que respecta a los pensamientos del hombre quiero considerarlos en primer término singularmente, y luego en su conjunto, es decir en su dependencia mutua”. De la misma manera, en el Cap I de los Elementos de Euclides, el principio de la obra es el elemento simple, el punto. Además del sistema geométrico euclidiano Hobbes aplica el método resolutivo-compositivo de Galileo para explicar su teoría política, que lo llevará a la definición de ese monstruo o Leviatán (el Estado), cuyo poder es capaz de gobernar al hombre orgulloso que bajo la presión de sus necesidades y el dominio de las pasiones sólo logra destruirse.
 Para mostrar el trabajo científico de Hobbes a través del método de Galileo (mathesis) me referiré, a modo de ejemplo al concepto del Poder, que Hobbes expone en el Cap. X de Leviatán. El filósofo inglés hace un análisis empírico del Poder que Foucault fundamenta en su teoría sobre la relación que hay entre mathesis y taxonomía, y que deviene en una Ciencia general del orden. Estos dominios (mathesis y taxonomía) junto al análisis genético, que se pregunta por el origen de los conocimientos, dice Foucault, existieron en la época clásica sólo en la medida en que el espacio fundamental del cuadro se instauró entre el cálculo de las igualdades y la génesis de las representaciones. Pero veamos cómo Hobbes clasifica al Hombre en sus identidades y diferencias (taxonomía) y cómo llega a una verdad o mathesis universal que define conceptualmente el Poder.
Observación: Hobbes observa que existe un orden desigual en la naturaleza humana, que divide a los hombres y los posiciona en relaciones de poder a partir de características individuales. Él refiere a dos tipos de poderes, uno natural que está determinado por las facultades del cuerpo, o sea, la belleza, la fuerza física, la prudencia, las aptitudes, etc.; y uno instrumental, al que corresponden aquellos poderes que se adquieren mediante los nombrados anteriormente, o por la fortuna, y son medios o instrumentos para adquirir más poder, como la riqueza, los amigos, la reputación y los secretos de Dios, o lo que los hombres llaman buena suerte. El poder crece y avanza proporcionalmente a medida que aumenta la riqueza, sumada a la liberalidad, porque la liberalidad y la riqueza juntas procuran amigos y siervos y evita las asechanzas de la envidia.
Hipótesis explicativa: El poder es el conjunto de cualidades, naturales e instrumentales o la reputación de estas, que hace a un hombre amado o temido por otros, permitiéndole un medio de tener la asistencia y el servicio de varios.
Deducción: Hobbes afirma que para que un hombre detente un determinado poder sobre otros hombres, debe poseer ciertas cualidades que marcan una diferencia con quienes se someten a su dominio. Esas cualidades, como la belleza física, en el caso de que sea una cualidad natural, provocará, dice Hobbes, el éxito y la admiración y, sumado a otras virtudes como la elocuencia por ejemplo, irradiará entre sus congéneres una reputación de sabiduría que hará que  los hombres confíen; la afabilidad de quienes han adquirido el poder a través de la riqueza (forma instrumental) aumentará su poderío y engendrará cariño; la prudencia de quienes han sido elegidos por su conocimiento y valor para determinar los actos de la guerra suman, en sus decisiones, cuando son loables, el apoyo de los demás y por lo tanto, aumentan su poder. De la nobleza, las buenas maneras, y las ciencias y las artes en grado menor, también se deduce para Hobbes que devendrán en poder.
Experimento o Verificación: Hobbes va a verificar que el uso del poder es consecuencia de la necesidad y del juicio de otro. Por lo tanto, aquellos hombres que hayan alcanzado a través de sus cualidades posiciones de poder tendrán un valor o estimación, que va a variar de acuerdo al status de quien o quienes atribuyan ese valor. La estimación pública de un hombre, por ejemplo, que es el valor conferido a él por el Estado, se denomina dignidad. También la honra o la deshonra y los títulos de nobleza son ejemplos de valoración para quienes merecen ser reconocidos por su poder.
       Así como Hobbes representa el poder y sus jerarquías, hace lo  mismo con las sensaciones, la imaginación, el lenguaje y el discurso, la religión, el Estado y cada uno de sus componentes, etc.. Todo está clasificado y explicado a lo largo de la obra de Hobbes, porque el fin del hombre que quiere llegar a una similitud con Dios es crear como él gracias al arte que sólo el hombre posee. Así  lo hace él cuando crea ese gran Leviatán que llamamos República o Estado que no es sino un hombre artificial, un hombre capaz de proteger y defender a quienes lo han creado y lo sostienen, mediante un alma artificial que Hobbes denomina soberanía y que le dará cuerpo y vida al verdadero soberano. Esta es la propuesta científica de la Filosofía Política del pensador Moderno, que será cuestionado y juzgado por el Status Quo de su generación. Estamos hablando del Siglo XVII.
La realidad social y cultural de la primera mitad del Siglo XVII estaba marcada por la violencia. La muerte violenta es el final anunciado de las diferencias entre los hombres y esto preocupa al filósofo de Malmesbury, que desde su nacimiento creció en un ambiente virulento. Hobbes escribe tamaña obra como un gran tratado de convivencia entre los hombres y defenderá su trabajo hasta el final de su vida. El Leviatán fue la tercera obra de Hobbes escrita primero en inglés y luego traducida al latín, y está considerada como una de las obras filosófico-políticas más importantes del pensamiento occidental.
Para terminar, y volviendo al principio de este trabajo,  podemos deducir que el método matemático y la taxonomía proponen un orden universal. Hobbes establece como norma la afirmación de Descartes en Regla IV de que debe haber una “ciencia general que pueda explicar todo lo que es posible explicar concerniente al orden y a la medida, sin que se asigne a ninguna materia particular”. Ese método es la Mathesis universalis y Foucault agrega a este método una Taxinomia universalis que permita clasificar, distribuir y ordenar los dominios de la naturaleza y de la sociedad (como lo hace Hobbes en el Leviatán ). En esa misma distribución y en ese mismo orden está el límite de nuestro pensamiento, en palabras de Foucault: “El límite del saber será la transparencia perfecta de las representaciones a los signos que las ordenan”. (Foucault, 2008: p.93).
 
Bibliografía citada:
  •  Borges, J.L. (2010) Obras Completas 4, 1975-1988, Buenos Aires, Ed. Emece.
  • Foucault, M. (1966) Las Palabras y las Cosas. Una arqueología de los ciencias humanas. Buenos Aires, Siglo XXI, 2008.
  • Hobbes, Th. (1980) Leviatán. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011.
  • Strauss, L. (2006) La Filosofía Política de Hobbes. Su fundamento y su génesis. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011.
 
 

 

2 comentarios:

Emilse dijo...

Me resultó llamativo como en este trabajo, Carlos, no olvida la importancia del papel del hombre en el campo de la adquisición de conocimiento en la época clásica. El papel del hombre en esta época cobra un lugar importante, y desde la perspectiva de Hobbes eso queda marcado. Desde el principio ya decide afirmar que el Estado es un hombre artificial.

Discurso Analítico dijo...

He estado leyendo cosas sobre la mathesis universalis y me sorprendió las consecuencias que se plantean en el campo del psicoanálisis. Muy interesante el tema. les dejo un link por donde me acerqué al tema.

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