8 jul. 2013

Las categorías foucaultianas presentes en las Reglas de Descartes


IES Nro. 1 “Alicia Moreau de Justo”
Profesorado en Filosofía
Materia: Historia de la Filosofía Moderna
Profesora: Liliana Ponce
Alumna: I. Sonia Condori


Las categorías foucaultianas presentes en las Reglas de Descartes


Introducción


En el presente trabajo, seleccionaremos dos categorías conceptuales utilizadas por Michel Foucault para dar cuenta de la episteme clásica (1) e indicaremos, valiéndonos del texto de Descartes (Reglas para la dirección del espíritu, 1996) cómo estas categorías se encuentran presentes en las Reglas cartesianas. 


Para esto, en principio, desarrollaremos las categorías (mathesis y orden) que hemos seleccionado de Foucault (Las Palabras y las Cosas, 1966) y luego expondremos la presencia de éstas en las Reglas para la Dirección del Espíritu de Descartes.


Las categorías (mathesis y orden) de Foucault

La primera categoría foucaultiana que desarrollaremos será la mathesis. Con respecto a ella, Michel Foucault (Las palabras y las cosas, 1966) nos dice que para la episteme clásica, lo fundamental es la relación con la mathesis que permanece constante e inalterada hasta finales del siglo XVIII. 




Según el autor, ésta relación se caracteriza esencialmente porque las relaciones entre los seres se piensan bajo la forma del orden y la medida. Aunque existe un desequilibrio fundamental que consiste en que siempre pueden remitirse los problemas de la medida a los del orden. Así, la relación de toda mathesis con el conocimiento se da como posibilidad de establecer entre las cosas, incluso las no mensurables, una sucesión ordenada.     


De esta forma, el análisis alcanzará pronto, según Foucault, el valor de método universal. Aquí, el autor señala que podemos observar cómo el proyecto leibniziano que buscaba establecer una matemática de los órdenes cualitativos, está presente en el corazón mismo del pensamiento clásico. Todo este pensamiento gravita en torno a ella. 


El autor aclara que esta relación con la mathesis, en cuanto ciencia general del orden, no significa que el saber se absorba en la matemática, tampoco que todo conocimiento posible se funda en ella; sino que en correlación con la búsqueda de una mathesis, se ve aparecer un cierto número de dominios empíricos que antes no se habían formado ni definido. En ninguno de ellos podremos encontrar rasgos de una matematización aunque todos han sido construidos sobre el fondo de una posible ciencia del orden. 


Con respecto a la aplicación de la mathesis, el autor (Foucault, 1966: 78) especifica que cuando queremos ordenar las naturalezas simples recurrimos a una mathesis cuyo método universal es el álgebra. Es distinto cuando queremos ordenar  las naturalezas complejas que son, en general, las representaciones tal como se nos dan a la experiencia, para esto necesitamos constituir una taxinomia, para lo cual necesitamos instaurar un sistema de signos. De este modo, los signos son con respecto al orden de las naturalezas compuestas lo que el álgebra es con respecto al orden de  las naturalezas simples.


Foucault (1966:78) define al  álgebra como un método  para  proporcionar signos a  las  naturalezas  simples y para operar sobre estos signos. Más adelante, y en comparación con la taxinomia,  dice (Foucault, 1966: 202) que lo que el álgebra es con respecto a  la mathesis,  lo son los  signos y, en particular,  las  palabras  con  respecto  a  la  taxinomia: constitución y manifestación evidente del orden de las cosas. Así, presenta al álgebra como el método universal de la mathesis para ordenar naturalezas simples. Ella proporciona signos a  las  naturalezas  simples, para que podamos operar sobre estas.                                                                                 


Con respecto al concepto de “taxinomia” Foucault (1966:80) afirma que los siglos xvii y xviii, tienen como centro del saber al cuadro. Incluso los grandes debates que han  ocupado  la  opinión,  se  alojan  en  forma muy  natural  en  los pliegues de esta organización. El autor afirma que la  taxinomia trata (a su vez) tanto de las  identidades como de  las  diferencias, es la  ciencia  de las articulaciones y de  las clases; es el saber acerca de los seres. La taxinomia establece el cuadro de  las diferencias visibles y trata los signos en su simultaneidad espacial, como una  sintaxis.


En relación con la mathesis, la  taxinomia no se opone a esta, se aloja en ella y se distingue de ella porque es también una ciencia del orden como mathesis cualitativa. Funciona como una ontología frente a una apofántica[2], es decir que se refiere a lo que son o no son las cosas, de acuerdo a las características que se presentan ante nuestros ojos.


La otra categoría foucaultiana que tomaremos, para desarrollar, será la del orden. Porque como afirma Foucault (1966:64), la  relación  con  el orden, en la época clásica, es  tan  esencial como lo fue para el Renacimiento la relación con  la  interpretación.


Según Foucault (1966:57) en el comienzo del siglo xvii, período llamado barroco, el pensamiento deja de moverse dentro del elemento de  la semejanza. Esta dejará de ser la  forma del saber para pasar a ser la ocasión de  error, un peligro. Así lo enuncia Foucault (1966:59) en la siguiente cita:


“(…) pensamiento clásico que excluye la semejanza como experiencia  fundamental y  forma primera del  saber, denunciando en ella una mixtura confusa que es necesario analizar en  términos de  identidad y de  diferencias,  de medida  y  de  orden.”  (Foucault, 1966: 59)


El autor afirma (Foucault, 1966:61) que la semejanza, una categoría que había sido fundamental del saber, incluso forma y  contenido  del  conocimiento, se  verá  disociado  en  un  análisis  hecho en términos de  identidad y de diferencia. También ya sea indirectamente por  intermedio  de  la  medida  o  directamente  y  al  mismo  nivel,  la comparación  se  remite  al  orden. Aquí el  papel  de  la  comparación dejará de ser el de revelar  el ordenamiento del mundo pues esta comparación pasará a hacerse de acuerdo con el orden del pensamiento y yendo naturalmente de lo  simple  a  lo  complejo.


Foucault (1966:59) dice también que existen dos formas de comparación: la  comparación de la  medida  y  la  del  orden. Más adelante nos dirá (Foucault, 1966:60) de estos dos  tipos (de la medida y del orden): que uno  analiza  en  unidades a fin de establecer relaciones de igualdad y desigualdad y el otro establece  elementos, los más simples que puedan  encontrarse, y  dispone  las  diferencias  según  los  grados más  débiles  posibles.


Con respecto al orden, el autor (Foucault, 1966:60) dice que se establece  sin  referencia a  una unidad exterior pues sólo se consideran los términos que se están analizando. La única forma que tenemos de conocer el orden de las cosas aisladas es si descubrimos intuitivamente las más simples, luego descubriremos la que está más cerca a esta y así para llegar necesariamente hasta las cosas más complejas. Por esto nos dice que la comparación por orden es un acto simple que permite pasar de un término a otro. En  tanto que  la  comparación por medida exigirá de antemano una división, y después la aplicación de una unidad común, aquí comparar y ordenar no son sino una y la  misma  cosa.




Las categorías presentes en Reglas para la Dirección del Espíritu


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ara Descartes (Reglas para la Dirección del Espíritu, 1996:78), nosotros los mortales, estamos poseídos por una curiosidad ciega que hace que conduzcamos nuestros espíritus por vías desconocidas. Nos dice que esto nos hace salir a tantear a ciegas para ver si, por casualidad, encontramos aquello que estamos buscando. 




Podemos observar en la siguiente cita la importancia que le da el autor al uso del método para buscar la verdad de manera ordenada. Descartes nos dice:

“(…) es mucho más acertado no pensar jamás buscar la verdad de las cosas que hacerlo sin método: pues es segurísimo que esos estudios desordenados y esas meditaciones oscuras turban la luz natural y ciegan el espíritu; (…)” (Descartes, 1996:79) .


Más adelante define al método como un conjunto de reglas ciertas y fáciles, mediante las cuales no podremos, si las observamos exactamente, tomar nunca algo falso por verdadero y no emplear inútilmente ningún esfuerzo mental, sino aumentar gradualmente nuestra ciencia y llegar al conocimiento verdadero de todo aquello que somos capaces de conocer.


Aquí podemos observar la categoría del orden presente en el uso del método que ordena nuestro pensamiento pues nos propone seguir reglas ciertas y fáciles que nos llevaran a aumentar nuestra ciencia.


Para Descartes (1996:92) el inicio de los estudios no se hace sobre la investigación de cosas difíciles. Al contrario conviene recoger, sin elección, verdades evidentes y luego ver si otras pueden deducirse de éstas y así deducirse otras de estas últimas. Así podemos observar la categoría del orden que va de lo simple a lo complejo, partiendo de lo claro y distinto, las naturalezas simples.


Descartes (1996:123) llama simples sólo aquellas cuyo conocimiento es claro y distinto y no pueden  ser divididas por la mente en varias que sean conocidas más distintamente. Estas son la figura, la extensión, el movimiento.


Con respecto a la figura,  Descartes (1996:118) dice que el concepto de figura es tan común y simple que está implicado en todo lo sensible. La figura se toca y se ve. Nada falso se sigue de esta suposición. Pues como nos dirá más adelante (1996:123) un cuerpo con extensión y figura es, en cuanto a su realidad, uno y simple. Pues no es compuesto, en ese sentido, refiriéndose aquí a naturaleza corporal, extensión y figura.


En referencia a la categoría de mathesis, Descartes (1996:70) dirá que de las disciplinas conocidas sólo la aritmética y la geometría están libres de todo defecto de falsedad e incertidumbre. Más adelante afirmará (Descartes, 1996:71) que sólo la aritmética y la geometría son las más ciertas de las disciplinas porque sólo ellas se ocupan de un objeto puro y simple. No suponen nada que la experiencia haya mostrado incierto sino que se sostienen en una serie de consecuencias deducibles por razonamiento.


Con ellas, según el autor (Descartes, 1996:72), a no ser por inadvertencias, parece difícil equivocarse y sólo ellas se ocupan del objeto tal que requerimos. De todos modos, aclara que esto no significa que se deba aprender sólo aritmética y geometría sino que los que busquen el recto camino de la verdad no deben ocuparse de un objeto que no puedan tener una certeza igual a la de las demostraciones aritméticas y geométricas. Aquí vemos presente la mathesis pues Descartes intenta convencernos que podemos establecer entre las cosas, incluso las no mensurables, una sucesión ordenada. Planteando que puede establecerse una relación de orden y medida entre los seres que nos llevará a la verdad. Desde luego que esto es si aplicamos el método en forma correcta.


A lo largo del trabajo hemos desarrollado dos categorías foucaultianas (mathesis y orden) y hemos expuesto la presencia de las mismas en uno de los escritos de Descartes. De esta forma, intentamos explicitar cómo estas categorías están presentes en las Reglas..Así,  pudimos observar a la categoría mathesis que establece relaciones entre los seres bajo la forma del orden y la medida. Luego tratamos de explicitar su presencia en las afirmaciones que realiza Descartes cuando dice que sólo la aritmética y la geometría son las más ciertas de las disciplinas ya que considera que sólo ellas se ocupan de un objeto puro y simple. Estas se abstienen de suponer nada que la experiencia haya mostrado incierto, al contrario, se sostienen en una serie de consecuencias deducibles por razonamiento. Recomienda que no nos ocupemos de un objeto que no podamos tener una certeza igual a la de las demostraciones aritméticas y geométricas. Así, el autor sostiene que podemos establecer entre las cosas, incluso las no mensurables, una sucesión ordenada, es decir establecer, entre las cosas, una relación de orden y medida.


También hemos desarrollado la categoría foucaultiana de orden, que se establece  sin  referencia a  una unidad exterior pues sólo considera los términos que está analizando. De esta manera sólo podemos acceder al orden de estos términos aislados, si descubrimos intuitivamente las más simples y luego a partir de estas las cosas más complejas. Después de desarrollar esta categoría pudimos explicitar su presencia en las reglas cartesianas. Pues acerca de esto Descartes señala que no trabajará sobre la investigación de cosas difíciles. Al contrario, recomienda recoger, en principio, verdades evidentes y luego observar si otras pueden deducirse de éstas y así deducirse otras de estas últimas.



I. Sonia Condori
Profesora en Psicología y Estudiante
del Profesorado de Filosofía


Bibliografía


  • Foucault, M. (1966) Las Palabras y las Cosas. Una Arqueología de las Ciencias Humanas, Buenos Aires, Siglo XXI, 1968.
  • Descartes, R. (1996) Reglas para la Dirección del Espíritu, Madrid, Ed. Alianza.

Notas: 
 (1) Utilizaremos la denominación "episteme clásica" que usa Michel Foucault en Las palabras y las cosas (1966). El autor caracteriza el sistema general del pensamiento de los siglos XVII y XVIII en términos de "episteme clásica".


(2) Término utilizado por Aristóteles para referirse a las expresiones lingüísticas que pueden ser verdaderas o falsas.

1 comentario:

Emilse dijo...

Al leer el trabajo de Sonia me pareció importante su relación con el proyecto leibniziano de establecer una matemática de los órdenes cualitativos y como esta tendencia se encuentra presente en el pensamiento clásico. Esta cuestión que durante las clases nos resulto de interés al leer a los autores modernos.