22 jun. 2013

Francis Bacon: la crítica a la semejanza y la noción de orden manifiesta en su Nueva Lógica


I.E.S.n° 1 Alicia Moreau de Justo
Profesorado en Filosofía
Historia de la Filosofía Moderna- 2013
Laureana Campolonghi

"La época de lo semejante está en vías de cerrarse sobre sí misma. No deja, detrás de sí, juegos. Juegos cuyos poderes de encantamiento surgen de este nuevo parentesco entre la semejanza y la ilusión; por todos lados dibujan las quimeras de la similitud […]" (Foucault, 1966: 58)


El presente trabajo se propone abordar la episteme clásica caracterizada por Foucault en Las Palabras y las Cosas (1966) tomando como puntos nodales el modo de representación epocal y la noción imbricada de orden. Por otro lado, se articularán tales conceptos con la crítica hacia la semejanza vertida por Francis Bacon en su obra, el Novum Organum (1620) y el análisis de la necesidad de una nueva lógica en pos a aprehender e interpretar a la Naturaleza.
Foucault (1966: 57) sostiene que, desde principios de siglo XVII, se ha producido un discontinuum en el acto de virar hacia el exterior del signo en búsqueda de darle sentido a lo representado, ya que no sólo los elementos surgidos de las operaciones de semejanza sucumben indefectiblemente en error, sino que instalan al entendimiento humano en lugares confusos, oscuros, sujeto al engaño de los sentidos. Foucault también manifiesta que aquel modo de saber anterior ha dejado "un recuerdo deformado de un conocimiento mezclado y sin reglas en las que todas las cosas del mundo podrían acercarse por el azar de las experiencias, tradiciones o credulidades" (Foucault, 1966:58). Consecuentemente, lo semejante como categoría fundamental del saber, en tanto forma y contenido a la vez, se verá sustituido por un análisis de identidades y diferencias en el umbral de la época clásica, marcando así una ruptura inevitable en cuanto al modo de representación binario e instaurando una reflexión sobre la significación que se define en el interior de la forma de la representación misma.
En el Novum Organum (1620), Bacon critica tenazmente el modo de representación por semejanza, ya que lo semejante establece un vínculo de parentesco con la mera ilusión, la ficción, el ídolo, en terminología baconiana. Aquellos a los que Bacon denomina los ídolos deben mantenerse alejados del espíritu humano debido a que lo turban. Bacon expresa "los ídolos y las nociones falsas han invadido a la inteligencia humana, echando hondas raíces, ocupan a la inteligencia de tal suerte, que la verdad sólo se puede encontrar a ella difícil acceso […] (Bacon, 1620, I:38). La conceptualización de los ídolos alude precisamente a los errores y principios que ellos originan en la Inteligencia, subyugando un automático asentimiento y, por ende, obstaculizando los procedimientos racionales que debe emplear el espíritu humano para lograr interpretar la Naturaleza tal como sutilmente se manifiesta. Asimismo, Bacon nos advierte de la peligrosidad de las cuatro especies de ídolos fácilmente asequibles a nuestro entendimiento y propone disiparlos a través de la formación de nociones y principios mediante una inducción legítima.
Retomando la noción de ídolos, Bacon procede a clasificarlos en cuatro: los ídolos de la tribu, de la caverna, del teatro y del foro. En lo que concierne a los ídolos de la tribu, estos hacen referencia a las ficciones espontáneas del espíritu humano. Bacon puntualmente los caracteriza como aquellos que son inherentes al género humano, es decir, comunes a la especie y agrega que, tanto el material extraído por medio de nuestros sentidos como de las operaciones que realiza el intelecto no regladas no es análogo al provisto por la Naturaleza. "El entendimiento humano es con respecto a las cosas, como un espejo infiel, que recibiendo sus rayos, mezcla su propia naturaleza a la de ellos, y de esta manera los desvía y los corrompe" (Íbid, I:41) Los ídolos de la caverna se corresponden a las ilusiones particulares de cada individuo: "Todo hombre […] lleva en sí cierta caverna en que la luz de la naturaleza se quiebra y es corrompida […]" (Íbid, I:42), no obstante, la causa puede ser netamente individual o debida a la educación recibida. En este punto, coinciden con los ídolos del teatro, ya que la manera de percibir las cosas se ve ceñida por los sistemas filosóficos, principios, axiomas, etc. que prevalecen por tradición, o legado cultural. La última clase corresponde a los ídolos del foro, indicados como los más peligrosos de todos, debido a que llegan al espíritu por su alianza con el lenguaje. "El sentido de las palabras es determinado según el alcance de la inteligencia vulgar, y el lenguaje corta la naturaleza por las líneas que dicha inteligencia aprecia con mayor facilidad." (Íbid, I:59). Bacon sostiene que cuando un espíritu atento quiere transportar dichas líneas para armonizarlas con la realidad, el lenguaje obstaculiza rotundamente la clarificación porque dispone de definiciones, que al ser también constituidas por palabras, no logran solucionar la inaplicabilidad de utilización de una misma palabra para designar a una cosa distinta.
Como he mencionado con antelación, el espíritu humano, ya sea por sus características intrínsecas de ver mayor semejanza en las cosas de la Naturaleza, que está llena de excepciones y diferencias, o bien, por la influencia que ejercen los sentidos o los ídolos, requiere, así como lo expresa Bacon, de un auxilio que permita reencauzar al entendimiento por el sendero del conocimiento verdadero. De aquí deviene la noción de orden, de un ordenamiento del pensamiento yendo naturalmente de lo simple a lo complejo. "Es necesario recurrir a los hechos, a sus series y a sus órdenes, como diremos una vez que hayamos llegado al método y los principios según los cuales deben fundarse las nociones y las leyes generales." (Íbid,I:59)

En lo concerniente a esto, Bacon sugiere una nueva lógica para interpretar a la Naturaleza correctamente y propiciar el desarrollo metódico e investigativo que posibilite a las ciencias avanzar en conocimiento y, por ende, lograr el progreso de la industria. En su obra, Bacon explicita que los métodos anteriormente utilizados fueron pueriles para tales propósitos, criticando arduamente el Órganon aristotélico (Bacon, 1620: Parágrafos 14, 54, 63, 96, 104 del libro I). De hecho, manifiesta la necesidad de investigar recogiendo el mayor número de experiencias de distinto género empleando un método por el cual se siga un orden, un encadenamiento y gradación de dichas experiencias. "[…] Cuando la experimentación siga reglas ciertas y avance gradualmente en un orden metódico, entonces se podrá esperar mayor resultado en las ciencias."(Bacon, 1620: I:100)
En su segundo libro*, Bacon establece dos preceptos fundamentales para interpretar a la Naturaleza:
1° Guiar a deducir y "a hacer salir" de la experiencia las leyes generales;
2° Derivar nuevas experiencias de tales leyes.
"Conviene ante todo formar una historia natural y experimental suficiente y exacta […].La historia natural y experimental es tan vasta que confundiría y esterilizaría a la inteligencia si no se le estableciere y distribuyere en un orden conveniente. Es preciso […] formar tablas y encadenamiento de hechos, distribuidos de tal manera y con tal orden, que la inteligencia pueda operar sobre ellos."(Bacon, 1620: II:10). Asimismo, Bacon considera que es preciso regular al espíritu para que éste descubra las leyes generales empleando una inducción legítima y verdadera, a la cual denomina la clave de la interpretación. Se provee una guía absolutamente detallada en lo que respecta a la confección de las tablas que se utilizarán para hacer comparecer los hechos observados ante la Inteligencia en distintos estadios.
Recapitulando, el método experimental inductivo propuesto por Bacon se halla en consonancia con el modo de representación clásico en tanto excluye toda noción preconcebida del mundo e instaura la realización de generalizaciones cautelosas mediante observaciones controladas y ordenadas. Asimismo, el hombre de ciencia debe ser escéptico, no aceptar experiencias como válidas que no puedan ser probadas por medio del análisis de la observación y de la experiencia sensible. Foucault (1966: 69) manifiesta que para la época clásica la puesta en orden por medio de los signos constituye todos los saberes empíricos como saberes de la identidad y de la diferencia:

"El mundo a la vez indefinido y cerrado, pleno y tautológico de la semejanza se encuentra disociado y como abierto en su medio; en un extremo se encontrarán los signos convertidos en instrumento de análisis, en marcas de la identidad y de la diferencia, en principios en la puesta en orden, en claves de taxinomia; y en el otro, la semejanza empírica y murmurante de las cosas, esta sorda similitud que proporciona, por debajo del pensamiento, la materia infinita de las particiones y las distribuciones"(Foucault, 1966:69)


Se vislumbra en la guía de las operaciones intelectivas utilizando las tablas comparativas baconianas, lo que Foucault considera como la actividad del espíritu de discernir, es decir, comparar en primera instancia para buscar la diferencia en pos a identificar los elementos simples que constituyen el entramado epistémico.

A modo de conclusión, Bacon promueve el progreso del conocimiento científico aplicando el método inductivo el cual denominó Interpretación de la Naturaleza dejando de lado aquellos métodos anteriores que han perjudicado o meramente turbado al espíritu humano. Es por esto que invita a eliminar las falsas nociones o los ídolos que obstaculizan el desarrollo del conocimiento, así como a auxiliar a la Inteligencia para rectificar los errores producidos por las impresiones engañosas de los sentidos, o bien, las deducciones derivadas de las experiencias sensibles no comprobadas. El método baconiano revela una ruptura, un cambio inmanente característico de la época clásica en tanto criterios de representatividad, de conceptibilidad. El saber deja de ceñirse de la semejanza, ya que conlleva a un análisis de identidades y diferencias siguiendo un orden.

 
Bibliografía consultada:
Bacon, F. (2003) Novum Organum. Buenos Aires. Ed.Losada
Foucault, M. (1966) Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Buenos Aires, Siglo XXI, 1968.

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Notas:
* Cabe destacar que Bacon organiza su obra, cuyo subtítulo es: Aforismos sobre la Interpretación de la Naturaleza , en dos libros, en el primero se propone destruir todas las viejas nociones y sentencias falsas que han perturbado el entendimiento humano; mientras que en el segundo  despliega toda su lógica.

1 comentario:

Emilse dijo...

Del trabajo de Laureana me despertó interés para reflexionar el tema de la noción del mundo y la posición del hombre de ciencia, en su relación con el análisis de la observación y de la experiencia sensible.