1 dic. 2012

“Ensayo sobre la concepción del conocimiento de Comte a Habermas”


No es obligatorio
Pensar en nada no es obligatorio


 

 

 

 

 

Ensayo sobre la concepción del conocimiento de Comte a Habermas

por Patricia Cabral
Instituto de Educación Superior Nro. 1
Dra. Alicia Moreau de Justo
Ciudad Autónoma de Buenos Aires


      El pensamiento de los siglos XVII y XVIII representa un esfuerzo de la Razón para encadenar el conocimiento humano al conocimiento científico, tal es el caso de Immanuel Kant que en 1781 publica la “Critica de la Razón Pura” para distinguir el conocimiento verdadero, garantizado por la ciencia, del conocimiento metafísico. La metafísica deja de ser una forma fiable de conocer el mundo porque no es suficiente para explicar las causas de los fenómenos de la naturaleza. El alma, el mundo y Dios no son terreno seguro para el progreso de la ciencia humana.
      En el año 1844, Augusto Comte publica “Discurso sobre el espíritu positivo” y da un paso adelante, ya que fusiona el conocimiento científico con el conocimiento positivo. El conocimiento positivo representa el desarrollo de la ciencia en la historia del hombre, que  ya se encontraba en germen en la historia. A diferencia de Kant, Comte piensa que el único conocimiento verdadero es el científico, mientras que para Kant el conocimiento científico es sólo una de las formas que tiene el hombre de conocer. Comte reúne la historia del hombre y la ciencia para mostrar el progreso de la raza humana.
      El hombre conoció el mundo a través de tres estadios: el primero fue provisional: Teológico o ficticio. En este estadio el hombre explicaba el mundo a través de causas sobrenaturales y de conocimientos absolutos, como el politeísmo.
      El segundo fue el transitorio: Metafísico o abstracto; en el que el hombre conocía el mundo a través de la imaginación, la especulación exagerada y la tendencia a argumentar y criticar sobre entidades abstractas como la Naturaleza o la Política. En este estadio, preponderaba el amor del hombre por la sabiduría y la verdad.
      El tercero fue el régimen definitivo: Positivo o real; en el que el hombre adquiere un conocimiento verdadero a través de la observación y de la aplicación de leyes en base a necesidades reales. El conocimiento es aquel que conecta al hombre con el mundo, por lo tanto, debe ser normal, sano y feliz, es decir, no debe ser absoluto y eterno, sino que debe estar sujeto a la relatividad de las nuevas situaciones que se le presenten al hombre. El progreso se efectúa por el conocimiento relativo del mundo. Lo único que no se altera es el carácter de la ley, ya que las leyes naturales son invariables. La búsqueda de causas es reemplazada por la evolución de las leyes. La evolución será posible sólo a través de la  observación, y lo real pasará a ser lo observable.
      El hombre conoce para prever, o sea, para manipular y adaptar el mundo a su conveniencia. No hay amor por el saber sino perfeccionamiento de las leyes, en función del individuo y luego de la sociedad.
      La filosofía no está exenta al avance del espíritu positivo, también es afectada por la evolución y la sistematización que ofrecen las leyes, transformándose en filosofía positiva. Lo positivo tiene diversos significados: Real, en oposición a lo quimérico y a los impenetrables misterios; útil, entiéndase como el mejoramiento continuo de la vida, en oposición a una curiosidad estéril; certeza, en oposición a la indecisión, duda o interrogante; preciso, opuesto a lo vago; positivo, contrario de lo negativo que destruye, critica y disuelve; relativo, en lugar de lo absoluto.
 
      Nietzsche en el año 1873 escribe “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, para dar cuenta que el conocimiento fue una herramienta creada para la supervivencia del hombre. El hombre a través del conocimiento engaña a otros por su naturaleza débil. Los hombres, para evitar la guerra de todos contra todos, se organizaron en paz gracias a la ilusión y seguridad que genera el conocimiento.
       El conocimiento está compuesto por: palabras; que son las copias de los sonidos de estímulos nerviosos provenientes del mundo exterior. Ellas mismas son metáforas de cosas y fueron puestas arbitrariamente, la prueba está en la existencia de diversos idiomas.
      La metáfora es aquello que está en lugar de otra cosa, en este sentido la palabra, la imagen y el sonido son esferas totalmente diferentes que nos hacen creer que la palabra “árbol” designa algo natural, algo en sí mismo, cuando se trata de un artificio para generar la ilusión del conocimiento y así poder engañar a los demás.
      El concepto representa  la  igualación de lo no igual, es decir, el concepto deja de lado lo particular  y real quedando un universal abstracto. En este sentido, el conocimiento científico es un cementerio de conceptos desvinculados de la experiencia que necesariamente hay que mantener para la seguridad de los hombres.
      El conocimiento acontece gracias al olvido, no hay conocimiento verdadero porque no se pueden conocer las cosas tal como son, lo que podemos conocer son las metáforas que por el uso, refuerzo y transmisión se fueron transformando en conceptos dogmáticos para la sociedad.
 
      En el año 1936, Edmund Husserl escribe “Crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental” como un intento de resguardar la Razón, como aquella que le da sentido al mundo empírico, y la filosofía en detrimento del avance del positivismo. La forma del positivismo de su época era la psicología conductista, el naturalismo u objetivismo. El autor recupera postulados del racionalismo, de Descartes y de Kant, para fundar la fenomenología, entendida como la ciencia que plantea interrogantes en el mundo de la experiencia, no considerando al mundo como meros hechos objetivos. La idea es superar la actitud dogmática del positivismo. Para la fenomenología, la conciencia es intencional, es decir, no es neutral y no es diferente del mundo, la conciencia está unida al mundo por la intencionalidad.
      En cuanto al conocimiento, Husserl, va a distinguir dos ámbitos: el conocimiento científico y el mundo de la vida. La hipótesis del autor es que el olvido del mundo de la vida es un síntoma de la crisis del modelo de ciencia europea porque se pierde el sentido, la motivación y función que originaron el conocimiento en función del hombre. Por lo tanto, el sujeto de conocimiento pierde el sentido, por ende el objeto de conocimiento, también. El conocimiento científico en sí, no puede decir nada, por ejemplo, sobre la libertad, ya que ha hecho abstracción de todo lo subjetivo.
      La filosofía devenida en fenomenología se ocuparía de preguntarse por el sentido de la vida, de la ciencia, de la ética, y en definitiva, lo que se considere asunto de la metafísica que fue decapitada por el positivismo por considerarse mística e irracional. La crisis de la filosofía significa la crisis de todas las ciencias modernas, que se desprendieron de ella, dando como resultado una crisis de la cultura europea. Por esta razón, Husserl plantea una vuelta hacia la historia de la humanidad a fin de esclarecer el sentido de la existencia.
 
       Jürgen Habermas en 1968 escribió el trabajo “Ciencia y técnica como ideología” retomando el concepto de racionalidad técnica de Max Weber y Herbert Marcuse. Cabe aclarar que tanto Marcuse como Habermas pertenecieron a la Escuela de Frankfurt que, en líneas generales, se ocupó de estudiar el pensamiento crítico, siguiendo a Marx.
       Marcuse denuncia el estatus de la ciencia como aquel conocimiento neutral, que se presenta como alejada de las cuestiones éticas y políticas, y que en definitiva oculta la dominación del hombre. También señala que el hombre se encuentra bajo el dominio de la Razón técnica que avanza a todos los ámbitos de la sociedad, a fin de lograr que el hombre sea funcional al aparato productivo.
      Habermas afirma que la sociedad tradicional estaba organizada en el poder central del Estado, la división de clases, la división del trabajo, y permanecía bajo la tutela de una cosmovisión (mito, religión, etc.) que cumplía la función de legitimar la realidad y justificar el dominio. Este fundamento era incuestionado y no se corresponde a lo que Habermas llama Interacción, ya que, proporcionaban una repuesta a los problemas del hombre: justicia, libertad, poder, opresión, miseria, felicidad, etc.
      El sistema capitalista ofrece una legitimación del dominio que no depende de la Interacción, sino del Trabajo. El dominio se encuentra en el ámbito del intercambio de bienes, y se halla directamente en el mercado, por fuera del dominio político. Las legitimaciones que sostenían la sociedad tradicional se desmoronan y en su lugar devienen nuevas legitimaciones que nacen de la crítica. Esta crítica a las cosmovisiones tradicionales también asume un carácter científico, por eso el autor afirma que tienen un carácter legitimatorio. Las ideologías surgen en simultaneidad a la crítica ideológica. No hay ideologías pre-burguesas.
      A partir de fines del siglo XIX la ciencia, la técnica y el capital se unen y aumentan su dependencia. En los países donde el capitalismo está más avanzado, el Estado se volvió intervencionista a  fin de asegurar el mantenimiento del sistema, y dependiente del desarrollo de la técnica y la ciencia. En este sentido, el Estado y la política sirven para compensar las disfuncionalidades del sistema liberal para evitar que peligre el sistema económico. Esto significa que la política no se orienta a la realización de fines prácticos sino a la resolución de problemas técnicos. La nueva política de intervencionismo estatal exige una despolitización de la masa de la población. Este sistema se denomina Tecnocracia.
      Habermas señala el divorcio y la precariedad del vínculo entre la sociedad y el Estado. Se modifica lo que dijo Marx sobre la relación entre la base y la superestructura. Bajo estas nuevas condiciones, el Estado está posicionado en la base, el progreso técnico y científico son la nueva fuente de plusvalía, y no la fuerza de trabajo de los productores inmediatos, la voluntad y la conciencia se separan, y la conciencia queda librada a la voluntad. La idea es borrar la conciencia y volver al estadio del mecanicismo hombre-máquina dirigido por estímulos externos y no por normas intersubjetivas incorporadas en el contexto de Interacción. Cambió el concepto de lucha de clases, organizada en términos políticos, aparecieron grupos subprivilegiados que no pertenecen a ninguna clase, ya que no son trabajadores explotados y,  por lo tanto, carecen de conciencia de clase. Por último, las fuerzas productivas no conducen a la emancipación, sino a una forma de dominio tecnológico.
     La conciencia tecnocrática proporciona una forma nueva de ideología, ya no como falsa conciencia, porque los criterios de justificación se encuentran disociados. La sociedad despolitizada (sin un marco metafísico que agrupe, ni referencias simbólicas, ni totalidad ética) queda librado a funciones del sistema de acción racional con respecto a fines que se supone en cada caso. Pero la fuerza ideológica de la conciencia tecnocrática debe borrar toda posibilidad de conciencia sobre la diferencia entre acción racional con respecto a fines e Interacción.
     En este sentido, si la ciencia y la técnica son ideológicas siendo el resultado del conocimiento del hombre en la historia, entonces el conocimiento del hombre es ideológico.
 
 
      A modo de conclusión,  se puede decir que la consideración sobre el conocimiento es diferente en cada autor y cada período histórico, pero se pueden encontrar similitudes, como por ejemplo, el olvido que es un rasgo que comparten los cinco autores. La forma de  conocer el mundo está vinculada al olvido de algo, en Comte: el olvido del conocimiento metafísico; en Nietzsche: el olvido del instinto y de la experiencia; en Husserl: el olvido del sentido del conocimiento y de las particularidades de la vida; en Marcuse: el olvido de la dominación; en Habermas: el olvido de la comunicación como herramienta para transformar la realidad.
      A través del olvido se puede ver cómo el conocimiento deja de ser considerado como positivo, dado o acabado en sí, como en el caso de Comte, para luego transformarse en una crítica antipositivista en el resto de los autores, el olvido es negativo, es decir, para tener un conocimiento verdadero del mundo, no hay que olvidar: lo animal en el hombre, el sentido de la vida, la dominación y la ideología.
      De alguna manera, la impronta del positivismo afectó a la forma que posteriormente tuvo el hombre de conocer. La exigencia de abandonar los saberes considerados como “absolutos”, obligó al hombre a caer en la ilusión del conocimiento relativo, que en definitiva obstaculiza cualquier intento de hacer una nueva teoría del conocimiento.
    En los siglos XIX y XX se modifica la concepción del conocimiento que venía de los siglos XVII  y XVIII, el conocimiento para las corrientes racionalista y empirista estaba ligado al mecanicismo, o sea el hombre divorciado de la naturaleza, la puede conocer a través de leyes. En cambio en los siglos posteriores, el hombre está unido a la naturaleza y divorciado de su propia humanidad.
 

Bibliografía citada
- Comte, A. “Discurso sobre el espíritu positivo”. Alianza Editorial, S.A., Madrid, 1995.
- Habermas, J. “Ciencia y Técnica como Ideología”. Rei, México D. F, 1996.
- Husserl, E.“Crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental”. Folios Ediciones, S.A., México, 1984.
- Nietzsche. F. “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”. Miluno Editorial, Buenos Aires, 2008.