1 dic. 2011

Ciencia, lenguaje y representación en la teoría clásica del conocimiento

por Valeria Rodríguez
Estudiante del Profesorado de Filosofía
Instituto de Educación Superior Nro.1
Dra. Alicia Moreau de Justo
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

En la Modernidad, con la revolución científica, hubo un cambio en la concepción de la naturaleza. Se puso en cuestión lo que hasta el momento se conocía. Lo que intentará buscar la teoría del conocimiento es el verdadero fundamento de la ciencia, basado en la razón.
Heidegger caracterizará a la Modernidad como la época de la imagen del mundo ya que el sujeto se representa al objeto de conocimiento, se convierte así en sujeto del conocimiento. A diferencia de la Antigüedad o de la Edad Media en donde la verdad era entendida como adecuación del intelecto a la cosa, en donde se podía conocer la esencia de la misma, su ser en sí, en la Modernidad la verdad es entendida como certidumbre del representar, es decir el sujeto será el representante y el objeto lo representado, hay un ser para sí. El sujeto, el hombre de ciencia más precisamente, puede tener certeza de lo que es verdadero.
Con Descartes el sujeto y la duda se vuelven protagonistas. El conocimiento se torna un problema ya que hay un cambio en la idea de la naturaleza, ya no hay certezas. La duda es el reconocimiento de la finitud, debemos dudar de todo, de lo que no podremos dudar es de aquello claro y distinto, como por ejemplo cuando dudo me doy cuenta que pienso y en tanto pienso existo. Cogito ergo sum.
Para poder acceder al conocimiento el autor propone un método para la prescripción de la acción. Se trata de reglas que orientan la acción del entendimiento en la búsqueda de la verdad. El criterio de verdad será tener ideas claras y distintas.
La ciencia no se adquiere de otro modo más que por la intuición y la deducción que son las dos operaciones que lleva a cabo el entendimiento para poder conocer. La primera hace referencia a la captación inmediata de una idea clara y distinta, son postulados en sí evidentes (axiomas), y la segunda es una captación mediata, es un encadenamiento de intuiciones.
 Las reglas garantizan la verdad de las representaciones, impiden que se tome por verdadero lo falso, recordemos que lo verdadero es lo que se presenta claro y distinto ante el espíritu. Si no se presenta de este modo debemos descomponer o analizar lo dado hasta encontrar los elementos simples, claros y distintos, una vez hecho esto procederemos a la recomposición.
Una afirmación es verdadera cuando lo que ella afirma coincide con el objeto a que se refiere. Las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas.
En Locke, en cambio, el criterio de verdad para acceder a la ciencia se basa en rastrear el origen de todo conocimiento en una sensación dada en la experiencia. El entendimiento es caracterizado como una tabula rasa que solamente se va llenando con la experiencia.
No sabemos si el mundo tiene consistencia, pero lo que si podemos conocer es la sensación que obtenemos de éste, luego tenemos las ideas simples que son copias de las sensaciones y a través de las leyes de asociación obtenemos las ideas complejas. Podemos decir que para este autor hay tres instancias de conocimiento, en la base está la experiencia misma, a partir de ella podemos acceder a las ideas y por último tenemos a las palabras que son las que nombran a las ideas.
Las palabras pueden llegar a constituirse en un obstáculo para alcanzar la verdadera ciencia ya que se plantea que se pueden generar dudas o inconvenientes en la comunicación si hay ambigüedad en ellas. Las palabras son signos de ideas que están en la mente, son representaciones. Hay que hacer un uso correcto de ellas para evitar imprecisiones. Hay que clarificar las palabras para llegar al conocimiento, si el origen de la palabra es válido queda clarificada la idea. A este procedimiento Locke lo llamará analítica de las ideas.
En este autor la claridad es requisito indispensable para acceder a la verdadera ciencia, éste es un rasgo que comparte con Descartes, así también el planteo de descomponer las ideas, con la salvedad que en su caso es para poder llegar a las sensaciones que les dieron origen. Las palabras representan el pensamiento y a la vez no se puede pensar sin ideas.
Immanuel Kant tomará del empirismo que todo conocimiento comienza con la experiencia pero le agregará que no todo conocimiento procede de la experiencia. Lo que el sujeto cognoscente puede alcanzar es la representación que se hace del objeto, vamos a conocer lo dado a la experiencia, pero en tanto representación, no vamos a conocer el objeto en sí. Llamará fenómeno al objeto del conocimiento, y noúmeno a la cosa en sí.
En su obra Crítica de la Razón Pura se parte de la pregunta por la cientificidad de la metafísica, pero para poder responder a esto Kant advierte que primero deberá responder a la pregunta por las condiciones de posibilidad de la ciencia.
Para conocer necesito de lo dado a la sensibilidad, las impresiones que recibimos cuando somos afectados por las cosas, y además necesitamos de lo sabido a priori por el entendimiento que son los conceptos que me permitirán organizar las impresiones.
Lo que caracteriza a la ciencia como tal es poder formular juicios sintéticos a priori. Éstos son los encargados del progreso de la ciencia, en ellos damos cuenta que, en tanto juicios sintéticos, son extensivos, establecen un predicado que no está contenido en el sujeto, por ende amplían el conocimiento, y en tanto a priori son independientes de la experiencia y resultan ser  universales y necesarios. A partir de esto se establece como requisito para la ciencia tener juicios sintéticos a priori.
Podemos marcar que este autor tiene en común con Locke la afirmación que el conocimiento comienza con la experiencia, pero también el hecho que los dos plantean que no podemos conocer los objetos en sí o la realidad en sí, sino que solamente podemos partir de lo que nos representamos en tanto sujetos del conocimiento.
Con este breve esbozo pretendimos dar cuenta de la relación íntima que hay entre lo que se entendió como ciencia en esta etapa, con la representación de los objetos a conocer que se da en el sujeto y por último el papel que juega el lenguaje como representante de las ideas, tanto en el pensamiento como en el habla.
Bibliografía
R. Descartes (2003) Reglas para la dirección del espíritu, Madrid, Alianza Editorial.
M. Heidegger (1995) Caminos de bosque, Madrid, Alianza Editorial.
J.L ocke (1977) Ensayo sobre el entendimiento humano, México, Fondo de Cultura Económica.
I., Kant (2008) Crítica de la Razón Pura, Buenos Aires, Ediciones Libertador.

Cátedra: Teoría del conocimiento
Ciclo Lectivo 2011