11 dic. 2010

De la posibilidad de la metafísica como ciencia

PROVINCIA DE BUENOS AIRES
DIRECCIÓN GENERAL DE CULTURA y EDUCACIÓN
DIRECCIÓN de EDUCACIÓN SUPERIOR

INSTITUTO SUPERIOR DE FORMACIÓN DOCENTE Nro. 129
Carrera: PROFESORADO en FILOSOFIA
Espacio Curricular: HISTORIA DE LA FILOSOFIA MODERNA
Curso: 3er AÑO
Ciclo lectivo: 2009

PROFESORA: Lic. Ponce, Liliana.
ALUMNA: Dalto, Marina.

Título del Trabajo: “De la posibilidad de la Metafísica como Ciencia “

Resumen de trabajo:
El siguiente trabajo se ocupará de dilucidar el problema de la metafísica como ciencia en Kant, por ser éste quien plantee su posibilidad haciendo un análisis exhaustivo de la razón, facultad que según este filósofo vuelve, por naturaleza, proclive al hombre a intentar conocer objetos que rebasan el campo de la experiencia. Es así que, se mostrará además la postura de Spinoza, por ser uno de los representantes modernos que eleva esta disciplina a lo más alto de la ontología misma, poniendo en un mismo plano la cuestión del ser y del conocer, para lograr su identidad; el autor de la Crítica lo denominará como un dogmático de la razón, precisamente por confiar en el poder de ésta sin cuestionarse previamente por su alcance.
También se hará una breve comparación de la resignificación de los términos: Idea, razón y entendimiento, para comprender el lugar que les otorga Kant en su filosofía al reasignar su objeto a la metafísica.
Anticipándonos al fin de la cuestión, Kant logrará quitarle a esta disciplina la calificación de ciencia pero la ubicará de todos modos, como el principal motor del conocimiento en sí mismo, por ser una disposición natural que nos incita a dirigirnos a lo incondicionado.

Introducción:
En los filósofos modernos como Descartes, Leibniz, Locke, Hume, Spinoza… hemos visto planteada la aspiración de toda una época: lograr el verdadero conocimiento de las cosas; la correspondencia entre la representación, propia de un sujeto que conoce, y aquello que le es externo, que se le presenta a la percepción ó a la intuición intelectual, de manera clara y distinta, variando esto, por supuesto, según la corriente (innatismo, empirismo, filosofía trascendental, idealismo, etc.) que adopte cada pensador. Pero el problema en todos ellos, no es lo que lograban construir teóricamente, sino las bases en las que esta teoría se asentaba, una base movediza que amenazaba siempre el derrumbe… muchas veces por confiarse en el poder de la facultad del hombre, que consideraban fuente de conocimiento: algunos en la razón rechazando el aporte de los sentidos, y otros, confiados en los sentidos, descontaban el poder especulativo de la razón. Así, la metafísica fue más bien, el escenario donde los filósofos disputaban sus posturas escolásticas, más que un sincero intento por disipar los engaños que producía la mala inteligencia.
Lo que sí podemos destacar en los filósofos modernos, es la rigurosidad metodológica a la que se sometió su pensamiento, buscando el camino que lo condujera sin error a la verdad; que sólo encontraban cuando las representaciones del sujeto, eran adecuadas al objeto que se disponía conocer; la certeza en el representar fue aquello que guió los criterios de búsqueda y elaboración del conocimiento.
Pero, como dijimos antes, los múltiples “accesos a la realidad” encontrados, hicieron más resonante la pregunta por la verdad, como así, más lejana la respuesta, dado la pluralidad de sistemas filosóficos conocidos.
Es así que Kant buscará, en primer lugar, mostrar de qué se ha ocupado la metafísica hasta ahora y si es posible el conocimiento de tal objeto, poniendo en cuestión las vías de acceso al mismo, la crítica es de las facultades de conocimiento y por ello elimina todo debate metafísico anterior o posterior a él, que no parta necesariamente de esta elucidación.

Desarrollo de la problemática:
El hombre por naturaleza ha tendido siempre y siempre lo hará, a buscar, con el pensamiento, respuesta a cuestiones que exceden sus capacidades cognoscitivas. No lo hace consciente de su error, sino que dado el proceso mismo de conocimiento se confía de estar en lo cierto, remontándose incansablemente por los senderos más oscuros, hasta encontrar una piedra de toque, un obstáculo que si bien no lo detiene, tampoco le permite afirmar que lo conseguido por sí mismo, por su razón, pueda ser conocido.
Y aquí, es dónde radica la principal crítica kantiana, la metafísica, esta ciencia que se ha forjado debido a nuestra actitud natural, no ha logrado sistematizarse, encontrar principios que sean inamovibles en su origen y que permitan construir un cuerpo seguro sobre sí, y por lo tanto ¿cómo podría llamársele ciencia?, el filósofo en el Prólogo de la primera edición la denomina como “la arena de las discusiones sin fin”, precisamente aludiendo a esta falta de firmeza en el suelo, en los argumentos que sostendrán todo lo demás, y por ello, sin base, nunca habrá nada acabado, lo que se construya se caerá una y otra vez.
En el Prólogo de la segunda edición, luego de compararla con otras disciplinas que han podido con el tiempo convertirse en Ciencias, como lo son la Lógica, la Matemática y la Física, que utilizan de la razón pura su capacidad especulativa, pero sin quitarle al objeto su contenido empírico, es decir sólo para determinar al objeto y su concepto (que ya proviene sintetizado del entendimiento), aduce por ello, nuevamente, que la Metafísica, “es un aislado conocimiento especulativo de la razón que nada toma de las enseñanzas de la experiencia y que sólo se sirve de simples conceptos (sin intuiciones), donde la razón debe ser su propio discípulo, con lo cual no tuvo la dicha de entrar aún en el seguro camino de la ciencia”1. Finalmente, volverá a caracterizarla en este segundo prólogo, como un campo de combate, donde todas las afirmaciones se hacen más bien, para ejercitar en asaltos las fuerzas de los contrincantes, pero dónde ninguno ha podido ganar terreno firme para edificar nada. Cierra con la dura frase de que “la marcha de la Metafísica ha sido hasta ahora incierta, el de un tanteo, y hecha, lo que es lo peor, por medio de simples conceptos”2.


Para comprender este planteo, es necesario que entendamos cuáles son las facultades que intervienen en el proceso de conocimiento para el filósofo, y cómo lo hace cada una. Brevemente lo expondremos, para guía del lector.
Kant se propone analizar las facultades de conocimiento del sujeto para no malgastar esfuerzos en atrapar objetos aparentes. Así, distinguirá entre ellas a la intuición, al entendimiento y a la razón.
Esta última, sería la responsable de traspasar los límites del conocimiento posible, entendiendo por ello, que el único objeto de conocimiento es aquél en tanto fenómeno, y lo entenderemos aquí como aquello que se me aparece a la intuición, como el modo en que las cosas nos afectan empíricamente (primera acepción kantiana que aparece en la Primera Parte de la Estética Trascendental), es claro que, luego podrán establecerse una serie de conocimientos que no provienen directamente de la experiencia pero que indirectamente remiten a ella, en la serie de deducciones; esto es lo que expresa el autor cuando afirma “que todos nuestros conocimientos comienzan con la experiencia pero no todos proceden de ella”3.
Lo dado en la intuición, el fenómeno, siempre se presenta de modo múltiple y diverso, pasando por una primera instancia sintetizadora que son las intuiciones puras* del espacio y del tiempo. Conformada esta materia prima, el entendimiento pasa a ocuparse de su tarea, que es la de darle una forma inteligible a aquello que se ha presentado sensiblemente. Opera así con los conceptos puros*, las categorías, dándole unidad a la experiencia, porque sintetiza la multiplicidad de la intuición en el concepto, dándole concordancia a nuestro conocimiento con los objetos. Pero debe quedar más que claro, que el entendimiento se ocupa exclusivamente del uso empírico de sus principios a priori (juicios) y de sus conceptos, es decir que sólo puede aplicarse a fenómenos.

De este modo, el filósofo nos dirá que la Razón Pura, que posee dos funciones, una especulativa y una práctica, debe limitarse, con la actividad especulativa, a los objetos de experiencia, de otro modo nuestros conocimientos carecerían de significación, pues no remiten a nada empírico, ninguna intuición los conforma, sino que son resultado del mero análisis del concepto (en tanto que vuelve sobre sí mismo, para no obtener conocimiento alguno).
Comprendido esto, podríamos afirmar que la actitud metafísica del hombre y por lo tanto la ciencia que con ello se ha buscado sentar, es producto de la razón, pero de un mal uso o desviación de la misma. “Lo que nos impulsa a ir más allá de los límites de la experiencia y de los fenómenos es lo incondicionado, que la razón necesariamente exige a la cosa en sí”4… el problema aquí es que para Kant, la cosa en sí no tiene realidad ontológica, o al menos gnoseológica, puesto que si algo es, es el fenómeno. Nada de dual existe en la realidad, no hay nada que quede oculto, nada que no se alcance, aquello que conozco, es todo lo que puedo conocer, porque mis facultades así lo permiten. El camino inverso que realiza el autor, permite la anulación de la posibilidad de conocer la cosa en sí, puesto que el conocimiento no es de la cosa en tanto que es tal, sino que es de un sujeto que ante algo que se le aparece, posee una estructura cognoscitiva que le permite acceder a él de una única manera, es el sujeto quién estructura la realidad, si ésta es o no de esa manera, es imposible de definir, sólo es de la manera que el sujeto la conoce.
Pero bien, tampoco es tan tajante con respecto a la cosa en sí, sólo la destierra del ámbito del conocimiento, no puede accederse a ella, porque no tengo intuición de la misma, pero puedo pensarla, es así que le reservará un lugar en la moral, y la tratará en su Crítica de la Razón Práctica, pero ese tema ya nos excede.

Volviendo a la Metafísica y sus problemas, para comprender de qué hablamos cuando decimos que su suelo es arenoso y su marcha un tanteo, es necesario que nos ocupemos de dilucidar el objeto que hasta ahora la ha perdido, confundido y hasta cegado. Los inevitables temas de la razón pura son Dios, libertad e inmortalidad, pero la única forma de tratarlos, como bien antes dijimos, es mediante la razón misma, y aquí es dónde se confía dogmáticamente en ella. Sin la solvencia de la experiencia, estos planteos no hallarán contradicción alguna, pero se convertirán solamente en ficciones de la razón, en meras ilusiones, puesto que la ilusión no radica en el objeto sino en el juicio que se formula sobre él en tanto pensado. Por ello Kant, nos dirá que un conocimiento que concuerde enteramente con las leyes del entendimiento no puede contener error, ya que si respeta la lógica trascendental, es decir, la síntesis de intuiciones y conceptos puros, no puede trascender los límites de la experiencia y por tanto no puede en ella haber ilusión tal. Estas ideas de la razón, son fuente de ilusión, siempre que se excede el uso empírico de las categorías y nos engañamos con el espejismo de una ampliación del entendimiento puro. La ilusión lógica se soluciona con la simple aplicación de la lógica general, pero ante la presencia de la ilusión trascendental la solución no es tan sencilla; puesto que la razón se rige por reglas propias que funcionan como principios objetivos y por ello la necesidad subjetiva realiza ciertos enlaces de conceptos que determinan las “cosas en sí” (de las que hablábamos párrafos antes); es algo que no se puede evitar puesto que es una ilusión natural, que se basa en principios subjetivos que se presentan subrepticiamente como objetivos, y he aquí el peligro de dejarnos llevar por la razón, sin ningún tipo de crítica, pues desde un primer momento parece guiarnos correctamente, cuando bien comprendemos ahora que no está sucediendo ello.

Finalmente, es necesario que resignifiquemos los conceptos que Kant utiliza para su filosofía trascendental. En primer lugar, los modernos identifican al entendimiento y la razón como una misma facultad, y por ende con el mismo objeto; en Kant, el entendimiento tiene la facultad de la unidad de los fenómenos por medio de las reglas, y la razón la facultad de la unidad de las reglas del entendimiento según principios. Esto quiere decir, que la razón se encarga de poner al entendimiento en concordancia consigo mismo, Kant la caracteriza como una ley subjetiva de administración de las provisiones de nuestro entendimiento para reducir al número posible el uso general de sus conceptos mediante su comparación. Pero aunque la razón pura se refiera a objetos no tiene relación directa con ellos, sólo con el entendimiento y sus juicios. Lo que la razón unifica es la totalidad de la experiencia, halla para el condicionado conocimiento del entendimiento lo incondicionado con que se completa su unidad. Pero las proposiciones que origine este principio supremo de la razón pura, serán trascendentales porque nunca podrá hacerse de él un uso empírico que le sea adecuado. Por ello, a estos conceptos Kant los llamará Ideas Trascendentales. Es así como las ideas, vuelven a recuperar su sentido platónico, siendo como modelos o prototipos para la experiencia, como reguladoras o directoras para aderezar la experiencia según ellas. Mientras que los conceptos, serán para él, las realidades mismas de la experiencia; pero las ideas manifiestan algo que excede a toda experiencia, pero que sirve de norte para nuestro conocimiento de la realidad.

Entonces podemos afirmar ya que, el objeto de la metafísica como disciplina, siempre ha sido el de abarcar la totalidad del conocimiento, determinando las últimas causas y los primeros principios de todas las cosas que existen, más allá de todo tiempo y espacio, más allá de todo fenómeno físico. Ha sido la búsqueda por el fundamento del ser y del conocer, nunca lograda.
Veremos, por ejemplo que en la obra de Spinoza, el “Tratado de la Reforma del Entendimiento”, se traspasa este límite de la razón pura, planteado en Kant, hasta el punto de una completa identificación entre el ser y el pensar; aquellas ideas que el entendimiento forja, son producto de la certeza del objeto real.
El filósofo parece haber solucionado el dualismo onto-gnoseológico que se arrastraba desde Platón, y que se establecía la diferencia entre el “ser real” y el “ser aparente”, “mundo inteligible” y “mundo sensible”, el primero como verdadera realidad, y el otro como apariencia, copia de lo real, como lo que cambia y por lo tanto no puede ser aprehendido por el pensar.
Ya imbuido del espíritu de racionalidad matemática de la modernidad, no podrá evitar postular su método, que debido a la subordinación tal del conocimiento a la capacidad del entendimiento, todo sucederá, se logrará en el. Porque la naturaleza del entendimiento y la naturaleza de las cosas son idénticas en Spinoza, hay que detectar en el primero la idea verdadera o esencia objetiva del objeto de la Naturaleza que conocemos, y por tanto, “el método no es otra cosa que el conocimiento reflexivo o la idea de la idea”5.
De este modo, el segundo paso del método, una vez distinguidas las ideas verdaderas de los demás modos de conocer, y “como la relación entre dos ideas es la misma que la que existe entre las esencias formales de estas ideas, síguese que el conocimiento reflexivo de la idea de un Ser absolutamente perfecto será superior al conocimiento reflexivo de todas las otras ideas”, por ello, “el método más perfecto será el que indique cómo debe dirigirse el espíritu según la norma de la idea dada del Ser más perfecto”6, he aquí la causa suprema de todas las cosas que existen y por ende de todas las ideas que poseemos y es la que garantiza su verdad. “En efecto debe existir en nosotros a modo de instrumento innato, una idea verdadera que una vez comprendida, nos haga comprender, al mismo tiempo, la diferencia que hay entre ese modo de conocer y todos los demás”7.
El orden del que habla Spinoza, el cual poseen las ideas en el entendimiento y por tanto las cosas que existen en la Naturaleza, responde a una conexión necesaria, que surge del puro proceder de la mente, según sus propias leyes. Aquí hallamos el “more geométrico”, en el conocimiento de las cosas desde el interior del entendimiento mismo, del proceder deductivo y a priori, independientemente de lo empírico y de la temporalidad, así nos dirá el autor “el alma obra según leyes determinadas y como una autómata espiritual”8, basándose en el postulado de que “el orden y la conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas”, entendiendo por ello que el orden causal que rige los acontecimientos es el mismo que sigue el entendimiento cuando opera con las ideas, porque en el entendimiento se encuentra en el orden debido la verdad misma.
Pero, retomamos, “para que nuestro espíritu exprese exactamente toda la naturaleza, debe derivar todas sus ideas de la que expresa el origen y la fuente de toda la Naturaleza, a fin de que ésta sea también la fuente de las demás ideas”9, y ésta no es más que la idea del Ser más perfecto, que Spinoza se atreverá a titular Dios, ya que más de toda sugerencia mística del término, va a considerar como única causa eficiente de la totalidad, una única sustancia que llamará precisamente Dios o Naturaleza. Justamente, por ello, va a caracterizarse su teoría como un teologización de la naturaleza o una naturalización de Dios, panteísmo será también otra de sus designaciones, ya que “Todo es Dios y en Dios”. Dado que la sustancia tiene que ser una idea innata clara y distinta, y que su esencia envuelve necesariamente la existencia y como no puede ser causada por otro sino que debe ser causa de sí mismo (causa sui), y a la vez es causa de todas las cosas que existen, no queda margen de lo posible, todo es absolutamente cognoscible una vez en posesión de la idea verdadera y del método que la dirige a la concatenación del entendimiento que reproduce, a su vez, la concatenación de la Naturaleza. Porque tanto el pensamiento como la extensión son los dos atributos de esta sustancia, con lo cual, los hombres por poseer pensamiento y extensión y las demás cosas de la naturaleza, extensión; son los modos en que éstos atributos se manifiestan (modos en tanto que son “en otra cosa”, y que sólo pueden concebirse en y por otro). Por ello, “el pensamiento verdadero consiste en conocer “las cosas” conforme a su propio modo de ser: por sí mismas o por sus causas próximas”10.

Visto desde este punto, la metafísica de Spinoza, resuelve todo el problema de la ciencia, puesto que “el conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa”11, sólo se limitará ésta a investigar el orden necesario de todas las cosas y ese encadenamiento causal nos llevará finalmente a la idea de un Ser que sea la “causa” de la necesidad; de este modo se manifiesta no sólo el saber absoluto, sino también el Ser en su completud. Nada se reserva al conocimiento del hombre, nada se le vuelve inaccesible una vez descubierta la norma de la verdad.

Luego de esta breve exposición de la teoría spinoziana, podemos ver en lo primeramente explicado, cómo el objetivo metafísico se logra; la búsqueda y el alcance del principio unificador de la realidad, por la sola vía de la razón, a través de la deducción de las ideas que se presentan como claras y distintas ante el entendimiento, y que por su formulación lógica y su coherencia dentro del sistema filosófico, resultan difícil de cuestionar. Debido a que tal exposición, no puede ser fundamentada por experiencia alguna, y debiéramos conformarnos con creer, si no hemos logrado, en este caso, reconocer en el entendimiento la idea verdadera por nosotros mismos, que todo lo planteado es verdadero; o bien, por el mismo motivo, podríamos creer que no lo es.

Si nos paramos en la vereda kantiana, encontramos muchos elementos para dar por tierra la explicación de Spinoza, por ejemplo, principalmente en este caso podemos decir que éstas son sólo conclusiones de la razón, que Kant denominará antinomias, y que carecen de punto de apoyo para explicar la totalidad de la experiencia, porque todo conocimiento para él requiere necesariamente la síntesis de conceptos, resultado de una previa síntesis de intuiciones, lo que vuelve imposible el querer explicar la totalidad del universo, del Ser, de la Naturaleza o de Dios, éstas son sólo Ideas de la razón.

Conclusión:
De este modo podemos observar, cómo la preocupación de los modernos se ha centrado básicamente en determinar la fuente que garantice la verdad de las ideas o conocimientos del sujeto, sin antes hacer una previa crítica de tal fuente, lo cual los ha llevado ha saltearse el paso más importante del método, verificar si la fuente es genuina, para que el proceso de conocimiento también lo sea.
La conclusión kantiana, ya anticipada en el resumen de trabajo, es que la metafísica tiene este carácter negativo, en tanto que la razón se engaña a sí misma creyendo alcanzar algún conocimiento cierto aún traspasado el campo de la experiencia, y un carácter positivo, que permite por un lado, apercibirnos de esta imposibilidad para no malgastar esfuerzos, y además porque permite mediante el uso de la razón especulativa enmarcada por las intuiciones empíricas, el aumento de los conocimientos científicos, porque incita, a prever, predecir cómo actuará la naturaleza si aplicamos ciertos principios sintéticos a priori sobre ella.
Es necesario reconocer el límite que humanamente nos condiciona y no volvernos escépticos, sino críticos en tanto capaces de analizar cuidadosamente los recursos de que echamos mano, como bien dice el mismo Kant en su Prefacio de la primera edición de la CRP, “deber es de la filosofía el de disipar los engaños producidos por la mala inteligencia, aunque para ello sea menester destruir las más queridas y encantadoras ilusiones”.
Es así como la Metafísica no puede ser ciencia, pero sí es una disposición natural del espíritu que no cesa jamás de orientarnos en la búsqueda de lo incondicionado, sólo conscientes de lo anterior podemos evitar el desvió permanente, sólo la inexistencia del hombre evitaría el desvío momentáneo.

Notas:
1. Kant, Inmanuel., Crítica de la Razón Pura (CRP), Prefacio de la segunda edición, Losada, 2006.
2. Ídem anterior.
3. Kant, I. CRP, Introducción, Losada, 2006).
*Puros se entenderá aquí por lo a priori, lo absolutamente independientes de la experiencia, como la condición de posibilidad de todo objeto de experiencia.
4. Kant, I., Crítica de la Razón Pura (CRP), Prefacio de la segunda edición, Losada, 2006.
5. Spinoza, Baruch. Tratado de la Reforma del Entendimiento (Parágr. 38), Edit. Bajel, Bs As, 1944.
6. Ídem anterior.
7. Spinoza, Baruch. TRE (Parágr. 39), Edit. Bajel, Bs As, 1944.
8. Spinoza, Baruch. TRE (Parágr. 85), Edit. Bajel, Bs As, 1944.
9. Spinoza, Baruch. TRE (Parágr. 42), Edit. Bajel, Bs As, 1944.
10. Ponce, Liliana, Notas sobre Spinoza y la necesidad de una reforma del entendimiento, Cátedra de Gnoseología, U.N.R: http://conversacionesphilosophicas.blogspot.com.
11. Spinoza, B. Ética demostrada según el orden geométrico, Libro II, Axioma IV.

Bibliografía:
- Kant, Inmanuel, Crítica de la Razón Pura, Editorial Losada, 2006.
- Prefacio de la primera edición.
- Prefacio de la segunda edición.
- Introducción.
-Segunda división de la Lógica Transcendental, Dialéctica Transcendental, Introducción.
- García Morente, Manuel, La Filosofía en Kant, Edit. Espasa Calpe, Madrid, 1975.
- Spinoza, Baruch, Tratado de la reforma del Entendimiento, Edit. Bajel, Bs As, 1944.
- Ponce, Liliana, Notas sobre Spinoza y la necesidad de una reforma del entendimiento, Cátedra de Gnoseología, U.N.R: http://conversacionesphilosophicas.blogspot.com

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