11 dic. 2010

Monografía: La intuición como punto de partida

PROVINCIA DE BUENOS AIRES
DIRECCIÓN GENERAL DE CULTURA Y EDUCACIÓN
DIRECCIÓN DE EDUCACIÓN SUPERIOR
UNIDAD ACADÉMICA DE LA ESCUELA NORMAL SUPERIOR
INSTITUTO SUPERIOR DE FORMACIÓN DOCENTE N°129


Profesorado en Filosofía
Cátedra: Filosofía Moderna
Profesora: Liliana Ponce
Alumna: Vivier, Andrea
Carácter del trabajo: Monografía

La intuición como punto de partida
La Época Moderna se inicia con el nacimiento de una nueva racionalidad, la ciencia busca presentar sus descubrimientos en el lenguaje de las matemáticas. Hay dos rasgos que caracterizan a la Modernidad, uno, es la confianza absoluta en la razón, así surge la nueva ciencia moderna, la razón constituye el tribunal supremo de juzgar entre lo verdadero y lo falso. Otro rasgo, es la aceptación de la matemática como modelo de saber. La filosofía moderna, en relación al contexto en el surge, va a ocuparse centralmente del problema del conocimiento, del alcance del saber humano. En este trabajo vamos a abordar la cuestión del origen del conocimiento, es decir, cuál es el punto de partida que le permite al hombre conocer.
El sujeto empieza a ocupar un papel preponderante por su participación activa en la construcción del saber. La pregunta qué podemos hacernos es, ¿por dónde comienza nuestro conocimiento? Pero la respuesta no va a ser unívoca sino que los filósofos van a contraponerse y en otros casos a relacionarse para conceptualizar dos corrientes del pensamiento. El racionalismo que nos va a decir que el conocimiento verdadero deriva de la razón, de principios innatos, que no necesitan de comprobación empírica. El empirismo que nos va a decir que el conocimiento válido procede y tiene sus límites en la experiencia y debe ser comprobado empíricamente.
En este trabajo no vamos a hacer hincapié en esta división temática sino que lo que nos importa es cómo se construye el edificio del saber en la Modernidad según los dos filósofos que van a descubrir e inaugurar la subjetividad de diferentes modos. En relación a lo dicho, estos pensadores son Descartes y Kant , quienes van a estudiar los límites y condiciones del conocimiento humano coincidiendo en que el punto de partida del conocimiento es la intuición, aunque ,el primero, nos habla de una intuición intelectual y de un “yo pienso analítico”,en donde la intuición es un acto simple que evidencia el presente surgiendo de la razón misma, el contenido de nuestro pensamiento según Descartes son ideas innatas que dios ha puesto en nosotros; por esta razón la idea de dios termina garantizando la ecuación entre sujeto pensante y objeto pensado. En cambio Kant nos va a hablar de una intuición sensible y de un “yo pienso sintético”, critica el poder supremo de la razón como condición única de posibilidad del conocimiento y afirma que la sensibilidad es la capacidad receptiva que ofrece datos a los cuales los llama intuiciones empíricas que van a ser ordenadas por las formas puras de la sensibilidad, las intuiciones puras, (el espacio y el tiempo), éstas son a priori, es decir, independientes de la experiencia. Las formas puras de la facultad sensible luego son ordenadas por el entendimiento, por medio de las categorías y los principios puros.
René Descartes (1595-1650), es considerado el fundador de la filosofía analítica. En la obra Reglas para la dirección del espíritu (1701) expone la importancia de un método como un conjunto de reglas para guiar la inteligencia hacia el conocimiento verdadero, a lo cual sólo se accede por medio de la intuición. Este método consiste en dudar de todo para llegar a una verdad de la cual no se pueda dudar:”El fin los estudios debe ser dirigir el espíritu para que pueda formar juicios sólidos y verdaderos sobre todas las cosas que se le presentan” 1. Para Descartes, el yo que duda, por lo tanto, es lo único de lo que se puede estar seguro que existe. La duda lo lleva a la evidencia del yo pensante y desde allí a su existencia; o sea que del yo se trasciende a la realidad e inclusive a la existencia de Dios que es la razón última: “que todo lo que ha sido revelado por dios, es más cierto que cualquier otro conocimiento”2
Descartes hace una distinción entre pensamiento y materia y este dualismo metafísico cartesiano establece una distinción radical entre la mente, cuya esencia es el pensamiento, y la materia, cuya esencia es la extensión tridimensional. Para Descartes hay identidad entre el yo y el pensamiento; el yo es una sustancia pensante que existe y la idea de Dios también existe, porque una idea tan superior al hombre debe necesariamente responder a una realidad fuera del pensamiento; y Dios es la única garantía de que los objetos pensados claros y distintos sean reales.
La física cartesiana considera la extensión como único atributo de la materia, que es geométrica, eliminando todas las demás cualidades. La naturaleza para él es mecánica y se ordena matemáticamente y la cantidad de movimientos es constante. Descartes optará por una interpretación distinta, a la que venía de la tradición, del método. Comparte la idea de que la naturaleza es una realidad dinámica con estructura matemática. Comparte también la necesidad de la existencia del método nuevo dado el fracaso de los métodos anteriores en el conocimiento de la verdad. Pero tiene una interpretación distinta del significado de las matemáticas. Para Descartes el éxito de las matemáticas radica no en su estructura que hoy denominaríamos axiomática, sino en el método que utiliza. Y ese método es un método deductivo. Si el conocimiento de la naturaleza es posible gracias a las matemáticas es pensable que utilizando el método de las matemáticas se pueda alcanzar la verdad y la certeza en el conocimiento de los otros aspectos de la realidad.

Descartes, por lo tanto, comparte con Bacon y con Galileo la necesidad del método para conocer la realidad. Las críticas que Bacon y Galileo realizan a la escolástica son similares a las que realiza Descartes. El fracaso de los métodos silogísticos, el fracaso de la física aristotélica, hacen necesario un nuevo método para interpretar la realidad. Ello supone la confianza en la razón que ha ido ganando su autonomía en el paso del siglo XVI al XVII. Descartes propone un método que ha de ser matemático y universal, sea cual sea su aplicación o campo del saber a que se refiera, "Así pues, entiendo por método reglas ciertas y fáciles, mediante las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca nada falso por verdadero, y, no empleando inútilmente ningún esfuerzo de la mente, sino aumentando siempre gradualmente su ciencia, llegará al conocimiento verdadero de todo aquello de que es capaz.» 3
Frente a otras soluciones al problema del conocimiento y de la constitución de la "ciencia" que surgirán en la época, como el empirismo, Descartes optará por la solución racionalista. El racionalismo se caracterizará por la afirmación de que la certeza del conocimiento procede de la razón, lo que va asociado a la afirmación de la existencia de ideas innatas. Ello supondrá la desvalorización del conocimiento sensible, en el que no se podrá fundamentar el saber, quedando la razón como única fuente de conocimiento. Paralelamente, los modelos matemáticos del conocimiento (en la medida en que las matemáticas no dependen de la experiencia) se ven revalorizados. El racionalismo afirmará la intuición intelectual de ideas y principios evidentes, a partir de las cuales comenzará la deducción del saber, del mismo modo que todo el cuerpo de las matemáticas se deduce a partir de unos primeros principios evidentes e indemostrables. De esta forma, nos plantea en el Discurso del método (1637), las cuatro reglas o preceptos del mismo: la regla de la evidencia, la del análisis, la de la síntesis, y la del recuento:
"...en lugar del gran número de preceptos que componen la lógica, creí que tendría bastante con los cuatro siguientes, con tal que tomase la firme y constante resolución de no dejar de observarlos ni una sola vez.
- El primero era no recibir jamás por verdadera cosa alguna que no la reconociese evidentemente como tal; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no abarcar en mis juicios nada más que aquello que se presentara a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese ocasión de ponerlo en duda.
- El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinara, en tantas parcelas como fuere posible y fuere requerido para resolverlas mejor.
- El tercero, conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer para subir poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más complejos, incluso suponiendo un orden entre aquellos que no se preceden naturalmente los unos a los otros.
- Y el último, hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que quedase seguro de no omitir nada."4

Las dos primeras conforman lo que se ha dado en llamar la parte analítica del método; y las dos segundas la parte sintética. El método estaría compuesto así por dos operaciones básicas: el análisis y la síntesis. Por lo que respecta al análisis, representaría lo que podríamos llamar una forma de conocimiento propia para el descubrimiento y la investigación; nos permitiría separar lo accidental, y establecer el orden corrector en la secuencia analítica, afirmando la primacía de lo simple. La síntesis sería una forma de conocimiento útil para exponer, explicar, o enseñar lo que hemos conocido a través de la investigación o del descubrimiento, así como la constitución del saber como sistema.
Descartes nos propone aquí la intuición y la deducción como los dos únicos modos de conocimiento y, por lo tanto, como aquellos elementos sobre los que se debe construir el método. En la regla III nos define a la intuición cómo el punto de partida: "Entiendo por intuición, no la creencia en el variable testimonio de los sentidos o en los juicios engañosos de la imaginación -mala reguladora- sino la concepción de un espíritu sano y atento, tan distinta y tan fácil que ninguna duda quede sobre lo conocido; o lo que es lo mismo, la concepción firme que nace en un espíritu sano y atento, por las luces naturales de la razón."5

La intuición es pues el elemento básico del conocimiento. Efectivamente se reclama como característica de la intuición la sencillez, que va asociada en Descartes a la claridad y distinción de lo conocido. La intuición establece, necesariamente, una relación directa con el objeto, de tal manera que debe destacarse su carácter de inmediatez. El objeto conocido, como sabemos, será un contenido mental y no un elemento de la experiencia. Denomina a la intuición como una luz natural, especie de visión intelectual, acto propio del entendimiento.
Efectivamente, la intuición remite a un contenido simple, pero no exento de relaciones. Cuando capto la idea de triángulo, comprendo que es una figura de tres lados, que está compuesta por tres líneas que se cortan en el mismo plano, que forma ángulos etc., y todos estos elementos que encontramos en la intuición son necesariamente captados como elementos correlacionados, es decir, no en el mismo instante, sino en el transcurrir de la temporalidad. De ahí que la intuición nos lleve de una manera inevitable a la deducción, que consistirán en una serie sucesiva de intuiciones, apoyadas en la memoria. La deducción "consiste en una operación por la cual comprendemos todas las cosas que son consecuencia necesaria de otras conocidas por nosotros con toda certeza"6. Distinguimos la intuición de la deducción en que en esta se concibe un movimiento o cierta sucesión y en aquélla no, ya que la deducción no necesita como la intuición una evidencia presente, sino que, en cierto modo, la pide prestada a la memoria. En definitiva, la intuición nos ofrece el conocimiento de los principios y la deducción el de las consecuencias lejanas, a las que no se puede llegar de otro modo.

El conocimiento intuitivo es el que constituye el principio, el término y la norma de todo proceso porque la deducción analítica y sintética no es más que intuiciones articuladas a la cual le debo conceder un lugar en la memoria. Esta intuición a la que se reduce todo conocimiento verdadero es puramente intelectual y se refiere a dios de dos maneras, por su origen y naturaleza, por lo dicho podemos llegar a la conclusión de que nada podemos conocer fuera de estas naturalezas simples (intuiciones) que a su vez están presentes en la prefecta e infinita idea de Dios. Sólo el conocimiento intuitivo nos permite llegar en cierto modo a lo absoluto.
El contenido de nuestros pensamientos son ideas y Descartes nos habla de ideas innatas que son aquellas que no proceden ni de al experiencia externa ni de la construcción mental imaginativa sino que el entendimiento las tiene en sí mismo por naturaleza. Son esencias inmutables y verdaderas, claras y distintas, es decir, son intuiciones: la idea de pensamiento, la de al existencia de dios y el principio de contradicción.
Respecto a la causa de que se produzca la idea de dios, hay tres argumentos cartesianos. El primero, dice que la causa de una idea infinita no puede ser más que una sustancia infinita a la cual se arriba por medio de la intuición. El segundo, expone que dios es concebido por mí idea como infinito y perfecto; si hubiera sido la causa de mí mismo, me habría dado las perfecciones que concibo en la idea de dios, como no es así, yo no me he creado a mí mismo y he tenido que ser creado por un ser cuya idea porto en mi mente. El tercer argumento, afirma que no es posible concebir a dios como no existente, ya que, si es el ser soberanamente perfecto se ve clara y distintamente que la existencia debe ser una de sus perfecciones. De estas tres pruebas concluye o deduce la existencia de dios y con él el criterio de evidencia encuentra su última garantía: “Esa idea es tan bien tan clara y distinta, pues porque contiene en sí todo lo que mi espíritu concibe clara y distintamente como real y verdadero, y todo lo que comporta alguna perfección. Y eso no deja de ser cierto, aunque yo no comprenda lo infinito, o aunque haya en dios innumerables cosas que yo no pueda entender, y ni siquiera alcanzar con mi pensamiento: pues es propio de la naturaleza de lo infinito que yo, siendo finito, no pueda comprenderlo.” 7
Para Descartes la razón representa las cosas por esto sabemos que la realidad externa también se rige por leyes racionales, tenemos una intuición por cada cosa que observamos de ella y se nos presenta de manera clara y distinta. Así buscando al verdad y el orden racional universal que establezca una ciencia con un solo método, aparece la matemática universal:” únicamente, importando poco si se busca tal medida en números, figuras, astros, sonidos o cualquier otro objeto; y por lo tanto, que debe existir una ciencia general que explique todo aquello que pueda investigarse acerca del orden y la medida. “8
En relación con lo dicho, dice Descartes, que teniendo certeza de que conocemos el mundo externo tenemos intuición de la materia ya que captamos dos tipos de cualidades a partir del mundo. Las cualidades impropias son debidas a nuestro espíritu y las cualidades propias son un atributo de la propia materia, la sustancia corpórea tiene sólo un carácter natural, la extensión, por el hecho de “ser cuerpo extenso” tiene la misma certeza que “pienso luego existo”; y esta es al certeza intuitiva de al que debe partir todo conocimiento del mundo; las cualidades propias de la res extensa serán las que deriven de su extensión.

El mundo es sustancia extensa y es cognoscible por una intuición intelectual. La sustancia para Descartes es aquel ser que no necesita de otro para subsistir; en conclusión, hay tres sustancias de acorde con las tres ideas que venimos trabajando: res extensa (la materia, el mundo), res cogitans (el pensamiento), res infinita (dios). Con respecto al conocimiento de las cosas del mundo, nos dice que, se pueden tener en cuenta otras facultades para acceder a la verdad del conocimiento los dos mecanismo indispensables para alcanzar el conocimiento verdadero son la intuición y la deducción :” Finalmente, es preciso emplear todos los recursos del entendimiento, de al imaginación, de los sentidos y de al memoria, lo mismo para tener una intuición distinta de las proposiciones simples que para comparar convenientemente lo que se busca con lo que se conoce.” 9
Correlativamente a la aplicación de la duda como método de investigación subraya Descartes la búsqueda de la certeza como su objetivo. Considera que un conocimiento, para ser tomado como verdadero, ha de poseer la característica de la certeza, que viene a significar una especie de seguridad en la verdad del conocimiento. En su obra Meditaciones metafísicas (1641), nos habla del conocimiento de dios y de las cosas, explica que el hombre es la unión de la res cogitans y la res extensa, la primera concibe las propiedades primarias de los objetos a través de la razón y, la segunda, se encarga de las propiedades sensoriales y emocionales para transmitirlas al “yo pienso”, pero aparece también la res infinita que es el puente que une las ideas con las cosas. Dios ha sembrado en nosotros las ideas que nos permiten comprender al mundo: “Y nada tiene de extraño que dios, al crearme haya puesto en mí esa idea como el sello del artífice, impreso en su obra, y tampoco es necesario que ese sello sea algo distinto que al obra misma. Sino que, por sólo haberme creado, es de creer que dios me ha producido, en cierto modo, a su imagen y semejanza, y que yo concibo esta semejanza por la misma facultad que me percibo a mí mismo:” 10
En la primera meditación se tratan los principales motivos de duda que pueden afectar a todos sus conocimientos. Los sentidos se presentan como la principal fuente de nuestros conocimientos; ahora bien, muchas veces he constatado que los sentidos me engañaban, como cuando como cuando veo el sol como un círculo pequeño y en realidad es gigante, y situaciones semejantes. No es prudente fiarse de quien nos ha engañado en alguna ocasión, por lo que será necesario someter a duda y, por lo tanto, poner en suspenso todos los conocimientos que derivan de los sentidos. Puedo considerar, pues, que no hay certeza alguna en esos conocimientos, y considerar falsos todos los que se deriven de los sentidos.
Sin embargo, podría parecerme exagerado dudar de todo lo que percibo por los sentidos, ya que me parece evidente que estoy aquí y cosas por el estilo; pero, dice Descartes, esta seguridad en los datos sensibles inmediatos también puede ser puesta en duda, dado que ni siquiera podemos distinguir con claridad la vigilia del sueño, (lo que nos ocurre cuando creemos estar despiertos o cuando estamos dormidos). Esta incapacidad de distinguir el sueño de la vigilia, por exagerado que me parezca, ha de conducirme no sólo a extender la duda a todo lo sensible, sino también al ámbito de mis pensamientos, comprendiendo las operaciones más intelectuales, que en absoluto parecen derivar de los sentidos. La indistinción entre el sueño y la vigilia me lleva a ampliar la duda de lo sensible a lo inteligible, de modo que todos mis conocimientos me parecen ahora muy inciertos.

Aun así, parece haber ciertos conocimientos de los que razonablemente no puedo dudar, como los conocimientos matemáticos. Sin embargo Descartes plantea la posibilidad de que el mismo Dios que me he creado me haya podido crear de tal manera que cuando juzgo que 2+2 = 4 me esté equivocando; de hecho permite que a veces me equivoque, por lo que podría permitir que me equivocara siempre, incluso cuando juzgo de verdades tan "evidentes" como la verdades matemáticas. En ese caso todos mis conocimientos serían dudosos y, por lo tanto, según el criterio establecido, deberían ser considerados todos falsos.
Por todo lo dicho, Descartes plantea otra opción: la de que exista un genio malvado que esté interviniendo siempre en mis operaciones mentales de tal forma que haga que tome constantemente lo falso por verdadero, de modo que siempre me engañe. En este caso, dado que soy incapaz de eliminar tal posibilidad, puesto que realmente me engaño a veces, he de considerar que todos mis conocimientos son dudosos. Así, la duda ha de extenderse también a todos los conocimientos que no parecen derivar de la experiencia. La duda progresa, pues, de lo sensible a lo inteligible, abarcando la totalidad de mis conocimientos, a través de los cuatro momentos señalados anteriormente. No sólo debo dudar de todos los conocimientos que proceden de los sentidos, sino también de aquellos que no parecen proceder de los sentidos, ya que soy incapaz de eliminar la incertidumbre que los rodea.
En la segunda meditación, repasando la perpleja situación en la que se encuentra al final de la primera, viéndose obligado a dudar de todo, Descartes se da cuenta, sin embargo, de que para ser engañado ha de existir, por lo que percibe que la siguiente proposición: "pienso, existo", ha de ser cierta, al menos mientras está pensando: "De modo que luego de haberlo pensado y haber examinado cuidadosamente todas las cosas, hay que concluir, y tener por seguro, que esta proposición: pienso, existo, es necesariamente verdadera, cada vez que la pronuncio o la concibo en mi espíritu"11. Esa proposición supera todos los motivos de duda: incluso en la hipótesis de la existencia de un genio malvado que haga que siempre me equivoque, cuando pienso que 2 y 2 son cuatro, por ejemplo, es necesario que, para que me equivoque, exista. Esta proposición, "pienso, existo" se presenta con total claridad y distinción, de modo que resiste todos los motivos de duda y goza de absoluta certeza: “ Es la primera verdad de la que puedo estar seguro, de la que puedo decir que es evidente pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad "yo pienso, luego soy" era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulos como el principio de la filosofía que andaba buscando”13.

Dado que las características con la que se me presenta tal evidencia son la claridad y distinción, estas dos propiedades las considerará Descartes como las características que debe reunir toda proposición para ser considerada verdadera. Una vez descubierta ésa primera verdad, "No cabe, pues, duda alguna de que yo soy, puesto que me engaña y, por mucho que me engañe, nunca conseguirá hacer que yo sea nada, mientras yo esté pensando que soy algo. De suerte que, habiéndolo pensado bien y habiendo examinado cuidadosamente todo, hay que concluir por último y tener por constante que la proposición siguiente: "yo soy, luego existo", es necesariamente verdadera mientras que la estoy pronunciando o concibiendo en mi espíritu.” 14 El cogito es un conocimiento intuitivo, lo que significa que se lo conoce de inmediato, directo y no como deducción de una premisa mayor.
Respecto al contenido de muestro pensamiento, Descartes nos dice que hay tres tipos de ideas: unas que parecen proceder del exterior a mí, a las que llama "ideas adventicias"; otras que parecen haber sido producidas por mí, a las que llamara "ideas ficticias"; y otras, por fin, que no parecen proceder del exterior ni haber sido producidas por mí, a las que llamará "ideas innatas". Las ideas adventicias, en la medida en que parecen proceder de objetos externos a mí, están sometidas a la misma duda que la existencia de los objetos externos, por lo que no puede ser utilizadas en el avance del proceso deductivo; y lo mismo ocurre con las ideas facticias, en la medida en que parece ser producidas por mí, utilizando ideas adventicias, debiendo quedar por lo tanto también sometidas a duda. Sólo nos quedan las ideas innatas.
Se trata de eliminar la posibilidad de que esas ideas puedan haber sido producidas por mí. Una vez asegurado eso Descartes analiza dos de esas ideas, la de infinito y la de perfección, y argumentando que no pueden haber sido causadas por mí, dado que soy finito e imperfecto, sólo pueden haber sido causadas por un ser proporcionado a ellas, por lo que tienen que haber sido puestas en mi por un ser infinito y perfecto, que sea la causa de las ideas de infinito y de perfección que hay en mí. A partir de ellas, demuestra Descartes la existencia de Dios mediante los dos conocidos argumentos basados en la idea de infinitud y en la de perfección. Demostrada la existencia de Dios, dado que Dios no puede ser imperfecto, se elimina la posibilidad de que me haya creado de tal manera que siempre me engañe, así como la posibilidad de que permita a un genio malvado engañarme constantemente, por lo que los motivos aducidos para dudar tanto de la verdades matemáticas y en general de todo lo inteligible como de la verdades que parecen derivar de los sentidos, quedan eliminados. Puedo creer por lo tanto en la existencia del mundo, es decir, en la existencia de una realidad externa mí, con la misma certeza con la que se que es verdadera la proposición "pienso, existo", (que me ha conducido a la existencia de Dios, quien aparece como garante último de la existencia de la realidad extramental, del mundo).

En conclusión, la intuición y la deducción constituyen la manera en que el conocimiento trascurre. El método ha de mostrar el dinamismo interno de la razón, que es única. Por todo ello podemos decir que el “yo pienso, luego soy” es fruto de una intuición. Esta intuición será la primera en un sistema genético como el cartesiano. Para Descartes, el conocimiento no procede de la realidad, sino de la razón, que suscita el pensamiento. Las cosas son objetos de conocimiento. Se trata de una inversión simétrica del pensamiento clásico: si antes el fundamento estaba fuera, ahora está dentro; si antes la verdad era la adecuación del pensar con la realidad, ahora es la claridad propia del pensar, que por sí misma se impone: es la evidencia racional.
Al igual que Descartes, Kant en su famosa obra: CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA (1781), también nos va a hablar de intuición como punto de partida, pero va a exponer los conceptos de intuición empírica e intuición pura. La primera tiene que ver con el conjunto de sensaciones o impresiones que percibimos del exterior (por medio de la experiencia), y la segunda está formada por el espacio y el tiempo, como formas puras, a priori, de la sensibilidad. Pero antes de ahondar aquí, vamos a explicar el desarrollo de su pensamiento, que va a demostrar que el orden, la racionalidad, que creemos encontrar en lo externo, está dado por lo interno del propio sujeto. La noción de construcción del conocimiento va a unidad a la de intuición. La metafísica en la que se formó Kant tomaba a la matemática como ideal de ciencia y consideraba que la filosofía debía ser una actividad deductiva, basada en la pura razón (Descartes). Kant defendió en un primer momento este tipo de filosofía pero más tarde encontró una nueva fundamentación de la metafísica, que consistió en hacer una crítica de la razón misma sobre sus alcance y sus límites. Lo más importante de la obra Kantiana es que intenta establecer los parámetros del ejercicio de la razón que no toma su apoyo en la experiencia sino que se desenvuelve a partir de sí misma. Kant considera que es legítimo el uso de la razón cuando se limita al conocimiento de los objetos empíricos, objetos que se presentan en nuestra experiencia perceptual (sea interna o externa). Sin embargo, cuando se usa la razón pura con la pretensión de alcanzar objetos no físicos, ni psíquicos sino transcendentes, la razón humana excede sus límites y da lugar a contradicciones y absurdos.
Kant: “No hay duda de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia. Pues ¿por donde iba a despertarse la facultad de conocer, para su ejercicio, como no fuera por medio de los objetos que hieren nuestros sentidos y ora provocan por sí mismos representaciones, ora ponen en movimiento nuestra capacidad intelectual para compararlos, enlazarlos, o separarlos y elaborar así, con la materia bruta de las impresiones sensibles, un conocimiento de los objetos llamado experiencia?”(…) “Más si bien todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia, no por eso origínase todo él en la experiencia” 15, existen conocimientos a priori, independientes de toda experiencia y conocimientos empíricos que encuentran su fuente a posteriori en la experiencia. Al afirmar que el conocimiento se limita a la experiencia, la filosofía kantiana se aproxima al empirismo, y la afirmar que no todo conocimiento proviene de la experiencia se acerca al dogmatismo. El problema esencial que va a tratar Kant es el límite y la posibilidad del conocimiento humano. La experiencia sólo se entiende a través de una estructura interior espacio-temporal. En Kant, por ejemplo, la matemática no se coloca prioritariamente el terreno de la derivación de principios lógicos, no es analítica, sino que es sintética porque exige la intervención de la intuición (espacio-temporal) a priori en al medida que es independiente de la experiencia.

La razón humana está impulsada a querer saber sobre cuestiones que no pueden ser respondidas por el uso empírico de la razón, ni por principios extraídos de al experiencia:”De todo esto se deduce la idea de una ciencia particular que pueda llamarse crítica de la razón pura. Pues razón es la facultad que proporciona los principios del conocimiento a priori. Por eso es razón pura aquella que contiene los principios para conocer algo absolutamente a priori.”16 Kant llama transcendental a todo conocimiento que se ocupa de estudiar el modo de conocer los objetos, en cuanto este sea posible a priori.
Kant llama ESTÉTICA TRANSCENDENTAL, a la ciencia de todos los principios a priori de la sensibilidad, en esta parte va a exponer el concepto de intuición: “la referencia inmediata a un objeto. Pero esta no se verifica sino en cuanto un objeto nos es dado (…). La capacidad de recibir representaciones por el modo como somos afectados por objetos, llámese sensibilidad”17. Esto quiere decir que por medio de la sensibilidad nos son dados los objetos y ella nos proporciona intuiciones. La sensibilidad nos provee sensaciones y cuando la intuición refiere al objeto por medio de la sensación se denomina intuición empírica. Son intuiciones puras: “todas la representaciones en las que no se encuentre nada que pertenezca a la sensación”18. La síntesis entre sensaciones o datos empíricos, como materia, y la forma a priori es el fenómeno. Las formas puras o principios a priori de al sensibilidad son el espacio y el tiempo, condiciones de posibilidad de toda experiencia.
Kant sostiene que la receptividad humana tiene condiciones, ciertas formas que no dependen de la experiencia, a las cuales llama, como antes se dijo intuiciones puras. El espacio es la forma de todos los fenómenos del sentido externo y el tiempo es la forma del sentido interno, es decir, la intuición de nosotros mismos y de nuestro estado interno, la forma del sentido mediante el cual tomamos conciencia de nosotros mismos. Hay que tener en cuenta que el tiempo es la condición formal de todos los fenómenos en general, porque todas las representaciones tengan o no cosas exteriores como objetos, pertenecen en sí mismas al estado interno, como determinaciones del espíritu.
En la exposición metafísica del espacio, nos dice que el espacio no supone la experiencia, sino que la experiencia supone al espacio como condición suya; es decir, el espacio es a priori: “El espacio es una representación necesaria, a priori, que está a la base de todas las intuiciones externas. No podemos nunca representarnos que no haya espacio, aunque podemos pensar muy bien que no se encuentren en el objetos algunos. Es considerado, pues, el espacio como la condición de la posibilidad de los fenómenos y no como determinación dependiente de estos, y es una representación a priori, que necesariamente está a la base los fenómenos externos.”19. Kant trata de mostrar que el espacio es el fundamento a priori de ciertos conocimientos sintéticos a priori. La geometría determina sintácticamente a priori las propiedades del espacio. Para ello el espacio debe ser una intuición a priori o pura. El espacio no es un concepto sino una intuición pura porque se me da inmediatamente, no discursivamente, no a través del abstraer la nota común luego de pasar por diferentes representaciones. Se me da como un todo a la vez. El espacio no tiene límites, se extiende indefinidamente:
”El espacio nos es otra cosa que la forma de todos los fenómenos del sentido externo, es decir, la condición subjetiva de la sensibilidad, bajo la cual tan sólo es posible para nosotros la intuición externa.”20. La receptividad del sujeto para ser afectado por objetos es precedente, la forma de todos los fenómenos es dada en el espíritu ante que las percepciones reales.
La exposición metafísica del tiempo, según Kant, nos dice que el tiempo no supone la experiencia, sino que al revés, la experiencia supone al tiempo como condición de la misma; porque la representación del tiempo no se la forma por abstracción de las relaciones temporales sino que éstas tiene sentido solamente si ya suponen el tiempo:” El tiempo es una representación necesaria que está a la base de todas las intuiciones.”21. Podemos pensar en un tiempo vacío, en el cual no haya ningún objeto, pero no es posible representarse ningún fenómeno si no es el tiempo. El tiempo no es un concepto discursivo sino que es una forma pura de la intuición sensible. El tiempo es la forma del sentido interno, es la condición formal a priori de todos los fenómenos en general, el espacio está limitado a los fenómenos externos en cambio el tiempo puede da sentido a nuestra interioridad, a la conciencia reflexiva de nosotros mismos frente a lo que nos rodea y frente a nuestra subjetividad.
Para concluir, Kant nos afirma que el espacio y el tiempo tienen realidad empírica e idealidad transcendental, lo primero quiere decir que el espacio y el tiempo son válidos para todos los objetos que intuimos en al experiencia, y lo segundo, quiere decir que si se hace abstracción de las condiciones de nuestra sensibilidad, el espacio y el tiempo no son nada, porque todo conocimiento es conocimiento de fenómenos, las cosas en sí son incognoscibles: “ Hemos querido decir que nuestra intuición no es nada más que la representación del fenómeno; que las cosas que intuimos no son en sí mismas lo que intuimos en ellas, ni tampoco están constituidas sus relaciones en sí mismas como nos aparecen a nosotros…” 22. El espacio y el tiempo mismo no pueden existir por sí mismos, sino sólo en nosotros. No podemos acceder al conocimiento de las de lo que son las cosas en sí, sólo podemos conocer el modo en que intuimos.
El conocimiento no se construye sólo de intuiciones, éstas son el punto de partida por el cual un objeto nos es dado, pero luego tenemos que pensarlo según su representación. La sensibilidad es la receptividad de nuestro espíritu para recibir representaciones a, en cuanto éste es afectado de alguna manera. El entendimiento es la facultad de producir nosotros mismos representaciones, o la espontaneidad del conocimiento. “Nuestra naturaleza lleva consigo que la intuición no pueda ser más que sensible, es decir, que encierre sólo el modo como somos afectados los objetos" (22)

En cambio es el entendimiento la facultad de pensar el objeto de la intuición sensible.” Si alguna de estas propiedades no se da entonces no hay conocimiento. “Sin sensibilidad, no nos sería dado objeto alguno; y sin entendimiento, ninguno sería pensado. Pensamientos sin contenidos son vanos, intuiciones sin conceptos son ciegas (…) Sólo su unión puede originar conocimiento” 23
La sensibilidad realiza las primeras síntesis al unificar las sensaciones en el tiempo y en el espacio. En la analítica trascendental se va a estudiar la facultad del entendimiento. Del pensar se ocupa la lógica, Kant no construirá una lógica general sino una transcendental, que va a estudiar el pensar puro, es decir, un pensar que se ocupa de los conceptos que se refieran a priori a los objetos. Como antes hablamos de las intuiciones, los conceptos también son empíricos y puros, los primeros derivan de referencias que se dan en la experiencia como “perro”, los segundos, son conceptos que se refieren a objetos pero que son independiente de la experiencia, a los que llama categorías ( de cualidad, de cantidad, de la modalidad, de la relación). La deducción metafísica enseña cuántas y cuáles son las categorías y la deducción transcendental, se ocupa de la validez objetiva de de los conceptos puros. El entendimiento es la facultad de conocer los conceptos, esto es, realizar juicios. El juzgar consiste en enlazar representaciones. Por esta razón, pensar es un acto de síntesis o enlace de representaciones:”Entiendo por síntesis, en el sentido más general, la acción de añadir diferentes representaciones unas a otras y comprender su multiplicidad en un conocimiento”. 24
La deducción transcendental de todos los conceptos a priori tiene pues un principio, hacia el cual debe enderezarse la investigación: que esos conceptos tienen que ser conocidos como condiciones a priori de la posibilidad de al experiencia. Lo múltiple de las representaciones puede ser dado en una intuición, pero el enlace viene dado por la espontaneidad del entendimiento: “Enlace es la representación de la unidad sintética de lo múltiple”.25 Sin embargo para que haya enlace de todas las representaciones, es decir, que todas sean referidas a una conciencia única a un yo único, porque si alguna representación no estuviese referida al yo como actividad pensante, no sería absolutamente nada:” El yo pienso tiene que poder acompañar a todas mis representaciones. (…) La representación que pueda ser dada antes de todo pensar, llámase intuición. Así pues todo lo múltiple tiene una relación con el yo pienso, en el mismo sujeto en donde ese múltiple es hallado.”.26. El principio de la posibilidad de toda intuición respecto a la sensibilidad, era que todo lo múltiple de aquella se halla bajo las condiciones fórmales del espacio y el tiempo; el principio supremo de al intuición respecto al entendimiento es que todo lo múltiple de la intuición se halla bajo las condiciones de al unidad sintética originaria de la apercepción. La unidad trascendental de la apercepción es la que une en un concepto del objeto todo lo múltiple dado en una intuición. Para que halla conocimiento hay que enlazar la diversidad, ésta síntesis, es lo que Kant llama apercepción trascendental, la unidad sintética de la conciencia, la cual es condición bajo al cual tiene que estar toda intuición para llegar a ser objeto para mí, si no lo múltiple no se uniría en una conciencia.

Para concluir con Kant, vamos a hacer referencia al concepto de idea que trabaja en la DIALÉCTICA TRANCENDENTAL. El conocimiento que tenemos no alcanza las cosas en sí mismas, sino que se trata de un conocimiento fenoménico, es decir, lo que conocemos son las cosas como se nos aparecen. Pero esto no supone que nuestro conocimiento sea ilusorio, por el contrario es un conocimiento válido y objetivo de cosas reales no de apariencias, sino de cosas que se nos aparecen:”La dialéctica trascendental se contentará, pues, con descubrir la ilusión de los juicios, trascendentales e impedir al mismo tiempo, que esta ilusión engañe”27.
El conocimiento del hombre no puede alcanzar el absoluto. El entendimiento por su propia naturaleza se ve llevado a realizar síntesis cada vez más amplias, hasta que llega un momento que salta más allá de todo lo que la experiencia nos da. Entonces cuando realiza este salto del entendimiento pasamos en razón que es la facultad de los principios, de lo incondicionado de las ideas:” Entiendo por idea un concepto necesario de razón, para el cual no puede darse en los sentidos ningún objeto congruente”28. Las ideas según Kan (de alma, de Dios y del mundo), brotan de la razón misma, y en este sentido la metafísica es una disposición natural, sin embargo la razón no alcanza jamás lo absoluto. La razón piensa las ideas pero no las puede conocer. No hay intuición ninguna de las ideas, son vacías, son conceptos de la razón referidos a objetos que nunca pueden ser percibidos. Los propone la naturaleza misma de la razón y son trascendentes porque superan los límites de toda experiencia. Son alma, mundo y Dios. Las ideas son representaciones puras, no empíricas, de la Razón, se generan como consecuencia del peculiar funcionamiento de esta facultad cognoscitiva (la búsqueda de lo incondicionado o fundamento último de los fenómenos) y constituyen el objeto tradicional de la metafísica: el alma, el mundo y Dios. No tienen un uso constitutivo sino regulativo: aquello a lo que se refieren (el alma, el mundo como totalidad y Dios) no puede ser objeto de conocimiento (la metafísica no es posible como ciencia) pero sirven como elementos reguladores y directivos de la actividad científica Por esto, la razón cae en paralogismos o contradicciones. En la DIALÉCTICA TRASCENDENTAL, Kant se pregunta si son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica, se pregunta por las condiciones trascendentales de la facultad de la razón. La metafísica pretende un conocimiento de la realidad tal y como es en sí misma, más allá de los límites y las condiciones de la experiencia. Trata del conocimiento noúmeno que se divide en el yo (psicología racional, el mundo (cosmología) y Dios (teología natural). El conocimiento de Dios pretende ir más allá de nuestra experiencia, algo trascendente, fuera del tiempo y del espacio. El yo de la metafísica es el alma como realidad sustancial y el mundo es la sustancia como realidad independiente de nosotros. El conocimiento es una síntesis de la diversidad de las sensaciones en las instituciones y de las instituciones en los juicios. La facultad de la razón lleva esta tendencia unificadora del pensar humano hasta la búsqueda de una síntesis incondicionada de todos nuestros conocimientos. Así, se forma la idea de alma (síntesis incondicionada de los conocimientos fenoménicos de nuestra experiencia interna), se forma la idea de mundo (síntesis incondicionada de los conocimientos fenoménicos de nuestra experiencia externa) y la idea de Dios (síntesis incondicionada de nuestras experiencias interna y externa). La metafísica pretende una aplicación de los principios de la razón más allá del ámbito de la experiencia, por lo que aquí el uso de las ideas trascendentales da lugar a errores, lo que Kant llama la ilusión trascendental.


La metafísica no puede ser una ciencia en cuanto pretende un conocimiento más allá de los fenómenos, aunque si es ciencia en cuanto establece los fundamentos del conocimiento, es decir, como metafísica crítica. Kant estudia los razonamientos engañosos: los paralogismos (se parte de la experiencia interna para afirmar la realidad del alma como la sustancia que es el sujeto de dichos actos. Lo que es condición de la conciencia no puede ser además objeto de la conciencia. Las antinomias (muestra como la razón cae en contradicciones con ella misma cuando pretende extender el conocimiento más allá de los fenómenos, las antinomias son razonamientos que afirman una tesis y su contraria). El ideal de la razón pura pone de manifiesto la incapacidad de la razón para demostrar la existencia o la inexistencia de Dios. El argumento cosmológico y el argumento teleológico se reducen al argumento ontológico, ya que llegan a una causa incausada, que por ser perfecta tiene que existir. Ambos son incorrectos, porque pretenden llegar de un modo ilegítimo desde lo condicionado a lo incondicionado.
Después de todo lo expuesto, habiendo desarrollado como trabaja cada autor el tema de la intuición, se podría concluir, que existe una conexión importante entre Descartes y Kant, en cuanto ambos refieren a la necesidad de la intuición como punto de partida para el conocimiento. Para Descartes, hay una relación entre lo intuitivo y lo deductivo, la intuición está conectada a ideas innatas puestas por la mano divina, habría un orden divino y a la vez un orden abstracto en el concepto. La primer intuición es el ”yo pienso, luego existo” que será también el fundamento del conocimiento y de toda certeza. Para Kant, además de la necesidad de un objeto en el razonamiento matemático, se establece la necesidad de una construcción del conocimiento a partir de intuiciones puras. La noción de intuición va ligada a la de construcción. El “yo “en Kant, aparece de dos formas, empírico y puro, el primero es el sujeto empírico tal como se ofrece a la experiencia, el yo como realidad fenoménica, sometido al tiempo y la espacio; el segundo, es el sujeto transcendental, el yo en la medida de que es condición de posibilidad última de toda la síntesis de conocimiento. El “yo existo” en Descartes, es una cosa en sí, existe como una sustancia absoluta, cuya existencia no depende de ninguna condición.

Según, Morente, “Kant llama transcendental a la condición en la que descubro un objeto para convertirlo en objeto cognoscible: Y el primer trámite en la posición de esta correlación objeto-sujeto, consiste en que en que el sujeto imprime en el objeto las formas de espacio y tiempo. Las formas de espacio y tiempo no son trascendentales, no son propiedades de las cosas, sino que son propiedades que las cosas tienen porque el sujeto con ánimo de conocerlas, las ha puesto en el objeto. (…) Entonces diremos que Kant ha echado sobre las cosas en sí (que vanamente venían persiguiendo los idealistas desde Descartes), una definitiva sentencia de exclusión. Las cosas en sí no las hay; y si las hay, no podemos de ellas decir nada…”29 Finalizando, en la filosofía moderna el “yo” va a ocupar un puesto central, el sujeto se convierte en el centro en torno al cual girarán todos los problemas. El espíritu de objetividad será suplantado por la subjetividad. Todo fenómeno es creación nuestra, más allá del fenómeno nada existe. No se trata de que las facultades del yo sean legisladoras sino productoras de la realidad misma. El idealismo justamente se caracteriza por no alcanzar el ser y moverse en un mundo de pura posibilidad.


Conclusión:
Tanto en Kant como en Descartes, el punto de partida para la construcción del conocimiento es la intuición, por esta razón, podemos decir que reflejan a través de la teoría gnoseológica la característica más importante de la filosofía moderna que es la subjetividad, ya que la intuición no es una cualidad de la cosa sino que le pertenece al sujeto, para los dos pensadores la construcción del saber se da porque el sujeto posee esta intuición que va a permitir conocer los objetos, pero Descartes nos habla de intuición intelectual como una propiedad del espíritu y Kant nos habla de intuición pura como forma de la sensibilidad y de intuición empírica como conjunto de percepciones. Igualmente, a pesar de algunas diferencias, la similitud que aparece es que le dan al sujeto el lugar central en la construcción del conocimiento. Aunque Kant, va a intentar superar la concepción dogmática de afirmar a la razón como la única poseedora del saber, puesto que va a demostrar la importancia de la facultad sensible para el conocimeinto de los fenómenos. El entendimiento da forma a la realidad, el sujeto hace de las cosas fenómenos para luego convertirlos en objeto de conocimiento.


Notas:
1-Descartes, Regla 1 Reglas para la dirección del espíritu.
2- Regla III. Ibíd.
3-Regla IV: Ibídem.
4-Discurso del Método
5-Regla III. Ibídem.
6-Regla III. Ibídem.
7- Meditaciones Metafísicas, la 3era Medit.-
8-Regla IV. Ibídem (I)
9- Regla XII. Ibídem (1)
10-Primera Meditación. Ibídem (7)
11- Segunda Meditación.
12- Ibídem (7)
13-Ibídem (4)
14-Ibídem (7)
15- Kant: Crítica de la razón pura. (Introducción. De la distinción del conocimiento puro y empírico).
16-Introducción VII. Ibídem (15)
17-Estética Transcendental. Ibídem (15)
18-Ibídem (17)
19-Ibídem (17)
20- Ibídem (17)
21-Ibídem (17)
22-Ibídem (17)
23- Analítica transcendental. Ibídem (15)
24- Tercera sección. Ibídem (23)
25-Deducción transcendental de lso conceptos puros del entendimiento. Ibídem (23)
26-Ibídem (25)
27-Dialéctica transcendental-28-Ibídem (27)
29-García Morente: Lecciones preliminares de filosofía. Lección II.


Bibliografía:
Descartes: Discurso del método, Alianza Editorial, Madrid 1995.
Descartes: Reglas para la dirección del espíritu, Alianza Editorial, Madrid, 2003.
Descartes: Meditaciones Metafísicas, Alianza editorial, Madrid, 2005.
Kant: Crítica de la razón pura. Edit. Colihue, Bs. As., 2007.
Morente: Lecciones preliminares de filosofía. Edit. Losada, Bs. As., 1983.
Ángel González Álvarez: Manual de historia de la filosofía. Edit. Gredos, Madrid, 1960.
Ferrater Mora: Diccionario de filosofía. Edit. Ariel, Barcelona, 1994