29 oct. 2010

Lenguaje, Pensamiento y Realidad.


Gottfried Leibniz
1 de julio de 1646 - Hannover, 14 de noviembre de 1716

La búsqueda de Leibniz tienen por objeto la concepción, más propia de la Lógica, de una lengua o escritura Universal; por ello la necesidad de hallar el alfabeto de la ciencia; Leibniz busca elementos primitivos que le permitan formar una característica universal, para él, el número es el elemento más primitivo y claro, cree que las nociones primitivas (ideas innatas) se pueden simbolizar por medio de caracteres.
Leibniz llama ‘ característica” a su pretensión de formar una lengua independiente y universal, dotada de una estructura racional, los conceptos complejos serán, o bien producto de combinaciones entre los signos de las nociones simples, o bien producto de operaciones matemáticas entre características que representan las nociones simples; este lenguaje universal podría servir a las ciencias como la metafísica pero no en el caso de la moral.
Leibniz pretende construir un "sistema de razones" obtenido a partir de la combinatoria de términos primitivos y reglas que permitan la formación de una característica universal; pero, para formar palabras debe establecer reglas de transformación y/o sustitución de los componentes primitivos para la conformación de un órgano que favorezca el conocimiento para toda la humanidad.
Considera dentro del primer grupo de verdades, las verdades matemáticas y de la lógica pura por ello busca, para el saber, un lenguaje parecido al de la matemática porque esta, pertenece al reino de la identidad y lo propio de esta ciencia es la transformación de esas identidades.
Leibniz utilizaría el procedimiento matemático, pero sin el número, solo la utilización de su función para la combinación de los caracteres que lo componen, en la disposición o conexión de dichos caracteres y el análisis de los mismos, ya que, siguiendo las reglas puede considerarse la Verdad o Falsedad de la proposición, en la matemática no es necesario ir a las cosas sino que la Verdad se demuestra siguiendo las reglas.
Hay equivalencia entre aquellos caracteres o fórmulas que se pueden sustituir mutuamente sin violar las leyes de cálculo, se dan otras relaciones, por ejemplo: inclusiones, semejanzas y determinaciones.
Podemos cambiar a gusto el sistema de signos sin que por esto cambien la verdad, ni dependa de nuestro arbitrio, cualquiera sean los caracteres elegidos ha de haber un orden en esos caracteres, y sólo uno, que sea verdadero, es decir, que corresponda al orden real de las cosas. Hay una cierta analogía entre objetos, realidad y los diversos sistemas de caracteres
Los caracteres no consisten en lo que tiene de arbitrario sino en lo que es verdadero y no depende de nuestro arbitrio, es decir, en la relación de ellos con las cosas, puesto que ha de producirse el razonamiento determinado si son empleados tales caracteres o igualmente si son empleados otros, pero siempre que se conserve la relación resultante de la relación de caracteres que parece cuando se sustituye o se comparan; esto podemos relacionarlo con las propiedades mismas de los números que son relativas al sistema de numeración y, por consiguiente, tienen un caracteres accidental y no esencial , de ningún modo son arbitrarias, son verdades eternas y necesarias
Leibniz hace una diferencia entre Verdades necesarias y verdades contingentes; las verdades necesarias son aquellas que necesariamente son asi, no se puede pensar de otra manera como por Ej. _Todo triangulo tiene tres lados_ no hay otra posibilidad de pensar un triangulo que no sea con tres lados, las verdades contingentes, pueden ser posible, pero puede no serlo.
También hay que tener en cuenta la estructura lógica clásica del pensamiento, es decir el pensamiento humano, no admite que `P y no P` es Verdadero o que `P y no P es Falso; no hay otra posibilidad de pensar.

3 comentarios:

Liliana dijo...

Hola, Isabel
La entrada sobre el pensamiento de Leibniz me parece un poco trivial. Hace referencia a varias cuestiones, pero ninguna trabajada en profundidad. Incluso algunas, tal como están presentadas, pueden dar lugar a equívocos. Por ejemplo, ¿cómo podría caracterizarse a la diferencia entre lo necesario y lo contingente o entre verdades necesarias y verdades contingentes? Creo que Leibniz, en los escritos que estuvimos viendo, hace referencias explícitas para aclarar su pensamiento. Nos seguimos leyendo

sophia dijo...

Hola Liliana, chicos.
El conocimiento humano se compone de unas verdades que llamamos "de razón" y de otras verdades que llamamos "de hecho", las verdades de razón son aquellas que enuncian que algo es de tal modo, que no puede ser más que de ese modo; en cambio las verdades de hecho son aquellas que enuncian que algo es de cierta manera, pero que podría ser de otra. O para decirlo de otro modo; las verdades de razón son aquellas verdades que enuncian un ser o un consistir necesario; mientras que las verdades de hecho son aquellas verdades que enuncian un ser o un consistir contin¬gente.
Leibniz, en sus Nuevos Ensayos, recuerda la teoría de la reminiscencia, de Platón, aquel diálogo en que Sócrates llama a un esclavo joven, Menón, para demostrar a sus oyentes que ese niño también sabía matemáticas sin haberlas aprendido, porque las matemáticas surgen, nacen en el espíritu por puro desenvolvimiento de los gérmenes racio¬nales que hay en él, y en este sentido seminal, genético, germinativo, puede de¬cirse que las verdades de razón son innatas. No son producto de la experiencia.
Si las verdades de razón fuesen oriundas de la experiencia, serían oriundas de hechos, por¬ que la experiencia son hechos; y si fueran oriundas de he¬chos, serían tan contingentes como las verdades de hecho.
La teoría de Leibniz sobre el origen de las ver¬dades de razón descubre lo que a partir de él, y sobre todo en Kant, vamos a llamar "a priori", que quiere decir, en razonamientos filosóficos, “independiente de la experiencia”.
Entonces, las verdades de razón se desarrollan en nuestro espíritu, sin necesidad de haber sido impresas en nosotros por la experiencia sino, independientes de ella.
Las verdades de hecho sí son oriun¬das de la experiencia; no tienen otro origen; son, en efecto, producidas por la experiencia; están impresas en nosotros por medio de la percepción sensible. Estas verdades, son contingentes, no son necesarias, pero, no por eso carecen de cierta objetividad; son objetivas; enuncian también lo que el objeto es; nos dicen la consistencia del objeto. Pero eso que el objeto es, esa consistencia del objeto que es, en efecto, el contenido de las verdades de hecho, constituye un conocimiento de segundo orden, un conocimiento inferior. El ideal del cono¬cimiento es el conocimiento necesario, el conocimiento que nos suministran las verdades de razón.
Las verdades de hecho tienen una base en el principio de razón suficiente. Una verdad de hecho está fundada, en tanto en cuanto podemos buscar y dar la razón de por qué es así.
Una causa que no necesitase a su vez de la aplicación del principio de razón suficiente, sino que fuese una causa que ya constituyese, dentro de sí, la nece¬sidad; es decir, que fuese al mismo tiempo un hecho y una verdad de razón. Es Dios. Por consiguiente, en Dios no hay verdades de hecho y verdades de razón: todas son verdades de razón.
Un saludo para todos.

sophia dijo...
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