29 oct. 2010

John Locke "Ensayo Sobre el Entendimiento Humano" -Libro III - por Lucía Delgado y Georgina Ferrara. -Historia de la Filosofía Moderna-

Locke no se dedica a examinar el empleo del intelecto humano con respecto a determinados sectores o ámbitos del conocimiento, sino que estudia el intelecto en sí mismo, sus capacidades, sus funciones y sus límites. Por lo tanto, no se trata de examinar los objetos, sino al mismo sujeto.
Sujeto y objeto son los dos componentes para el conocimiento, el objeto es la imagen representada por el sujeto, pero a su vez esta imagen se expresa a través de la palabra.
La representación puede ser mas o menos cierta, pero no mas o menos verdadera. Esa representación para el sujeto se expresa a través del lenguaje. Y si me represento una idea clara y distinta la palabra también va a ser clara y distinta.
Locke encuentra la fuente de la representación verdadera, que está en el interior mismo. La encuentra en un lenguaje universal. El lenguaje es la manera que tengo de representar mi mundo.
Ahora bien, en las siguientes líneas se llevará a cabo un resumen del Libro III, del “Ensayo sobre el entendimiento humano,” en donde, en palabras de Locke, se desarrolla, mas ampliamente, lo antes abordado, lo cuál nos ayudará a comprender la cuestión del lenguaje y la relación entre las palabras y las ideas, eje que abarca el ya nombrado Libro III.
RESUMEN.
Acerca de las palabras o del lenguaje en general.
El hombre tiene disposición para formar sonidos articulados. Fue Dios, quién dotó al hombre de un lenguaje, que es el instrumento y vínculo común con la sociedad, debido a que el hombre por necesidad debe relacionarse con los de su propia especie. Por esto, el hombre tiene por naturaleza sus órganos dispuestos de tal manera que está en disposición de emitir sonidos articulados a los que llamamos palabras.
Además de los sonidos articulados, se hizo necesario que el hombre fuera capaz de usarlos como concepciones internas, y que justamente estos sonidos se pudieran establecer como señales de las ideas alojadas en su mente, de tal manera que los pensamientos de las mentes de los hombres se comunicaran de unas a otras.
No es suficiente para la perfección del lenguaje con que los signos se puedan convertir en signos de ideas, a no ser que esos signos se puedan usar de manera tal que puedan abarcar varias cosas particulares. Para remediar este inconveniente, el lenguaje ha tenido un mayor perfeccionamiento en el uso de términos generales, por el que una palabra se hizo para señalar una gran cantidad de existencias particulares.
Las palabras se derivan, en última instancia, de otras que significan ideas sensibles, con esto se señala la dependencia que tienen nuestras palabras con respecto a las ideas simples comunes.
Para dar nombres que pudieran comunicar a otro, cualquier operación que sentían en sí mismos, o cualquier idea no proveniente de sus sentidos, necesitaron hacer uso de palabras, de ideas, de sensaciones comúnmente conocidas, para poder hacer concebir a los otros, esas operaciones que experimentaban en sí mismos y entonces cuando ya tenían nombre para significar esas operaciones internas de sus propias mentes, ya se encontraban suficientemente dotados para dar a conocer por medio de palabras todas sus ideas.
Para comprender mejor el uso y la fuerza del lenguaje, en cuanto servidor de la instrucción y del conocimiento, será conveniente tener en cuenta:
  • A qué se aplican, en el uso que se hace del lenguaje, los nombres.
  • Puesto que todos los nombres (a excepción de los propios) son generales y no significan particularmente esta o aquella cosa singular, sino las clases y rangos de las cosas, será necesario tener en cuenta, qué son las especies y géneros de las cosas.
Una vez delimitado esto, se podrá determinar mejor el uso correcto de las palabras, las ventajas y defectos del lenguaje, los remedios que deben emplear para evitar los inconvenientes en la significación de las palabras.
Acerca de la significación de las palabras.
Las palabras son signos sensibles, necesarios para la comunicación de ideas.
El hombre, aunque tenga gran variedad de pensamientos, y de tal clase que de ellos otros hombres, al igual que él, puedan recibir provecho y satisfacción, sin embargo tiene esos pensamientos, escondidos o invisibles, a la mirada de los demás hombres. Pero como el confort y progreso de la sociedad no podrían lograrse sin la comunicación de los pensamientos, se hizo necesario que el hombre encontrara unos signos externos sensibles, por lo que esas ideas invisibles, de las que están hechos sus pensamientos, pudieran darse a conocer a los demás hombres. Y para cumplir este fin, nada más a propósito, que aquellos sonidos articulados de los que se encontró dotado.
Las palabras adaptadas por naturaleza a aquel fin, llegaron a ser empleadas por los hombres para que sirvieran de signos de sus ideas. De esta forma, el uso de las palabras consiste en que sean las señales sensibles de las ideas, y que las ideas que se significan por aquellas son su significación propia e inmediata.
Dado que el uso que los hombres hacen de esas señales es o para registrar sus propias ideas en auxilio de las ideas, o, por así decirlo, para extraer sus ideas y exponerlas a la vista de los demás hombres, las palabrea significan, las ideas que están en la mente del que las emplea, por muy imperfecta que esas ideas se hayan recogido de las cosas que se suponen representan. La finalidad del habla consiste en que aquellos sonidos puedan, dar a conocer sus ideas al oyente. Resulta, por tanto, que las palabras son las señales o signos de las ideas del hablante. Las palabras son signos voluntarios, no pueden ser signos voluntarios impuestos por el que desconoce las cosas, debido a que ello supondría hacerlas signos de nada, sonidos sin significación.
Las palabras, sin embargo, hacen también referencia a otras dos cosas:
  • Ellos suponen que las palabras son también señales de las ideas en las mentes de otros hombres con los que se comunican. Los hombres no reparan en si la idea que tienen en la mente es la misma que la del que dialoga con ellos, sino que se dan por satisfechos con pensar que es suficiente con pensar las palabras. Piensan que la idea de la que han hecho un signo a esa palabra es precisamente la misma a la que aplican ese nombre los hombres entendidos de ese país.
  • Las palabras, por el uso, provocan las ideas de los objetos. Por tanto, conviene tener en cuenta, en lo que se refiere a las ideas, lo siguiente:
Primero, sucede que por el uso constante, llegan a establecer cierta conexión entre los sonidos y las ideas que significan.
Segundo, dado que la significación propia e inmediata de las palabras son las ideas en la mente de los hablantes.
Muchas palabras se aprenden antes de conocer las ideas que significan, algunos, pronuncian palabras como los loros, tan solo porque las han aprendido y se han acostumbrado a sus sonidos. Pero desde el momento en que las palabras son útiles y significativas, hay una conexión constante entre el sonido y la idea y la indicación de que la una está significada por la otra. Sin esta aplicación de las palabras, ellas no son nada, sino meros ruidos sin significación.
Las palabras llegan a provocar en los hombres ciertas ideas, que estos se inclinan a suponer que existe una conexión natural entre unas y otras. Pero solo significan las ideas particulares de los hombres y ello por una imposición totalmente arbitraria, resulta evidente por el hecho de que con frecuencia las palabras dejan de provocar en otros, las mismas ideas que habíamos tomado por signos. Y todo hombre tiene una inviolable libertad para hacer que las palabras signifiquen las ideas que quiera, pues nadie tienen el poder de hacer que otros tengan en sus mentes las mismas ideas que él tiene, cuando usan las mismas palabras que él. Una cosa es cierta: que su significación, en el uso que se hace de ellas, está limitada a sus ideas y no pueden ser signos de ninguna otra cosa.
De los términos generales.
En primer lugar, la significación y el uso de las palabras dependen de la conexión que la mente establece entre esas ideas y los sonidos que utilizan como signos, es necesario, en la aplicación de los nombres a las cosas, que la mente pueda tener ideas distintas de las cosas y retener el nombre particular a esa idea.
En segundo lugar, los hombres aprenden nombres y los usan en la conversación con otros hombres, tan solo para que se les entienda, lo cual, por el uso o el consenso, el sonido que mis órganos del habla producen, provoca en la mente de quien lo escucha la idea a la que lo aplico en la mía, cuando hablo.
En tercer lugar, convendría además advertir que un nombre para una cosa particular no sería de gran utilidad para el desarrollo del conocimiento, el cual, aunque esté fundado en las cosas particulares, se amplía por concepciones generales, a las que las cosas quedan sujetas, reducidas a clases bajo nombres genéricos. Además de las personas, se le dan con frecuencia estos nombres a los países, los ríos, las montañas y otras clases parecidas de lugares y ello por las mismas razones, puesto que se trata de cosas que los hombres tienen que señalar con frecuencia de manera particular.
Ahora, ¿cómo llegamos a forjar términos generales, o en qué lugar encontramos esas naturalezas generales que se suponen están significadas por esos términos? Las palabras se llegan a hacer generales porque son los signos de las ideas generales, y las ideas se convierten en generales cuando se separan de las circunstancias de tiempo y lugar y de cualquier otra idea que pueda determinarlas a ellas, a esta o aquella existencia particular.
En cuanto al origen de nuestras nociones y nombres, nada resulta más evidente que las ideas que se forman los niños sobre las personas que tienen trato con ellos. La idea de la nodriza y de la madre está perfectamente grabadas en sus mentes y representan, como si se tratase de retratos a esas personas, tan solo a estos individuos. Los nombres que ellos escuchan por ves primera se limitan a designar a estos individuos, que el niño emplea, únicamente designan a estas personas. Después, cuando en virtud del tiempo y el trato prolongado observa que existen en el mundo muchas otras cosas y se hace una idea en la que descubre que participan todos esos individuos y a los que, por ejemplo, dan el nombre de hombre, como los demás. Y de esta manera llegan a tener un nombre general y una idea general, en ella, éstos no inventan nada nuevo, sino que abandonan los aspectos parciales o particulares de cada una de estas personas, Pedro o Jaime, María o Juana, dejándolos al margen de la idea compleja y reteniendo tan solo lo que es común a todas ellas.
Vale decir, que nuestras ideas complejas se definen por las propiedades contenidas en ellas. De la misma manera en que llegan a adquirir el nombre general y la idea de hombre, pues las distintas cosas que difieren en la idea de hombre, y que no podría quedar bajo un mismo nombre, pero que, sin embargo, tienen ciertas cualidades que también convienen al hombre, manteniéndolas como solo una idea, han forjado otra idea aún mas general, a la que asignan un nombre, que convierten en un termino de una extensión mas comprensiva. Y esta idea se logra dejando al margen la forma y algunas otras propiedades que se incluyen en el termino hombre.
En cuanto al uso del género en las definiciones; la definición consiste en hacer que otro comprenda por las palabras cuál es la idea significada por él termino que se define, una definición será más perfecta si se enumeran aquellas ideas simples que sé que están combinadas en la significación del termino definido, y si, en lugar de dicha enumeración, los hombres se han habituado a emplear el termino general mas próximo, no ha sido por una necesidad, o en virtud de una mayor claridad, sino por mayor comodidad y rapidez.
Para volver a las palabras generales, es claro, que lo general y universal no pertenecen a la existencia real de las cosas, sino solo a los signos, sean palabras o ideas. Como ya se dijo, las palabras son generales cuando se usan como signos de ideas generales y de esta manera se pueden aplicar a muchas cosas particulares y las ideas son generales cuando se forman para representar muchas cosas particulares. Pero la universalidad no pertenece a las cosas mismas, todas las cuales son particulares en su existencia, por ello cuando abandonamos lo particular, las generalidades que quedan, o sea, en su naturaleza general no es mas que la capacidad que se les otorga por el entendimiento de significar o representar muchas cosas particulares. Porque su significación no es sino una relación que la mente humana les añade.
Acontece, que lo que las palabras generales significan es una clase de cosas, y cada una de ellas significa eso por ser el signo de una idea abstracta que tenemos en la mente, y dicha idea, en tanto en cuanto las cosas existentes se conforman a ella, caen bajo ese nombre, o son de esa clase
Se deduce que la idea abstracta que el nombre significa y la esencia de la especie es todo uno y lo mismo. Las esencias de las clases de cosas, y su clasificación, es obra del entendimiento que abstrae y forja esas ideas generales.
Pues cuando decimos este es un hombre, eso es un caballo, esto es la justicia, aquello la crueldad, qué es lo que hacemos sino clasificar las cosas bajo diversos nombres específicos, en tanto en cuanto dichas cosas se conforman con aquellas ideas abstractas de las que las hemos hecho signos.
Esas ideas abstractas constituyen el medio que establece su unión, así que la esencia de las especies, tal como las distinguimos y denominamos, no pueden ser otra cosa que esas ideas abstractas que tenemos en la mente.
Así que, cada idea abstracta distinta es una esencia abstracta distinta y los nombres que se usan para tales ideas distintas son los nombres de cosas esencialmente diferentes.
Acerca de las partículas.
Las partículas ligan partes de las frases, o las frases enteras. Además de las palabras que son nombres de ideas en la mente, hay otras que se usan para significar la conexión que establece la mente entre las ideas o las proposiciones. La mente no solamente necesita, al comunicar sus pensamientos a los demás, signos de las ideas que tienen o ha tenido, sino que, además, tiene necesidad de otros signos para mostrar o insinuar alguna acción suya particular, que en ese momento se relaciona con sus ideas. Pero además, la mente al aclarar sus sentimientos a los demás, conecta no solo las partes de las proposiciones, sino frases enteras, unas con otras, con sus diversas relaciones y dependencias, para lograr un discurso coherente.
En el recto uso de estas partículas consiste el arte del bien hablar. Las palabras son generalmente denominadas partículas; y es en su uso correcto en lo que consiste mas particularmente la claridad y belleza de un buen estilo. Para pensar bien no basta con que un hombre tenga ideas claras y distintas en sus pensamientos, sino, que se necesita que piense con ilación y que observe la dependencia de sus pensamientos y sus razonamientos, los unos con los otros. Y para expresar de una forma correcta tales pensamientos, metódicos y racionales, deberá emplear palabras que muestren la conexión, que establece en cada parte respectiva de su discurso.
Acerca de la imperfección de las palabras.
Las palabras se usan para registrar y comunicar nuestros pensamientos. Para examinar la perfección o imperfección de las palabras es necesario considerar, su uso y finalidad, porque en la misma forma en que puedan alcanzar eso, así serán más o menos perfectas.
Primero, para el registro de nuestros propios pensamientos.
Segundo, para comunicar nuestros pensamientos a los demás.
En cuanto al primero de estos dos fines, cualesquiera de nuestras palabras sirven. Pues como los sonidos son signos voluntarios y diferentes de cualesquiera ideas, un hombre puede usar las palabras que quiera para significar sus propias ideas para sí mismo, y no habrá imperfección en ellas si se usa de manera constante el mismo signo para la misma idea, ya que entonces tendrá que entenderse el sentido de su mensaje, que es en lo que consiste el uso correcto y la perfección del lenguaje.
En segundo lugar, la comunicación por las palabras también tiene un doble uso:
  • Civil.
  • Filosófico.
Primero, por uso civil quiero decir esa comunicación de pensamientos e ideas por medio de palabras, en cuanto sirve para el mantenimiento de la conversación común y del comercio, sobre los asuntos y conveniencias de la vida civil, en las sociedades de los hombres, los unos entre los otros.
Segundo, por uso filosófico, un uso tal que de ellas que pueda servir para comunicar las nociones precisas de las cosas y para expresar en proposiciones generales las verdades ciertas e indubitables, en las que la mente se satisfaga en su búsqueda de un conocimiento verdadero.
La imperfección de las palabras es la ambigüedad de su significado, que es producto de la clase de ideas que significan. Siendo la finalidad del lenguaje en la comunicación el ser entendido, las palabras no sirven adecuadamente para este fin, ni en el discurso civil ni en el filosófico, cuando una palabra cualquiera no suscita en el oyente la misma idea que significa en la mente del hablante. La duda de incertidumbre en su significación tiene su causa mas bien en las ideas que significan que en alguna incapacidad que hubiera en un sonido mas que en otro para significar cualquier idea. Entonces, lo que hace que algunas palabras sean más dudosas o inciertas en sus significados es la diferencia de las ideas que significan.
Los nombres de los modos mixtos son susceptibles de gran incertidumbre y oscuridad en su significación, a causa de la composición que ofrecen las ideas complejas. Cuando una palabra significa una idea compleja no resulta fácil que los hombres retengan y se formen a esta idea de manera exacta. De aquí se deduce que rara ves, los hombres cuando han dado nombre a ideas complejas, tienen la misma significación.
Acerca del abuso de las palabras.
Además de la imperfección que se encuentra de manera natural en el lenguaje y de la oscuridad y confusión que es tan difícil de evitar en el uso de las palabras, hay algunas fallas intencionales y negligencias de que los hombres son culpables, en esta manera de la comunicación, por las que hacen que estos signos sean menos claros y distintos en su significación de lo que naturalmente deben ser.
El primer abuso consiste en el empleo de palabras sin ideas claras y distintas, o el de signos sin ninguna cosa significada. Se pueden advertir, en todos los lenguajes, ciertas palabras que, no significan ninguna idea clara y distinta en su uso apropiado y en su origen. Estas, han sido introducidas por las diversas sectas de la filosofía y de la religión. Porque sus autores, o bien por defender opiniones extrañas o por ocultar alguna debilidad de sus hipótesis, no es de extrañar que en el uso vulgar que hacen sus partidarios, no serán sino signos vacíos, con ninguna o muy escasa significación.
Luego, hay otros abusos, los cuales, emplean con frecuencia palabras que la propiedad del lenguaje ha unido a ideas muy importantes, sin ningún significado realmente establecida.
Esto es debido a que los hombres aprenden, los nombres antes de tener las ideas que les pertenecen y continúan a lo largo de toda su existencia haciendo lo mismo y sin realizar los esfuerzos necesarios para fijar en sus mentes determinadas ideas, emplean sus palabras para significar sus confusas nociones, contentándose a sí mismo con las mismas palabras que los demás, como si estos sonidos llevaran el mismo significado. Así, ocupa de manera evidente sus discursos con una abundancia de ruidos ininteligibles y palabrería vana. Son con frecuencia meros sonidos.
Otro gran abuso de las palabras es la inconstancia en su uso. Siendo la finalidad de las palabras el ser signos de mis ideas, para comunicarlas a los demás, no por ninguna significación natural, sino por una imposición voluntaria, resulta de un gran abuso, el que algunas veces signifique una cosa y en otras ocasiones otra distinta.
Otro de los abusos del lenguaje consiste en una oscuridad afectada, bien, aplicando a las palabras significaciones nuevas o desusadas, o bien introduciendo términos nuevos o ambiguos, sin definirlos o poniéndolos juntos, de modo que su significado usual resulte confuso.
No resulta extraño que los filósofos de la antigüedad y más tarde los escolásticos encontraron en la Sutileza, un buen motivo para encubrir su ignorancia, mediante un juego de palabras confusas y para procurarse la admiración de los demás por medio de términos ininteligibles, capaces de producir asombro cuanto más difícil resultan de comprenderse.
Este arte de apartar a los demás del verdadero conocimiento se ha propagado en el mundo. Pues, otros hombres bien intencionados muy sabios, cuya educación y circunstancia no les ha permitido hacer uso de esa “sutileza”, pueden comunicarse de manera inteligible con los demás y beneficiarse del lenguaje en su uso normal y así, esclarecer el entendimiento.
Entonces, no han hecho más que confundir la significación de las palabras y de esta manera han hecho del lenguaje algo menos útil.
Locke propone que el genero humano, haga un uso de las palabras llano y directo y que el lenguaje que nos ha sido dado para perfeccionar el conocimiento y unirnos a la sociedad, no se empleara en destruir la verdad y camuflar los derechos de los pueblos.
Los fines del lenguaje son:
  • Dar a conocer los pensamientos de un hombre o sus ideas, a otro.
  • Hacerlo con mayor facilidad posible.
  • Trasmitir el conocimiento de las cosas.
En cuanto al último punto, no existirá conocimiento de las cosas y el mismo no se trasmitirá en palabras, si las ideas de los hombres no se ajustan a la realidad de las palabras.
El hombre que tenga en cualquier lenguaje palabras que no correspondan con ideas que este en su mente posee, solo emitirá ruidos sin sentido, en tanto éstas, cuando las use en su discurso y además su conocimiento no avanzará, sus palabras serán sonidos vacíos.
Se deberá emplear constantemente el mismo signo para una misma idea.
El que use palabras de cualquier lenguaje para significar ideas diferentes, a las palabras que se aplican habitualmente en ese país, no podrá por medio de esas palabras diferentes a las habituales, comunicar nada a los demás. Para hacerlo, antes deberá definir sus términos dando a conocer, eficazmente sus pensamientos.
Quien tenga ideas complejas sin nombres, carecerá de libertad en sus expresiones, será mal interpretado y no será comprendido.
Quien aplique nombres a ideas diferentes de las del uso habitual, carecerá de propiedad en su lenguaje y este se convertirá en una jerga sin sentido.
En cuanto a los modos y relaciones están expuestos a inconvenientes, se puede tener en la memoria nombres de modo, ejemplo: gratitud y caridad, careciendo de ideas. También se puede tener la idea y no conocer la procedencia de su nombre.
No se puede en el caso de los modos y las relaciones tener ideas incompatibles con la existencia de las cosas, porque los modos “son ideas complejas forjadas por la mente a su gusto” y las relaciones “son la manera de considerar o comparar las cosas entre sí”.
Otro abuso es el de las expresiones figuradas, esto se ve en la retórica y solo sirven para insinuar ideas equivocadas, mover pasiones, para seducir el juicio.

2 comentarios:

sophia dijo...

Hola, muy claro el trabajo chicas.
Se puede ver que el tema principal de la obra filosófica, “Ensayo del entendimiento humano”, aparecido por primera vez en 1690, es, probablemente, la obra más conocida de John Locke. Se divide en cuatro libros ("De las nociones innatas", "De las ideas", "De las palabras", "Del conocimiento") y ofrece, principalmente, la epistemología del autor.
El propósito de Locke es "investigar el origen, certidumbre y alcance del conocimiento humano, juntamente con las razones y los grados de creencia, opinión y asentimiento" y nos dice que el entendimiento es como un gabinete vacío que va siendo "amoblado"; es como una tabla rasa en la cual la experiencia va "escribiendo"
Respecto al tema de las Ideas, Locke entiende por 'idea' todo "fenómeno mental" independientemente de cualquier posible afirmación o negación: ideas son "aprehensiones" o "representaciones" de cualquier clase, que, justamente aparecen en el "papel en blanco, libre de caracteres" que es el entendimiento, como materiales de la razón y del conocimiento.
Ahora bien, las ideas pueden ser de sensación: proceden de la experiencia externa (como las expresadas por 'amarillo', 'blanco', 'cálido', etc.) o de reflexión: proceden de la experiencia interna (como las expresadas por
'pensar', 'dudar', 'creer', 'razonar', 'querer', etc) su única fuente es la experiencia.
Según Locke, puede haber también ideas de sensación y a la vez de reflexión, como las de 'placer', 'dolor', 'existencia' y 'fuerza'.
Gradualmente el entendimiento va adquiriendo familiaridad con las ideas particulares. Algunas de éstas se alojan en la memoria y se les da nombres; de ese modo el entendimiento va siendo “amoblado” con ideas y con el lenguaje, que son los materiales acerca de los cuales el hombre ejercita su facultad discursiva, hay que tener en cuenta que el hecho de que haya una idea no está necesariamente relacionado con el hecho de que haya un término para designarla.
En cuánto a la idea de Dios, para Locke no es una idea innata (como en Descartes) lo que impide que podamos contemplar de un modo evidente su existencia. Ello no quiere decir, sin embargo, que no pueda ser demostrada. Locke afirma que Dios nos dotó de una serie de facultades (inteligencia, lenguaje, memoria) que pueden convertirse en excelentes medios para descubrirlo y conocerlo. Tal tarea requiere meditación y atención, pero, al mismo tiempo no necesitaríamos ir mucho más allá de nosotros mismos para conocer su existencia. Y es que, según Locke, del conocimiento intuitivo e indubitable que tenemos acerca de nosotros mismos podrían deducirse poderosas razones que nos demuestren la existencia de Dios. Por lo tanto, a partir de lo que el hombre sabe sobre sí mismo sería posible demostrar la existencia de Dios. Para Hume la no existencia de un objeto correspondiente a una idea no es algo contradictorio con dicha idea: no es absurdo que no existan los triángulos, ni las mesas, ni tampoco Dios.
La epistemología de Hume, también, se funda en buena parte, en la doctrina de la conexión o asociación de ideas
Este comentario está fundamentado con información del diccionario de filosofía de Ferrater Mora.
Saludos.

Liliana dijo...

Hola, chicas
Muy exhaustivo el estudio sobre el papel de las palabras en la gnoseología de Locke. Creo que el comentario de Isabel apunta más que nada a clarificar la relación entre las ideas y el entendimiento, si bien el tema que está muy bien trabajado por Georgina y Lucía analiza las cuestiones del lenguaje que se ven imbricadas en la problemática del conocimiento humano. Esto es, de cómo las palabras, en algunos casos, en lugar de abrir la senda que nos permita el acceso a la verdad, se presentan como obstáculos, a partir del malentendido que generan entre los hablantes de un lenguaje "común".
Creo que si focalizamos la presentación de Locke en el tema del origen de las ideas, perdemos de vista la riqueza de su reflexión en torno al lenguaje.
nos seguimos leyendo