1 mar. 2010

Monografia:Historia de la Filosofia Moderna

I.S.F.D. Nº 129
Profesorado de filosofía
Materia: Historia de la filosofía Moderna.
Profesora: Lic. Liliana Ponce.
Alumno: Álvaro Vázquez.

Dios en la filosofía Moderna.
La tematización de Dios es central en la filosofía Medieval, a punto de considerársela como ancilla theologae (sierva de la teología), con el advenimiento de la Modernidad se dan una serie de acontecimientos que cambiarán esta situación.
La época posterior al renacimiento se constituye por el descubrimiento de la razón matemática, durante los siglos XVI, XVII se construyen los grandes sistemas racionalistas en la física (Galileo, Newton), este racionalismo tiene claras consecuencias históricas.
Es la época de los comienzos mismos del estado moderno, del estado absoluto, se comienza a hablar de razón, de razón de estado, esto es de una personificación racionalista del estado, que aparece a la vez que las nacionalidades modernas.
En la época moderna hay dos elementos muy importantes, el racionalismo, y la reforma religiosa, la vida moderna adquiere un aire nuevo, se trata de un período de grandes cambios desde lo intelectual, lo social, lo político.
El intelectual de esta época es el hombre del método, el hombre que busca nuevos caminos, es el hombre con cuyo imperativo de racionalidad va constituyendo su ciencia.
Es también este período donde puede apreciase muy marcadamente una evolución del problema de Dios. En la época Medieval la idea de Dios está a la base de todas la ciencias, con un derecho divino, y una moral religiosa, con el advenimiento de la modernidad se va dando progresivamente paso a una situación distinta, donde Dios comienza a ser desplazado(no abandonado) por la razón humana y la naturaleza.
Ahora bien este alejarse de Dios en tanto fundamento, constituye un proceso, en donde no es ya lo divino el objeto de las consideraciones filosóficas y de las ciencias.
Todo proceso conlleva momentos, dichos momentos con sus particularidades pueden caracterizarse, dicha progresión la podemos observar en dos sistemas filosóficos que dan cuenta de esta progresiva evolución (alejamiento) entorno al problema de Dios.
Ahora bien la tematización de Dios no es abandonada por completo en la filosofía moderna, y ocupa un lugar importante en diversos sistemas filosóficos de la época, se trata como habíamos dicho de un progresivo alejamiento.
Intentare dar cuenta de ello considerando dos filósofos cuyas posturas pueden contraponerse evidenciándose diferencias sustanciales.
Comenzare por consignar las reflexiones acerca de Dios que se encuentran en Descartes, para luego concluir con la crítica realizada por Kant a los argumentos cartesianos acerca de la existencia de Dios, considero que la postura de ambos filósofos de la época dan cuenta de dicho proceso.
Es importante comenzar con las consideraciones acerca de las ideas de Descartes, quién nos dice en sus “Meditaciones Metafísicas”, meditación tercera “yo soy una cosa que piensa, esto es, una cosa que duda, afirma, niega, que sabe poco e ignora mucho, que desea, que rechaza y aún que imagina y siente. Porque, en efecto, he comprobado que por más que lo que siento y lo que imagino no tenga quizás existencia fuera de mí, estoy seguro, sin embargo, de que estos modos de pensar que llamo sentimientos e imaginaciones, existen en mí en tanto son solamente modos de pensar. Unos pensamientos son como imágenes de las cosas, que son los únicos a los que conviene el nombre de idea, como cuando pienso un hombre una quimera, el cielo, un ángel o Dios”.
“Pues bien, de estas ideas, unas son innatas, otras adventicias y otras hechas por mí; puesto que la facultad de aprehender lo que son las cosas, qué es la verdad y qué es el pensamiento, no parece provenir de otro lugar que no sea mi propia naturaleza”.
Descartes parte de la duda, propone en la búsqueda de la verdad dudar de todo, nos dice que estamos apartados del conocimiento de la verdad por numerosos prejuicios de los que creemos no podernos librar de otro modo que empeñándonos en dudar de todas aquellas cosas en las que hallamos sospecha, aun mínima de incertidumbre.
Debemos dudar de las cosas sensibles, porque hemos descubierto que los sentidos a veces yerran, debemos incluso dudar también de las demostraciones matemáticas, aun de aquellos principios que hasta ahora consideramos ser evidentes de suyo.
Pero ¿debemos incluso dudar de nosotros mismos?, ciertamente que no, no podemos dudar que existimos mientras dudamos, pues repugna juzgar que lo que piensa, en el mismo instante que piensa, no existe, tal es el primer conocimiento. El yo pienso, luego existo, emerge como la primera certeza.
A partir de esta primera certeza, Descartes debe demostrar que hay Dios para no caer en un solipsismo, el yo pienso se percibe de un modo claro y distinto, es una verdad que se justifica a si misma, ahora bien estando el yo pienso en una situación de engaño (tal vez producida por un genio engañador), la evidencia no serviría de nada, y no se podría afirmar mas verdad que la de yo existo. El hombre quedaría preso de sí mismo sin poder saber más que de si mismo, sin poder saber con certeza más que de su existencia.
Pero si Dios engañara de ese modo, no sería Dios, ya que repugna pensar tal engaño por parte de la divinidad, quien podría hacerlo seria tal vez algún poderoso genio maligno. Para estar seguros de lo evidente, de aquello que se presenta claro y distinto, debe Descartes demostrar la existencia de Dios.
Para la argumentación de la existencia Dios se pueden tomar diferentes caminos, las pruebas de la existencia tradicionales, pueden dividirse en tres grupos. La prueba de San Anselmo, que desde Kant se llama prueba ontológica, a la cual adhirió Descartes. La prueba a posteriori, que se basa en un argumento o serie de argumentos de carácter racional, los defensores de esta prueba (entre ellos Santo Tomás) insisten en que la existencia de Dios es algo evidente por sí, pero no lo es en cuanto a nosotros. Y por ultimo la prueba a priori defendida por Juan Duns Escoto y otros autores, según ellos para que una proposición sea evidente por si, es menester que podamos conocerla también inmediatamente y enunciarla por la mera explicaron de sus términos.
Como se ha explicitado anteriormente es la primer prueba de la existencia la que utiliza Descartes, es decir el argumento llamado ontológico, el cual desarrolla de la siguiente manera.
Cuando Descartes considera las ideas, dice que hay una de un ser sumamente inteligente, perfecto y poderoso, es la idea (innata) mas eminente de todas, y reconoce en la mísma, la existencia no meramente posible o contingente, sino absolutamente necesaria y eterna. Así por el solo hecho de percibir que la existencia necesaria y eterna está contenida en la idea de un ser sumamente perfecto, concluye sin dudas que existe un ser sumamente perfecto.
Dicha idea del ser sumamente perfecto no ha sido imaginada, ni presenta una naturaleza quimérica, sino la naturaleza de verdad inmutable, y que no puede no existir, pues en ella esta contenida la existencia necesaria.
Continúa Descartes diciendo en su argumentación, en tanto que poseemos la idea de Dios , o de un ser supremo , podemos examinar de que causa la poseemos , y al encontrar en ella tanta inmensidad , estaremos seguros que no nos pudo haber sido dada sino por una cosa que posee todas las perfecciones , es decir por Dios realmente existente.
Siendo que lo que es más perfecto no es producido como causa eficiente por lo que es menos perfecto, y además porque tampoco hallamos en nosotros aquellas perfecciones de las cuales tenemos idea, por ello mismo inferimos que ellas están en alguien diverso de nosotros, es decir, en Dios.
Esta manera de probar la existencia de Dios, permite considerando la idea innata conocer sus atributos y vemos que Dios es eterno, omnisciente, omnipotente, fuente de toda verdad y bondad.
El atributo mas importante en la consideración de Dios, es que es sumamente veraz y dador de toda luz, a tal punto que repugna pensar que nos engañe.
Vemos como Descartes prueba la existencia de Dios, y lo hace con argumentos de muy distinto alcance. Nos dice por una parte, encuentro en mí la idea de Dios, es decir, de un ente infinito, perfectísimo, omnipotente. Ahora bien ésta idea no puede proceder de la nada, ni tampoco de mi mismo, ser finito e imperfecto, porque de ser así el efecto seria superior a la causa, lo cual es imposible. La idea de Dios, por tanto, tiene que haber sido puesta en mí por un ente superior, que alcance la perfección de esa idea, es decir, Dios mismo, con lo cual queda probada la existencia.
La otra demostración es la que desde Kant se llama prueba ontológica, Descartes nos dice yo tengo la idea de un ente perfectísimo, que es Dios, la existencia es una perfección y la encuentro incluida esencialmente en la idea de ese ente, es por tanto necesario que Dios exista.
Ambas pruebas poseen un elemento común, yo tengo la idea de un ente perfecto, luego existe. Lo distinto de ambas es la razón por la cual la idea prueba la existencia.
En la primera demostración o prueba se afirma que solo Dios puede poner su idea en mí, en la segunda se muestra que dicha idea de Dios implica la existencia.
En otros términos podría decirse así, en el hombre se encuentra la imagen de Dios que permite llegar al conocimiento de Él.
Lo anteriormente dicho se halla claramente expresado es su Meditación III (Meditaciones Metafísicas-1641- ) “Esta idea (Dios) ha nacido y ha sido producida conmigo desde que he sido creado, así como la idea de mi mismo. Y en verdad no debe extrañar que Dios, al crearme, haya puesto en mí esa idea para que sea como la marca del artífice impresa en su obra; y tampoco es necesario que esta marca sea algo diferente de esa obra misma; sino que, por el solo hecho de que Dios me ha creado, es muy creíble que me ha producido, en cierto modo, a su imagen y semejanza, y que yo concibo esa semejanza en la cual se halla contenida la idea de Dios, mediante la misma facultad con la que me percibo a mi mismo; es decir, que cuando reflexiono sobre mí, no solo conozco que soy una cosa imperfecta, incompleta y dependiente de otra, que tiende y aspira sin cesar a algo mejor y mas grande que lo que yo soy, sino que conozco también al mismo tiempo que aquel de quien dependo posee en sí todas esas grandes cosas a las que aspiro, y cuyas ideas encuentro en mí, no indefinidamente y solo en potencia, sino que goza de ellas en efecto, actual e indefinidamente, y por tanto que es Dios. Y toda la fuerza del argumento que he usado aquí para probar la existencia de Dios consiste en que reconozco que no seria posible que mi naturaleza fuera tal como es, es decir, que yo tuviese en mí la idea de un Dios, sí Dios no existiera verdaderamente”.
Podemos ver como Descartes prueba la existencia de Dios, el cual ocupa un lugar central es su sistema, en tanto asegura el conocimiento verdadero.
Posteriormente dichos argumentos fueron puestos en cuestión por Kant en su obra “Critica de la razón pura”, quién considera la imposibilidad de una demostración ontológica de la existencia de Dios.
En rigor se ocupa de la imposibilidad de una demostración ontológica, cosmológica, físicoteológica de la existencia de Dios, en el presente trabajo considero a los fines de contraponer con el argumento cartesiano la primer consideración, es decir la imposibilidad de una demostración ontológica, para dar cuenta de ello considero importante poder encuadrar dicha postura.
Kant nos dice en el prefacio a la segunda edición de “La critica de la razón pura” (1787) “la metafísica, aislado conocimiento especulativo de la razón, que nada toma de las enseñanzas de la experiencia y que solo se sirve de simples conceptos, donde, la razón debe ser su propio discípulo, no tiene la dicha de haber podido entrar en el seguro camino de la ciencia”.
Observa Kant que en los diferentes campos del conocimiento y sobre todo en la física de la época, se han producido grandes avances, a partir de ciertas condiciones que los posibilitaron, y se pregunta si es posible la metafísica como ciencia.
Al igual que en Descartes comenzaremos por realizar algunas consideraciones en relación a las ideas.
Kant distingue tres facultades del conocimiento, la sensibilidad, el entendimiento, y la razón, razón pura es la que se mueve sobre principios a priori independientemente de la experiencia.
Los conceptos expresan las realidades mismas de la experiencia. Las ideas, en cambio manifiestan algo que no puede hallar en la experiencia su adecuado fenómeno, algo que no tiene realidad empírica, aquel pensamiento de la totalidad de la experiencia, pensamiento que no puede hallar su correspondiente objeto, esto es propiamente la idea.
La metafísica ha pretendido ponernos en posición de esos entes absolutos, cuyo conocimiento daría a nuestro saber la máxima y absoluta solidez.
Estos entes absolutos no poseen realidad, son meras ideas, estas ideas no pueden llegar nunca a ser objetos cognoscibles. Decir que la cosa en sí (noúmeno), lo absoluto es una idea, es decir: primero que es incognoscible, y segundo que dichas ideas representan el afán de totalidad.
Considerando la tradición, la metafísica es la ciencia cuya pretensión es alcanzar el conocimiento de la cosa en sí, de lo absoluto, ahora bien el conocimiento de lo absoluto necesita de un fundamento, como lo necesita todo conocimiento en general.
Este fundamento no ha de ser para la metafísica la intuición pura, ni la intuición empírica.
La metafísica es un conocimiento analítico, es decir un conocimiento que nada conoce, los problemas de la metafísica pueden agruparse en tres problemas principales, la inmortalidad del alma, la existencia de Dios, la naturaleza del universo. Mas como a ninguno de estos conceptos, ideas, corresponde, ni puede corresponder intuición alguna, ni pura, ni empírica, como ninguno de estos tres conceptos son fenómenos, de ninguno de ellos es posible tener un conocimiento teórico.
La metafísica es una ciencia de ilusión, y conllevan paralogismos. Así como las demás ciencias de la experiencia siguen un camino seguro, progresan y producen un aumento constante de sus conocimientos, la metafísica tropieza a cada paso, es un campo de disputas en torno a su posibilidad como ciencia.
Para Kant la metafísica es conocimiento puro a priori, pero el conocimiento solo será posible cuando a los principios formales se añade la experiencia.
La metafísica especulativa tradicional es el intento de tener el conocimiento real apriorísticamente de objetos (alma, mundo, Dios) que están allende toda experiencia posible, es por tanto un intento frustrado.
Estos tres objetos son síntesis infinitas, y no puedo poner las condiciones necesarias para tener intuición de ellas.
Kant examinará sucesivamente los paralogismos que encierran las demostraciones de la metafísica, de los tres paralogismos (alma, mundo, Dios) consignaré aquí solo el realizado en torno a la imposibilidad de probar la existencia de Dios en cuanto al argumento ontológico. Previamente a su crítica, conviene observar las argumentaciones de la razón especulativa para inferir la existencia de un ente supremo (sección. Tercera capitulo 3 de la dialéctica trascendental).
A pesar de la apremiante necesidad de la razón de suponer algo que pueda servir completamente de fundamento para la determinación íntegra de sus conceptos, la razón advierte fácilmente lo ideal y meramente fantástico de tal suposición, para que a ésta sola le baste para decidirse a aceptar enseguida como ente real una mera creación de su propio entendimiento.
La marcha natural que sigue toda la razón humana no arranca de conceptos, sino de la experiencia común y, en consecuencia pone por fundamento algo existente. Sin embargo este suelo se hunde si no se apoya en la roca inconmovible de lo absolutamente necesario, lo cual, empero, está a su vez en el aire, sin sostén si fuera de él hay un espacio y el mismo no lo ocupa todo, de suerte que no deje margen restante para el porqué, es decir, si no es infinito en realidad.
Si existe algo, fuere lo que fuere, tiene que concederse también que hay algo que existe necesariamente, puesto que lo contingente existe solo a condición de que otro sea su causa, y de ésta vale la misma conclusión necesariamente hasta llegar a una causa que no sea contingente y que, en consecuencia, existía necesariamente sin condición, éste es el argumento en que se apoya la razón para avanzar hacia el ente originario.
Ahora bien, si la razón busca el concepto de un ente que se amolde a esa excelencia de la existencia como necesidad incondicionada, no es tanto para luego inferir su existencia mediante el concepto del mismo a priori, cuanto para encontrar todos los conceptos de cosas posibles aquel que nada tenga en sí que se oponga a la necesidad absoluta, puesto que en virtud del primer raciocinio tiene ya como asunto resuelto que al fin y a la postre tiene que existir algo absolutamente necesario. Y si puede eliminar todo cuanto se compadece con esta con esta necesidad, salvo una cosa, éste es el ente absolutamente necesario, tanto si se comprende, como si no se comprende su necesidad, es decir, si ésta puede deducirse o no de un solo concepto.
El concepto de ente de realidad suprema se amoldaría pues al concepto de ente incondicionadamente necesario mejor que ninguno de todos los demás conceptos de cosas posibles. Nos vemos obligados a atenernos a él porque no podemos desechar la existencia de un ente necesario, pero si la concedemos, no podemos encontrar en todo el campo de la posibilidad lo que pueda tener una pretensión mas fundada en tal excelencia en la existencia.
Esa es la marcha de la razón humana, primero se convence de la existencia de algún ente necesario. Reconoce en él la existencia incondicionada. Entonces busca el concepto de lo independiente de toda condición, y lo encuentra en lo que es la condición suficiente para todo lo demás, ósea en aquello que contiene toda la realidad.
Más el todo sin límites es una realidad absoluta y entraña el concepto de un ente único, a saber: el supremo, como causa originaria de todas las cosas, existe de modo necesario.
Considerando las anteriores argumentaciones, Kant se ocupa de probar la imposibilidad de una demostración ontológica de la existencia de Dios, tal es la que expondré a continuación a fin de poder contraponer con los argumentos cartesianos.
Dice Kant en el capitulo IV de la dialéctica trascendental, el concepto de ente absolutamente necesario es puro concepto de la razón (mera idea), que se limita a indicarnos una perfección cierta aunque inalcanzable.
En todo tiempo se ha hablado del ente absolutamente necesario, y más que procurar entender sí y como cabe concebir siquiera una cosa de esta índole, se ha intentado demostrar su existencia. Es muy fácil dar a este concepto una definición verbal: que es algo cuya no-existencia es imposible, pero con ello no se gana la menor sabiduría, ósea si con este concepto pensamos algo efectivamente o no.
Tomemos un ejemplo, una proposición de la geometría: que un triangulo tiene tres lados, es absolutamente necesaria. Ahora bien la incondicionada necesidad de los juicios, no es la una absoluta necesidad de las cosas, puesto que la absoluta necesidad del juicio es solamente una condicionada necesidad de la cosa, o del predicado del juicio.
La proposición anterior no decía que son absolutamente necesarios tres ángulos, sino que, a condición de que exista un triangulo (que se dé), existen necesariamente (en él) tres ángulos.
Esta necesidad lógica ha demostrado poseer un gran poder de ilusión que habiéndose formado un concepto a priori de una cosa, de suerte que uno comprendía en él la existencia, se creyó poder inferir con seguridad que, puesto que la existencia conviene necesariamente al objeto de este concepto, es decir, a condición de que yo ponga como dada (existente) esta cosa, se pone también necesariamente su existencia, y por lo tanto, este ente es absolutamente necesario, porque su existencia se concibe en un concepto supuesto arbitrariamente y bajo la condición de que yo ponga su objeto.
Si en un juicio idéntico suprimo el predicado y conservo el sujeto se produce una contradicción, pero si suprimo al sujeto junto con el predicado, no se produce contradicción alguna, puesto que ya no hay nada que pueda contradecirse. Exactamente lo mismo ocurre con el concepto de ente absolutamente necesario: si se suprime su existencia, se suprime la cosa misma con todos sus predicados, Dios es todopoderoso, esto es un juicio necesario, la omnipotencia no puede suprimirse si ponemos una divinidad, es decir un ente infinito a cuyo concepto es idéntico a aquél.
En toda realidad está comprendida también la existencia, la existencia se halla en el concepto de un posible, si se suprime esta cosa, se suprime la posibilidad interna de la cosa, lo cual es contradictorio.
Se ha cometido ya una contradicción cuando en el concepto de una cosa que se ha querido pensar únicamente por su posibilidad introduciendo aunque sea con nombre oculto el concepto de su existencia.
¿En la proposición tal o cual cosa existe, esa proposición es analítica o sintética? Si es lo primero, con la existencia de la cosa nada se añade al pensamiento de la cosa, pero entonces el pensamiento tiene que ser la cosa misma, o se ha supuesto una existencia como perteneciente a la posibilidad, infiriendo la existencia a base de una posibilidad interna, lo cual no pasa de ser una tautología.
Toda proposición existencial es una proposición sintética. Ser, no es un predicado real, es decir, un concepto de algo que pueda añadirse al concepto de una cosa. Es sencillamente la posición de una cosa o de ciertas determinaciones en sí.
En el uso lógico es únicamente la copula del juicio. La proposición Dios es todopoderoso, contiene dos conceptos que tienen sus objetos Dios, y omnipotencia, la partícula es no es otro predicado más, sino solamente lo que pone al predicado en relación con el sujeto.
Pues bien si tomo el sujeto (Dios) junto con todos sus predicados, y digo Dios es, no pongo ningún predicado nuevo al concepto de Dios, sino solamente al sujeto en sí junto con todos sus predicados, y ciertamente al sujeto en relación con mi concepto. Ambos pueden tener un contenido idéntico y, en consecuencia, no puede añadirse nada al concepto, que expresa meramente la posibilidad por el solo hecho de que yo conciba (mediante la expresión “el es”) como absolutamente dado su objeto. Y así lo real contiene lo meramente posible.
Por consiguiente, cuando pienso una cosa por medio de cualesquiera predicados y cualquiera sea su número (aun en la determinación completa), no añado lo más mínimo a la cosa por el hecho de que le añada: ésta cosa es, pues de lo contrario no existiría lo mismo, sino más que lo por mí es pensado en el concepto, y no podría decir que existe precisamente el objeto de mi concepto.
Si pienso un ente que sea la realidad máxima, subsiste siempre la cuestión de si existe o no, pues aunque nada le falte a mi concepto del posible contenido de una cosa cualquiera, falta que el conocimiento de ese objeto sea también posible a posteriori. Y aquí se hace patente también la causa de la dificultad con la que tropezamos en este caso. Si se tratara de un objeto de los sentidos, yo no podría confundir la existencia de la cosa con el mero concepto de la cosa, puesto que por medio del concepto el objeto es pensado solamente como concorde con las condiciones generales de un posible conocimiento empírico cualquiera, mientras que mediante la existencia se concibe contenido en el contexto de toda experiencia.
Por lo tanto, nuestro concepto de un objeto puede contener lo que se quiera y cuanto se quiera, a fin y a la postre tenemos que partir de él para atribuir existencia al objeto.
Pero para objetos del pensamiento puro no hay en absoluto medio alguno para reconocer su existencia, porque ésta tendría que se reconocida completamente a priori, pero nuestra conciencia de toda existencia pertenece enteramente a la unidad de la experiencia, y una existencia fuera de este campo no puede declararse absolutamente imposible, pero es una suposición que no podemos justificar con nada.
La nota analítica de la posibilidad, que consiste en que meras posiciones (realidades) no produzcan contradicción, no puede discutirse, pero como el enlace de todas las propiedades reales de una cosa es una síntesis, de cuya posibilidad no podemos juzgar a priori porque no se nos dan específicamente las realidades, y aunque así sucediera, no se efectúa absolutamente ningún juicio porque la nota de la posibilidad de los conocimientos sintéticos no debe buscarse nunca sino en la experiencia. Y el objeto de una idea no puede pertenecer a la experiencia.
Por consiguiente en la famosa demostración ontológica cartesiana de la existencia de un ente supremo, a base de conceptos, se perdió todo el trabajo y el esfuerzo, y un hombre ganaría tan poco en conocimientos a base de meras ideas como un comerciante no mejoraría su estado de fortuna añadiendo algunos ceros a su existencia de caja.
En definitiva vemos como critica Kant el argumento ontológico cartesiano, lo que rechaza es la idea del ser como predicado real. Se entendía que la existencia es una perfección que no puede faltarle al ente perfectísimo, se interpretaba la existencia como algo que está en la cosa. Kant afirma que el ser no es un predicado real, la cosa existente no contiene nada más que la cosa pensada. Es decir, la existencia no es una propiedad de las cosas, sino la relación de ellas con las demás, la posición positiva del objeto. El ser no es un predicado real, sino trascendental. La metafísica del siglo XVII lo tomaba como real, y por ello admitía la prueba ontológica.
Ahora bien las ideas metafísicas (alma, mundo, Dios) en Kant poseen un valor regulativo. La totalidad de la experiencia, la perfección de la experiencia, es el ideal del conocimiento, el prototipo del conocimiento. Así la idea se niega como realidad objetiva, para afirmarse como realidad interior, la realidad de un modelo a alcanzar, de una regla a seguir en las obras humanas, una de las cuales es la obra del conocimiento.
Es por ello que considera Kant que la metafísica debe considerarse sino como ciencia, como disposición natural, porque la razón humana, sin que esté movida por la vanidad de una omniciencia, sino solamente estimulada por una necesidad propia, marcha sin descanso alguno hacia cuestiones que no pueden ser resueltas por el uso empírico de la razón, ni por principios que de ella emanen. Esto sucede a todos los hombres, por ello la metafísica existe y existirá allí donde este el hombre.
Puede observarse como difieren las posturas en ambos pensadores modernos, en tanto que para Descartes Dios posee existencia indubitable, y así lo demuestra con el argumento ontologico, y parte de dicha existencia en tanto garantía de verdad, “el primer atributo de Dios que aquí viene a la consideración es que es sumamente veraz y el dador de toda luz; a tal punto que repugna en absoluto que nos engañe, o que sea propio y positivamente causa de los errores, a que, sabemos estamos expuestos”.
Mientras que para Kant, Dios en tanto que es idea de la razón, no puede ser probado en su existencia, aunque en tanto idea metafísica, cumple como hemos visto un papel regulativo y es propio de la naturaleza humana.
Podemos observar como en ambos pensadores modernos se presentan posturas con honda diferencias en torno al problema de Dios, las cuales podrían dar cuenta de un proceso en el cual, en dicha época se produce un alejamiento de Dios en tanto fundamento. Pensemos si esto hubiera sido posible en el medioevo, sin consecuencias para al menos uno de ambos pensadores, de ser acusado de herejía.

Bibliografía:
R. Descartes “Los principios de la filosofía”: primera parte, “De los principios del conocimiento humano”.”Meditaciones Metafísicas”, Meditación III, V.
I. Kant “Critica de la razón pura”: dialéctica trascendental sección tercera capítulos III, IV, editorial libertador, 2006 Buenos Aires.
Roberto Torreti; “Kant, estudio sobre los fundamentos de la filosofía critica”, edición universitaria de chile, Santiago de Chile, 1967.
José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía abreviado: editorial sudamericana. Vigésimo segunda edición agosto 2008 Buenos Aires.
Material bibliográfico Blog “conversaciones filosóficas” de la cátedra Historia de la filosofía Moderna, moderadora Lic. Liliana Ponce. Consultado en período noviembre- diciembre 2009.
Manuel García Morente.”Introducción a la filosofía de Kant”, editorial austral, Buenos Aires 1970.


I.S.F.D Nº 129
Profesorado de filosofía.
Materia: Historia de la filosofía Moderna.
Profesora: Lic. Liliana Ponce
Curso: 3º
Ciclo: 2009.
Alumno: Álvaro Vázquez.
Trabajo práctico: monografía.
Historia de la filosofía Moderna.

1 comentario:

ALVARO dijo...

Estimados compañeros y profesora he aquí mi trabajo monográfico de Historia de la filosofía Moderna. Espero puedan leerlo y sea de su agrado, además los invito a realizar las intervenciones que consideren pertinentes.
Saludos
Alvaro.