9 ago. 2009

Salir de los abismos. Una introducción a la filosofía de Hume

Victoria Kazansky
Luciano Celis

Introducción

El objeto de este trabajo práctico es introducirse en la filosofía de Hume a partir de un enfoque gnoseológico y subrayar el impacto de su filosofía en algunas corrientes epistemológicas que se trabajan en Filosofía de la ciencia.

Contexto histórico

La Inglaterra en la que se desarrolló el empirismo estaba marcada por las disputas entre partidarios del Parlamento y defensores de la monarquía absoluta. La burguesía estaba a favor de un Parlamento que disminuyese las diferencias con la nobleza, que seguía manteniendo sus privilegios medievales. Este enfrentamiento se convirtió en Guerra Civil, y acabó con la ejecución del rey Carlos I y la proclamación de la República. Tras varios años, ésta se disolvió para dar paso de nuevo a una monarquía absoluta, y que más tarde también fue reemplazada por una monarquía parlamentaria y constitucional al mando de Guillermo III de Orange, en lo que se conoce como la Revolución Gloriosa (1688). Mientras tanto, se extendía por toda Europa el movimiento ilustrado, una corriente intelectual que fue heredera del Humanismo renacentista y que puso las bases ideológicas para las distintas revoluciones que se sucedieron a lo largo de ese siglo y los posteriores.
Contexto epistemológico.
El Empirismo, entendido como el movimiento filosófico que dominó la filosofía inglesa del siglo XVII y XVIII, fue una corriente que se dio de manera simultánea al racionalismo, pues ambas tenían un objetivo común: dotar a la filosofía de un método que le permitiese alcanzar los mismos logros que la ciencia de esa época conseguía, animada por los últimos descubrimientos de Newton.
La filosofía empirista defendía la idea de que la razón dependía de los datos sensoriales para alcanzar el conocimiento, en otras palabras, dependía de la experiencia, y ésta pasaba a ser el criterio de verdad. Los precedentes de esta filosofía residían en la larga tradición empirista, y cuyos autores más destacados fueron Occam, que afirmaba que era necesario el recurso a la experiencia para cualquier investigación; y Francis Bacon, defensor del método inductivo. Además de esta, los autores empiristas (Locke y Berkeley) poseían otras características comunes que los identifican: niegan la existencia de ideas innatas; estudian el conocimiento humano, su origen, límites,…; niegan o reconocen la dificultad de la existencia de una metafísica válida; y toman como modelo el que poseían otras ciencias experimentales, como la física. Como contrapartida, el racionalismo, que se extendió por el resto de Europa, especialmente en Francia, rechazaba el recurso a la experiencia y ponía a la razón al frente del conocimiento. Los autores racionalistas, cuyo máximo exponente fue Descartes, si afirmaban la existencia de ideas innatas, y tenían como modelo de conocimiento el que poseía la matemática y la lógica, la deducción. Años más tarde, fue Kant el encargado de sintetizar racionalismo y empirismo uniendo ambas corrientes en una extraordinaria síntesis, conocida como el idealismo transcendental.
Hume (1711-1776) heredó de esta gran tradición empirista todas las problemáticas anteriores y llevó el empirismo hasta el extremo. El tema central de su filosofía fue el conocimiento, sobre el que escribió una de sus obras más importantes “Tratado sobre la naturaleza humana” (3 volúmenes, 1739-1740). Ésta pasó desapercibida y, como dijo el propio Hume, "nació muerta", tal vez por culpa de su estilo abstruso. Luego hizo un resumen del mismo al que llamó “Resumen de un libro publicado recientemente como Tratado de la Naturaleza humana” (1741) en el que utiliza un estilo más ameno, más accesible e incluso la tercera persona. Finalmente sintetizó ambas obras en la “Investigación sobre el entendimiento humano” publicado en 1748. Con esta última obra empezó a ganarse a los primeros defensores y detractores. A lo largo de su vida, su filosofía poco a poco se fue radicalizando, alcanzando cada vez un mayor nivel de escepticismo, y llegando a rechazar la metafísica y la validez universal de la ciencia.
La Investigación analiza el entendimiento humano desde su génesis hasta llegar a sus límites, es decir, intenta describir de dónde procede nuestro conocimiento y hasta dónde puede llegar lícitamente y con verdad. Hume creía que solo respondiendo a estas preguntas podríamos construir sólidos pilares para cada ciencia particular.
I
Exposición resumida y comentada de las secciones 2 y 7 de la “Investigación sobre el entendimiento humano”, David Hume, Alianza, Madrid, 1988
En la sección 2, que trata sobre el origen de las ideas, Hume se pregunta ¿Cuál es el origen de nuestras ideas?
Entiende que en el proceso de formación del objeto de conocimiento, es decir, en la percepción, intervienen dos facultades: los sentidos (sensaciones, pasiones y deseos) que se relacionan directamente con la experiencia inicial y, el entendimiento, la psiquis, pensamiento o mente que reelabora, imita o copia la impresión y produciéndose así las ideas.
Es interesante esta postura filosófica ya que implica que cuando observo mis contenidos de conciencia no me topo con un “yo” sino con percepciones (impresiones e ideas).
Las percepciones de la mente se dividen según el grado de vivacidad en impresiones – fuertes y sensibles - y pensamientos o ideas. Aunque ambas son percepciones las segundas son menos vivaces.
En este punto es de destacar que Hume cree que el pensamiento del hombre está atravesado por una gran tensión. Por un lado, vemos que en el ámbito del conocimiento hay límites claros: solo puedo conocer mis percepciones, sean estas impresiones o ideas. Y por el otro el pensamiento del hombre se nos aparece como ilimitado y puede concebir otras ideas, es decir, a partir de las percepciones originarias puede forjar - mezclar, trasponer, aumentar o disminuir - por vía imaginativa todo clase de objetos sobrepasando los límites de la impresión sensible.
Y más adelante nos dice “El cuerpo (naturaleza) está confinado a un planeta a lo largo del cual se arrastra con dolor y dificultad, en cambio, el pensamiento en un instante puede transportarnos a las regiones más distantes del universo, o incluso más allá, al caos ilimitado donde se cree la naturaleza se halla en estado de confusión. Lo que nunca se vio o se pudo contar, puede, sin embargo, concebirse – imaginar, formarse la idea de una cosa, comprenderla - . Nada está más allá del poder del pensamiento, salvo lo que implica contradicción absoluta”.
Los límites del conocimiento están claramente expresados: solo podemos conocer aquello que se nos presenta como impresiones e ideas.
Consideramos que Hume plantea una clara diferencia entre pensar y conocer. Es decir yo puedo concebir ideas que no se tengan como correlato una impresión sensible. Entonces esta idea es oscura, confusa, metafísica e induce a error. Pero también concibo ideas complejas que mi imaginación forja y que como tal no encontramos en la experiencia, y que, sin embargo, podemos a través del método genético encontrarles las impresiones correspondientes de las cuales se ha derivado. Como vemos este método genético consiste en:
- el análisis de lo complejo, es decir, dividir en partes y acceder a unidades simples, claras y distintas.
- La búsqueda de aquellas percepciones mas vivaces, fuertes y originarias de las cuales se han derivado – por copia o imitación – las ideas simples y luego las complejas.
Pongamos un ejemplo. Puedo concebir una montaña de oro porque tengo dos impresiones que son la montaña y el oro. Estas impresiones son el resultado de la experiencia sensible. O La idea misma de Dios no es sino una exageración de nuestras propias virtudes. (Ver relación entre Hume, Feuerbach y Marx en lo tocante a la filosofía de la religión).
De todo esto se concluye en una especie de principio o ley que nos permite conducirnos sin temor a caer en error en cuestiones de representación: todos los materiales del pensar se derivan de nuestra percepción externa o interna; todas nuestras ideas o percepciones más endebles son copias de nuestras impresiones o percepciones más intensas.
“Nuestra tesis de que a toda idea le corresponde una impresión es en sí misma simple e inteligible, da por tierra todos los argumentos confusos, oscuros que los metafísicos han generado...Al traer nuestras ideas una luz tan clara podemos esperar fundadamente alejar toda discusión que pueda surgir acerca de su naturaleza y realidad”
Pretensión moderna: la certeza en la representación. Obsérvese como se trabaja con adjetivos y sustantivos para indican el conocimiento certero – ciencia -: luz, claridad, fuerza, evidencia, originario, simple y el no conocimiento – ¿doxa, metafísica? -: oscuro, metafísico, error, confuso, sofisma, ilusión, etc.
Pero analicemos las consecuencias de esta verdad tan evidente: a cada idea le corresponde una impresión que es anterior, que es más vivaz y fuerte.
Esto que dice Hume es grave, por ejemplo aquellos que no tengan bien formados las facultades del sentir no podrán darse nunca las ideas correspondientes a las impresiones iniciales que estos aportan. El ciego no tendrá idea de colores, ni el sordo de sonidos. Y va más allá, al decir que “aun cuando un hombre tuviese todas sus órganos intactos, hay otras limitaciones a la hora de producir ciertas ideas. Por ejemplo, un egoísta es incapaz de producir ideas que tienen que ver con la amistad y la generosidad”. ¿No está haciendo aquí psicología?
Por último analiza un hecho que podría invalidar esta tesis de que a cada idea le corresponde una impresión. Por ejemplo, los matices de cualquier color. Para salvar este problema trae a colación el papel de la imaginación que viene a suplir, o combinar libremente los colores primarios a fin de lograr el matiz correspondiente.
En la sección 7 se detiene a analizar la idea de conexión necesaria. Pero a los fines de comprender correctamente su crítica debemos hacer una rápida alusión a su teoría de asociación de las ideas que encontramos en la sección III y IV, y sobre todo, en el Tratado, Libro I sección IV. Hume considera que los contenidos de conciencia que llamamos ideas se relacionan a partir de alguna de las siguientes formas: semejanza, contigüidad – en el tiempo o en el espacio -, y causa-efecto. Con el material recibido de la experiencia podemos efectuar combinaciones que ensanchan y enriquecen considerablemente nuestro caudal cognoscitivo.
Decimos que las ideas se relacionan de manera contigua cuando aparecen en el mismo lugar y en el mismo tiempo repetidas veces; por semejanza cuando podemos evidenciar cierta igualdad o desigualdad entre ellas, es decir, se trata de una forma de la comparación de las dimensiones que efectuamos en los contenidos dados en la representación; por causalidad entendemos una repetición de la misma serie de representaciones. Y en esta última se centra la crítica de Hume a la noción de causalidad. Porque no puede encontrar para esta ninguna impresión sensible de la cual derive. Luego, no es una idea valida, sino ilegitima. Pero se pregunta ¿cómo es que se produce esta idea? Nuestra psiquis “asocia ideas”. Estas se suceden unas a otras con cierta habitualidad y por una interna coacción esperamos que unas sigan a las otras (inferencia).
El problema, dice Hume, es que este sentimiento de esta coacción interna nos induce a creer que una idea produce otra y acaba por concebirse como necesidad real, como si el objeto de una representación provocara la realidad de otro o determinara su existencia en el tiempo.
Interesante de destacar aquí es su relación con la física newtoniana para quien los cuerpos se atraen naturalmente. Como Hume quiere aplicar el método experimental en cuestiones humanas, de ahí que el tratado lleve por subtitulo: Ensayo para introducir el método experimental en los asuntos morales, sostendrá que las ideas se atraen, se asocian – contigüidad, semejanza, causa efecto - naturalmente. Al igual que la gravedad hace que los cuerpos se sientan atraídos por la tierra (el mecanismo asociativo es símil a la ley de gravedad).
Habría algo en la idea que la lleva naturalmente a asociarse con otra idea, por ejemplo, el ladrido del perro con el perro. ¿No hay una especie de naturalismo? ¿Hume no está tratando de colocar al hombre dentro de un orden natural, de una naturaleza inteligible, de estudiarlo como se estudia cualquier otro fenómeno natural?
En definitiva, nos está diciendo que no hay dos ideas que sean de suyo contrarias, solo lo son por experiencia.
El análisis entonces estaría centrado en la siguiente cuestión: ¿La idea de conexión necesaria es una idea valida? ¿Puede determinarse una impresión sensible de la cual derive?
Ahora sí, veamos que nos dice Hume acerca de la idea de conexión necesaria. Al iniciar la sección VII nos topamos con la frase “En la metafísica no hay idea más oscura que la de poder, fuerza, energía o conexión necesaria”. Entendemos que, por un lado, es una crítica a la metafísica, es decir, a la postura intelectual que tiende a ir más allá de la percepción a la hora de explicar los fenómenos. Ya vimos que la mente humana está en constante tensión, puesto que lo finito y lo infinito se dan en ella. Entonces, el salto hacia entes que no son los que tienen una base firme en la impresión es posible, es concebible.
Pero también aquí de entrada, Hume, nos encamina hacia la línea de razonamientos que él maneja, es decir, la de respetar el método genético de análisis y desmenuzamiento de los complejo, con lo cual debemos seguir el principio metodológico por el cual a todo contenido de la mente que tenga la pretensión de ser una idea – sea simple o compleja – le corresponde una impresión. En realidad, le interesa crítica, analizar y poner a prueba un concepto que ya había afirmado como integrante de de los tipos de relaciones entre las ideas, descubrir su origen, y su necesidad como tal en cuanto conexión necesaria.
Repetimos no se va a salir en su explicación del ámbito de la representación, es decir, el se va a quedar con los contenidos de la mente – percepciones – y cuando no encuentre un explicación que esté dentro de este ámbito evitará referirse a cuestiones que están más allá de lo dado, lo inmediato, es decir, las percepciones. De lo contrario caería en explicaciones de índole metafísica.“Partamos de la certeza de que toda idea proviene de una impresión – fuerte, sensible, carente de toda ambigüedad, diáfana y que echan luz sobre nuestras ideas más oscuras -. Por ende, no podemos pensar más que solo lo que esté de acuerdo con este principio”.
El análisis entonces estaría centrado en la siguiente cuestión: ¿La idea de conexión necesaria es una idea valida? ¿Puede determinarse una impresión sensible de la cual derive?
Pongamos un ejemplo que retornará a lo largo de esta exposición: una bola de billar choca con otra. Decimos comúnmente que, en la segunda, la causa de su movimiento es la primera que la ha chocado. Y no solo eso sino que además inferimos que este hecho dará necesariamente en toda ocasión que el fenómeno se repita.
Hume intentará refutar esta idea que aparece en el sentido común. En principio, cuando analizamos este fenómeno solo vemos que tenemos una impresión A que es una bola de billar y una impresión que se corresponde con la otra bola de billar. Luego tenemos otras impresiones como la solidez, la extensión y el movimiento que se produce al chocar ambas bolas. Pero no tenemos una impresión que se refiera a la causa y mucho menos a la conexión necesaria entre estas impresiones.
Es más, inferir causalidad es expresar una cualidad que no está presente en estos objetos. Y ello es grave dice Hume porque “Si la mente pudiese descubrir que de un determinado objeto se desprende una cualidad tal que sea la causa de algo, es decir, que provocara un determinado efecto sobre otro objeto, no habría necesidad de experiencia alguna”. Con lo cual tendríamos la capacidad de predecir absolutamente todo cuanto pudiese ocurrir, y ello es contrario al método experimental, del empirismo.
Entonces, a lo sumo, solo podemos decir a un objeto le sigue otro en sucesión ininterrumpida. Pero el poder que provoca el movimiento se mantiene oculto y jamás se revela en ninguna de las cualidades sensibles del cuerpo.
Por ejemplo, sabemos que el calor es compañero asiduo de la llama, pero no nos es lícito hacer conjeturas acerca de su conexión.
Ahora bien, si esta idea no se deriva de impresión alguna exterior, veremos si es el resultado de una operación de reflexión sobre nuestra y por ende puede copiarse de alguna impresión interna. Por ejemplo, comúnmente decimos que somos consientes de que la voluntad produce los movimientos de nuestro cuerpo o dirige las facultades de nuestra mente. Por lo tanto podríamos concluir que de este acto reflexivo nuestra voluntad produce determinados movimientos y que adquirimos por ello la noción de poder.
Pero examinemos a fondo esta pretensión. Aunque pensemos que el movimiento de nuestro cuerpo se sigue de la orden de nuestra voluntad, los medios que lo provocan, la energía mediante la voluntad realiza una operación tan extraordinaria escapa a nuestra investigación, por diligente que ésta sea.
Hume sostiene que no existe principio más misterioso que el de la unión del alma y el cuerpo. Si por la consciencia percibiéramos cualquier poder o energía en la voluntad, conoceríamos necesariamente ese poder, su conexión con el efecto, la unión secreta del alma y el cuerpo y la naturaleza de estas dos sustancias por la que la una es capaz de operar, en tantos casos, sobre la otra. Es decir, o seriamos dioses o estaríamos haciendo metafísica.
Lo mismo ocurre cuando sostiene que al no ser capaces de mover o de influir en órganos como el hígado o el corazón, con la misma autoridad con que si lo hacemos cuando movemos un brazo. Habría aquí una limitación. Entonces, si fuésemos conocedores del poder o fuerza por la que opera, también sabríamos por qué su influencia llega precisamente a tales fronteras y no más allá. Es decir, escapamos a los límites del conocer humano y entramos en el reino de la metafísica.“Un hombre lo bastante informado (sabe) de la debilidad de la razón humana y de los estrechos límites que circunscriben todas sus operaciones. Nuestro cable es demasiado corto como para sondear abismos tan profundos”.
¿Puede haber una prueba más certera de que el poder por el que toda esta operación se ejecuta, tan lejos de ser directa y plenamente conocido por un sentimiento o consciencia interna es, en última instancia, misterioso e ininteligible? En definitiva, solo conocemos la influencia de nuestra voluntad por la experiencia. Y la experiencia sólo nos enseña que un evento sigue a otro constantemente, sin instruirnos en la secreta conexión que los une y los hace inseparables.
Finalmente, Hume se preguntará si la idea de conexión necesaria no proviene de ninguna impresión externa, ni tampoco de una operación de reflexión, cómo es que la mente puede concebir que dos impresiones, o ideas se unan con este carácter de necesariedad. En otras palabras: “¿Dónde, entonces, se encuentra el poder del que pretendemos ser conscientes? ¿Acaso no existe aquí, ya sea en sustancia espiritual o material, o en ambas, algún secreto mecanismo o estructura de las partes del que depende el efecto y que, siéndonos totalmente desconocido, hace que el poder o la energía de la voluntad nos sea igualmente desconocida o incomprensible?
La mayor parte de la humanidad, percibe la propia fuerza o energía de la causa que la conecta a su efecto. Adquieren, por un prolongado hábito, tal estado mental que, al aparecer la causa, inmediatamente esperan con seguridad su normal acompañamiento, y apenas pueden concebir como posible que de ello pudiera resultar cualquier otro evento. El hábito es una cierta tendencia de la mente a repetir lo que se viene repitiendo, una propensión a esperar que se repita lo que se viene repitiendo.
Pero, a lo sumo, diremos que esta conexión percibida por la experiencia, se debe entender como una frecuente conjunción de los objetos, y nos es imposible comprenderla: la energía de la causa es ininteligible.
Conclusiones
En su conjunto, en toda la naturaleza no aparece ni un solo caso de conexión que nos sea concebible. Todos los eventos parecen estar completamente sueltos y separados. Un evento sigue al otro, pero nunca podemos observar ningún vínculo entre ellos. Parecen estar unidos pero nunca conectados. Y como no podemos hacernos ninguna idea de nada que no haya aparecido nunca ante nuestro sentido externo o sentimiento interno, necesariamente la conclusión parece ser que no tenemos idea alguna de la conexión o el poder, y que estas palabras no tienen absolutamente ningún significado cuando las empleamos tanto en los razonamientos filosóficos como en la vida ordinaria (ver Carnap y la critica a la metafísica).
Sin embargo, a menudo, cuando se nos presenta cualquier evento u objeto natural, estamos tentados a realizar conjeturas, acerca de qué evento resultará de ello. Pero esto se debe a la experiencia. Ahora bien de ello no se sigue que tengamos formular una regla general, ni predecir lo que ocurrirá en casos similares. Sería de una temeridad imperdonable juzgar el conjunto del devenir de la naturaleza a partir de un solo experimento, por preciso o infalible que éste sea.
Pero cuando una especie determinada de evento ha estado siempre, en todos los casos, unida a otra, dejamos de tener escrúpulos a la hora de predecir uno por la aparición del otro. Entonces llamamos a un objeto causa y al otro, efecto. Suponemos que existe alguna conexión entre ellos, algún poder en la una para producir de manera infalible el otro, y que opera con la mayor de las certezas y la más poderosa de las necesidades.
Así, aparentemente, esta idea de conexión necesaria entre eventos surge de una serie de casos similares que se dan por la conjunción constante de dichos eventos. Esta conexión, por tanto, que sentimos en la mente, esta transición rutinaria (costumbre) de la imaginación desde un objeto a su normal seguimiento, es el sentimiento o la impresión de la que formamos la idea de poder o conexión necesaria. No hay nada más en el caso. Por ejemplo la primera vez que el hombre vio la comunicación del movimiento a través del impulso, como cuando chocan dos bolas de billar, no pudo decir que un evento estaba conectado al otro; sino tan solo que uno estaba unido al otro.
II
Lo moderno en Hume. Controversia con Descartes. La cuestión del innatismo.
Lo moderno se caracteriza por la ruptura con la tradición y con la intención de crear un sistema que garantice la validez de los conocimientos. Como buen moderno, Hume se preocupa por establecer los límites de la representación. Los límites del conocimiento están claramente expresados: todo conocimiento es válido en la medida en que a toda idea – simple o compleja – le corresponda una impresión. Nunca se sale del dominio de la representación en su búsqueda de la certeza.
“Si el término innato significa lo que es inmediato y no procedente de otra cosa ni es copia de nada, entonces, no son nuestras ideas las que son innatas, sino nuestras impresiones, ya que son las únicas que no son copias de nada precedente”
En general, Hume niega la validez del innatismo del conocimiento propuesta por el racionalismo. No puede haber ninguna idea independientemente de la experiencia. Nuestra mente no posee ningún contenido eidético. Cualquier contenido de la mente es adquirido a través de la experiencia o lo que es lo mismo, toda idea necesita de una impresión de la sensación previa, ya que la idea es siempre una copia o representación mental de una impresión precedente y, por lo tanto, no podríamos poseer ninguna idea o copia mental si no hubiera un original que copiar.
Para demostrar aún más esta tesis, Hume hace la siguiente reflexión: ¿Tiene idea un ciego de lo que es y representa el color azul? Efectivamente, no. Y, aunque el ciego no pueda ver los colores ¿Podría aprender y llegar a conocer lo que es el azul si simplemente alguien con experiencia le cuenta o intenta darle una definición precisa de lo que es ese color? Parece que no. La ausencia de una impresión previa impide que un invidente pueda formarse la idea de lo que es el color azul. Las impresiones son los átomos que conforman la materia del conocimiento. Sin ellas, no podríamos conocer nada ni siquiera lo ficticio e imaginario.
Es más, la existencia de una impresión previa a partir de la cual se forma la idea, garantiza la posible validez de esta última. Si una idea no tiene correlato en ninguna impresión habrá que desechar esa idea como falsa.
Este principio empirista permitirá, según Hume, examinar las distintas ideas que tenemos sobre el mundo, especialmente las ideas más abstractas y confusas, como las de la metafísica: las ideas de substancia, Dios, Yo, etc., ¿tienen alguna impresión de la cual provengan? Si no es así, habría que rechazarlas como meras ficciones y quimeras.
III
El papel de los sentidos en la reconstrucción de la ciencia. Razón, método genético, inducción. Escepticismo gnoseológico. Filosofía y ciencia.
Hume considera que en el proceso de formación de las ideas, intervienen activamente los sentidos: Nihil est in intelectus quod prius non sensus. Estos generan las impresiones, de las que se derivaran como copias las ideas - claro que estas no son ya las ideas substancias segundas a la manera aristotélica -. Ambas son lo dado, lo inmediato, los contenidos de la mente a los que Hume se va a atener para fundamentar todo conocimiento (certeza en la representación). Entonces dirá que toda idea que tenga su correlato en una impresión que se ha originado a través de los sentidos es auténtica. Así depura al conocimiento certero, científico, de todo resto metafísico.
El desarrollo de la teoría del conocimiento en Hume se plantea a través de un análisis genético, es decir, realiza una disección sistemática de las actividades y facultades de nuestra mente. Su estudio, no obstante, es descriptivo más que teórico.
La génesis de la estructura del conocimiento en Hume, está en la percepción como lo único que está presente en la mente. Las percepciones las conforman las impresiones e ideas que se diferencian por su grado de fuerza o vivacidad.
Para Hume, las impresiones no sólo son primeras genéticamente, sino que tienen una cualidad que las coloca por encima de las ideas, la de depararnos una imagen más precisa e intensa de lo que expresan.
Esta comprensión de cómo se originan las ideas a partir de las impresiones es el modo que tiene Hume de plantear el criterio que, según él, permite conocer las ideas distinguiéndolas como tales de lo que son meramente términos.
De lo anterior se desprende que Hume plantea un criterio para acceder a un conocimiento certero, aunque sujeto a la contingencia propia del hábito o la creencia. No obstante, entendemos que con ello establece un principio de demarcación entre la ciencia y la metafísica. De ahí que su crítica a la metafísica fuera la base del positivismo y neopositivismo de los siglos XIX y XX. No obstante, aclaramos que el concepto de "Criterio de Demarcación", lo utilizaron los positivistas lógicos del Círculo de Viena, Rudolf Carnap (1891-1970) y Alfred Jules Ayer (1910-1989).
El problema de la demarcación se refiere, dentro de la Filosofía de la ciencia, a cómo definir los límites que configuran el concepto "ciencia". Las fronteras se suelen intentar establecer entre lo que es conocimiento científico y no científico, entre ciencia y pseudociencia, y entre ciencia y religión. Ver: http://filoprimero2008.blogspot.com/
Los neo-positivistas se sirvieron del siguiente texto de Hume para rechazar la metafísica: “Si tomáramos cualquier volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo, y nos preguntáramos ¿contiene algún raciocinio abstracto acerca del número o la cantidad? No. ¿Contiene algún razonamiento experiencial acerca de cuestiones de hecho y de existencia? No. Entonces, arrojémoslo a las llamas, sólo puede contener sofismas e ilusión”. (Investigación. Sección XII, 132, página 211).
Hume hará una dura crítica a todas las ideas de la metafísica y, sobre todo, al concepto de substancia en su triple vertiente: la extensa (mundo), la pensante (cogitans) y la infinita (Dios). Pero de ello no nos ocuparemos.
Al criticar las ideas de causalidad y conexión necesaria, al hacer de estas solo una coacción interna, propia de la naturaleza del hombre a buscar regularidades, a establecer por hábito, por creencia estas conexiones y darles cierto grado de necesidad, Hume cae en el escepticismo gnoseológico. No habría leyes eternas e inmutables que regulan los fenómenos naturales, dentro de los cuales se halla el hombre.
La idea de causalidad, esta creencia, nos lleva más allá de la experiencia sensible, ya que no se deriva de ninguna impresión. Lo único que se observa en toda relación de ideas es contigüidad y sucesión. Pero no se desprende de ninguno de ellos cualidad alguna que se denomine causalidad.
Hume llega a una posición de escepticismo moderado. Reconoce que el conocimiento humano carece (en lo que respecta a la experiencia) de certeza absoluta. Los límites y las condiciones de posibilidad del conocimiento empírico son irrebasables para el ser humano.
Por último nos gustaría agregar algunas cuestiones en relación con el método inductivo propio del empirismo.
Inducción y empirismo se ligan. Ya que para este último el saber deriva de las sensaciones que experimentamos, es decir, de las impresiones que nuestra mente guarda y que nos sirven para movernos en el mundo y hacer ciencia.
Ahora bien, como es que de la observación de hechos particulares y contingentes podemos inferir una ley que pretenda tener el carácter de universalidad y necesariedad. En este punto Hume en la sección IV del Ensayo lega a la ciencia empírica de base inductiva una serie de cuestiones que merecen resaltarse: “¿Cuál es el fundamento de todas las conclusiones que formamos con la experiencia?, ¿en base a qué sostenemos una ley que habla de lo que todavía no conocemos?, ¿Cómo pasamos de lo conocido a lo desconocido?, ¿Por qué extender lo experimentado, los signos ya aprendidos al futuro tal que si un rayo anunció tormentas en el pasado, otro rayo lo anunciará en el futuro?
El problema principal es si la inducción es un principio lógico o empírico. En el primer caso ha quedado demostrado a lo largo de la historia de la ciencia que las mejores leyes han sido superadas y su falsedad hecha evidente. Así la inducción puede conducir de la verdad a la falsedad, por lo que no podemos decir que sea un principio lógico puesto que en este la verdad está incluida en las premisas. Tampoco es apriori porque las asociaciones entre ideas no son previas a la experiencia. En el caso que afirmáramos que es un principio de la experiencia, esto nos llevaría a un callejón sin salida, porque este principio solo se justificaría por la experiencia. En otras palabras, el principio de inducción se justificaría a su vez en forma inductiva, lo cual es inadmisible (circularidad de los argumentos). De todo esto se concluye que la inducción no es un principio lógico ni una ley de la experiencia.Esta cuestión es grave para la ciencia ya que no puedo justificar un principio que es, él mismo, injustificado. El mismo Hume nos dice: “La inducción carece de justificación”. Carnap que era un partidario ferviente de la inducción señalaba que “no se puede seguir simplemente un procedimiento mecánico basado en reglas fijas para idear un nuevo sistema de conceptos teóricos, y con su ayuda, una teoría. Para esto se necesita de “ingenio creador”.
Pero si todo saber seguro y válido se base en una herramienta tan precaria e irracional que razón tiene seguir argumentando que la ciencia - también la filosofía - trabaja con principios inmutables. El mismo Hume al tocar este dilema concluye que:
En principio, aunque la mejor fundamentada de nuestras inducciones sea errónea, puede corregirse con nuevos recursos sacados de la experiencia, con lo cual puede perfeccionarse y aumentar así el caudal de nuestros conocimientos.
Luego, aunque la inducción es injustificada y da lugar a una falsa comprensión de las cosas, es la única herramienta que poseemos para movernos con conocimiento por el mundo.
Finalmente, se sigue que la inducción hunde sus raíces en el hábito, proceso no racional, pero que depende de leyes naturales o biológicas que nos rigen necesariamente.
Bertrand Russell decía “Si así se produce el conocimiento, entonces, este es injustificado y el ser humano es básicamente irracional. No hay motivo (racional) para inducir y, sin embargo, lo hacemos (lo debemos hacer)”.
Conclusiones
Para Hume si tengo una idea basada en una impresión, ésta va a ser legítima, porque tiene como correlato, como contenido la misma; Ya que como vimos a lo largo del trabajo lo primero que se me aparece ante la percepción, lo más inmediato al conocimiento, son impresiones sensibles, y he aquí toda su teoría empirista. Por ello es crítico de las ideas como sustancia, causalidad, alma, porque todas ellas se refieren a ideas vacías, es decir, que no corresponden a ninguna impresión a lo que se refieren.
Entonces podríamos decir que Hume reduce todo conocimiento a la idea de la mera impresión, reduce toda ley a mera regularidad, ya que toda vivencia, toda impresión, es una vivencia aquí y ahora, por lo tanto contingente donde se perdería de vista toda universalidad de conocimiento. Siguiendo dicho razonamiento… ¿que sería lo universal en el pensamiento de Hume?, ¿impresiones contingentes sujetas a cambio y continuo devenir? ... ¿Dónde está aquí la universalidad que pretende la filosofía?
Bibliografía utilizada·
- David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, Alianza, Madrid, 1988· David Hume, Tratado de la naturaleza humana, Ed. digital: http://www.dipualba.es/, Albacete, 2001·
- Belaval, Yvon, Racionalismo, Empirismo e Ilustración, Tomo 6 de la Historia de la Filosofía, Ed., SXXI, Madrid, 1976.
- Levy Bruhl, L., Estudio preliminar, En David Hume. Selección de textos, Ed. Sudamericana, Bs As, 1957.
- García Morente, Manuel, Lecciones Preliminares de Filosofía, Losada 1966.·
- Cesar Julio Lorenzano, La estructura del conocimiento científico, Zavalia, Bs As, 1995.
-Clases Teóricas desgrabadas de Liliana Ponce, Historia de la Filosofía Moderna y Filosofía de las ciencias.
- Clases teóricas desgrabadas de Gustavo Trifiló, Gnoseología.
- Clases teóricas desgrabadas de Claudia Jauregui. Filosofía moderna. UBA 2007.
- Clases teóricas desgrabadas de Diana Maffía la cátedra de gnoseología UBA 2006.

1 comentario:

cristian dijo...

Felicitaciones chicos,buenisimo su trabajo.

Cuestiones para seguir pensando:

Dios es la idea de un ser infinitamente sabio,bueno,etc.
Como vimos en Descartes esta idea se presenta como una idea innata.Yo no puedo producirla por que soy imperfecto,por lo tanto no puedo ser causa de lo perfecto.Esta idea por consiguiente debe haber sido puesta en mi por dios.
Hume nos dice que ha toda idea le corresponde una impresion.La idea de dios sera entonces una construccion,es decir una reunion y multiplicacion al infinito de ideas de cualidades de nuestro espiritu.Dios aqui no pasa de ser una mera idea.
Tengo la idea compleja por ejemplo,de una sirena.A esta la puedo desscomponer en las ideas simples de mujer y pez,las cuales tienen sus impresiones correspondientes.
Si intento descomponer la idea de dios tengo,por ejemplo la idea de sumo bien a la cual no corresponde ninguna impresion.Hume nos diria que se trata de la idea de bien que poseemos en nuestro espiritu multiplicada el infinito.
¿Como logra el espirito rebasar su finitud?,¿que operacion me permite llevar al infinito una idea de mi espiritu?,¿No estoy con dicha operacion saliendome del plano de lo impirico?