21 ago. 2009

Escritos filosóficos,GW Leibniz.

I.S.F.D. Nº 129
Profesorado de filosofía
Materia: Historia de la filosofía moderna.
Profesora: Lic. Liliana Ponce.
Alumnos: Cristian Guarinos. Álvaro Vázquez.
Texto: Escritos filosóficos, sección III. Lenguaje, pensamiento y realidad, seccion IV, Verdades necesarias y contingentes, sección V, Verdades primeras, sección VI De la naturaleza de la verdad.
Autor: GW Leibniz.
Editado por Ezequiel de Olosa, Buenos Aires Charcas 1980.

El ideal de conocimiento de Leibniz es el método deductivo de los geómetras.

Estos logran, mediante la síntesis, componer progresivamente sus verdades y por vía del análisis, descomponer regresivamente las verdades en elementos simples.

Mediante esta tarea se establecerán, según el autor, los elementos simples de que están constituidas todas las verdades compuestas obteniendo el llamado “alfabeto de los pensamientos humanos”.

Una vez establecido dicho alfabeto Leibniz proyecta transformarlo en una característica.

Cada uno de los términos será representado por un carácter.

La característica ha de ser una lengua independiente y universal, dotada de una estructura racional.

Su ideal de conocimiento se centra en la creación de dicho alfabeto, que mediante la combinación de las letras que lo componen y el análisis de las palabras formadas de esas letras puedan descubrirse y juzgarse todas las cosas.

Después de constituir los caracteres de la mayor parte de las nociones, la humanidad poseerá según el autor, un órgano que acrecentara el poder de la mente.

Para Leibniz la existencia de caracteres posibilita todo pensamiento. Estos, aunque sean arbitrarios, su empleo y conexión tiene algo que no lo es, es decir cierta proporción o relación que es el fundamento de la verdad.

La base de la verdad se halla siempre en la conexión misma y en la disposición de los caracteres.

Podemos cambiar a gusto el sistema de signos sin que por esto cambien la verdad.

Leibniz considera necesario que la idea “exprese” la realidad, por lo tanto el conocimiento no consiste en identidad del pensamiento, ni en cierto “parecido” o “semejanza”.

El análisis de los pensamientos es necesario para descubrir y demostrar verdades.

Este análisis se corresponde con el análisis de los caracteres empleados para significar pensamientos, pues a cada carácter le corresponde un pensamiento determinado.

Dicho análisis consiste en la sustitución de unos caracteres por otros caracteres que debido a su uso, equivalen a los primeros.

Al análisis gramatical le sigue el análisis lógico, es decir como se conjugan muchas sustituciones gramaticales entre si. De este modo se podrá saber en las ciencias demostrativas, cuales son los conocimientos verdaderos, esto es, en que medida cada enunciado del concepto del predicado esta contenido en el concepto del sujeto y también permitirá el avance hacia nuevos conocimientos.

Todo racionamiento se lleva a cabo mediante algunos signos o caracteres.

Los signos se emplean por razones de economía y son tanto más útiles cuanto mas expresan el concepto de la cosa significada en forma tal que no solo pueden servir para la representación sino también para el razonamiento.

Aunque las lenguas son sumamente útiles para razonar, están sometidas sin embargo a innumerables equívocos y no pueden cumplir la función de un cálculo, esto es, no pueden revelar los errores de razonamiento a través de la formación y construcción de las palabras.

Esta ventaja la ofrecen únicamente los signos empleados por quienes se dedican a la aritmética y el álgebra.

Para Leibniz todos los pensamientos humanos se resuelven en algunos muy pocos, que son los primitivos. Si a estos pensamientos se les asignan caracteres, a partir de ahí se puede formar caracteres de las nociones derivadas.

Leibniz llama fórmula al compuesto de numerosos caracteres.

Si cierta formula equivale a un carácter de modo tal que los caracteres pueden sustituirse mutuamente, esa fórmula se llamara valor de carácter.

El valor primigenio es el que se le asigna arbitrariamente al carácter.

Se dirá que hay equivalencia entre aquellos caracteres o fórmulas que se pueden sustituir mutuamente sin violar las leyes de cálculo.

Además de las equivalencias se dan numerosas relaciones, por ejemplo: inclusiones, semejanzas y determinaciones.

El cálculo o sea la operación consiste en la producción de relaciones por medio de transformaciones de las fórmulas, realizadas según ciertas leyes prescriptas.

Cuanto más condiciones se prescriben al que va a calcular tanto más complejo
es el cálculo y también tanto menor y simple aquella característica.

Según el autor, la síntesis se alcanza cuando empezando desde los principios y recorriendo ordenadamente las verdades, aprehendemos ciertas progresiones y establecemos algo así como tablas e incluso a veces fórmulas generales, en las que se puede encontrar después lo que inicialmente se planteo.

El análisis retorna a los principios solamente en virtud del problema planteado como si ya antes nada hubiéramos descubierto nosotros o los demás.

Es mejor establecer síntesis por que ese trabajo posee un valor permanente, pues al instituir el análisis de problemas particulares a menudo repetimos lo ya hecho.


Verdades necesarias y verdades contingentes.

Verdadera es una proposición cuyo predicado esta en el sujeto. De manera que quien comprendiese perfectamente ambas nociones del modo como las comprende Dios, vería con ello que el predicado esta incluido en el sujeto.
Una proposición absolutamente necesaria es aquella que puede resolverse en proposiciones idénticas, cuyo opuesto implica contradicción Ej. Todo triangulo tiene tres lados, llamo a esta necesidad metafísica o geométrica, lo que carece de tal necesidad, contingente, pero lo que implica contradicción, ósea cuyo opuesto es necesario, se llama imposible. Las demás cosas se llaman posibles.
En la verdad contingente si bien el predicado esta incluido en el sujeto, aunque se continúe indefinidamente el análisis de los términos, nunca se llega a la demostración o identidad y solamente Dios, que de una vez abarca lo infinito, puede ver claramente de que manera esta incluido el uno en el otro, y comprender a priori la razón perfecta de la contingencia, suplida en las criaturas por la experiencia a posteriori.
Las esenciales son aquellas que pueden demostrase por análisis de sus términos, es decir, las que son necesarias, virtualmente idénticas, cuyo opuesto es imposible, ósea virtualmente contradictorio, y estas son las verdades eternas.
De estas difieren las existenciales o contingentes , cuya verdad es comprendida a priori por solo la mente infinita , y no puede demostrarse con análisis alguno , son verdades en un tiempo determinado , expresa lo que pertenece a la posibilidad de las cosas , lo que existe actualmente o lo que contingentemente habría de existir.
En todas las proposiciones que entran las cosas creadas, entran la serie completa de las cosas creadas el aquí y el ahora no pueden entenderse sino por su relación con las demás (excepto por Dios, Él ve claramente la verdad de todos sus accidentes sin recurrir a nada extrínseco).Por eso tales proposiciones no admiten demostraciones ni análisis completable mediante el cual su verdad se haga manifiesta.
Resulta evidente porque no puede encontrarse la demostración de ninguna proposición contingente, como quiera que se lleve adelante el análisis de las nociones. Hay proposiciones universalísimamente verdaderas, que no han de infringirse jamás, no porque Dios no tenga el poder de infringirlas, sino porque Él mismo cuando eligió esta serie de las cosas creadas con eso mismo decidió observarlas.
Y con estas proposiciones una vez establecidas en virtud del decreto divino, no puede darse razón de otras proposiciones contingentes, ya sean universales, ya sean validas de ordinario, que puedan constatarse en el universo.
Nunca puede llegarse con análisis alguno a las leyes universalísimas ni a las razones perfectas de las cosas singulares, este conocimiento es propio de Dios.
Se distingue las substancias libres de las otras .Los accidentes de toda sustancia singular dan una proposición contingente, que no posee necesidad metafísica, que una piedra cae hacia abajo si se le quita el apoyo, no es una proposición necesaria, sino contingente, y esto no puede demostrarse a partir de la noción de piedra, recurriendo a nociones universales que entran en aquella, y por esto, solo Dios lo entiende perfectamente.
Las otras (inteligencias finitas) no comprenden las leyes universalísimas ni pueden pasar por el análisis infinito que es menester para conectar la noción de esta piedra con la noción del universo todo, ósea con leyes universalísimas.
Las substancias libres o inteligentes poseen algo que es como una cierta imitación de Dios, se refiere a la libre voluntad de la mente, que puede dilatar y suspender el juicio hasta tanto complete una deliberación.

De la naturaleza de la verdad.

Para constituir los elementos de la ciencia humana es menester algún punto fijo en el cual podamos apoyarnos sin peligro y desde el cual podamos avanzar seguros.
Este principio debe buscarse en la propia naturaleza de las verdades, toda proposición es verdadera o falsa, es falsa la contradictoria de una verdadera. Contradictorias son las que no difieren sino porque una de ellas es afirmativa, la otra negativa.
Para las demostraciones no pueden aducirse sino otras proposiciones, que se aducirían en vano si pueden a la vez admitirse y negarse o ser verdaderas y falsas, con lo cual cesa inmediatamente desde un comienzo toda investigación de verdad.
Verdadera es la proposición cuyo predicado esta contenido en el sujeto, es decir, cuyo consecuente esta contenido en el antecedente , y por esto es necesario que exista una conexión entre las nociones de los términos o que haya en la cosa misma un fundamento a partir del cual pueda darse razón de la proposición o establecerse una demostración a priori.
Se cumple en toda proposición verdadera que la noción del predicado esta comprendida en la noción del sujeto. Si la proposición es necesaria puede probarse el predicado a partir del sujeto, por análisis, ya sea exclusivamente del antecedente o sujeto, ya sea simultáneamente del antecedente y el consecuente o del sujeto y del predicado.
Hay una conexión necesaria en las proposiciones de verdad eterna que se derivan de puras ideas o definiciones de ideas universales.
Si la proposición es contingente, dicha conexión no es necesaria, sino varía con el tiempo y dependen de un decreto divino, y de la voluntad libre y en este caso puede darse una razón basada en la naturaleza de las cosas o la noción de los términos, para que lo efectuado se haya efectuado, esta razón inclina solamente, pero no impone necesidad.
Hemos visto que toda proposición es verdadera o falsa, y que toda proposición verdadera que nos es verdadera por si misma, es decir inmediata, puede demostrarse a priori.
El modo de demostrarlas, esta contenido en este axioma: el predicado de una proposición universal afirmativa puede sustituirse en lugar del sujeto ,y el consecuente de una proposición afirmativa puede sustituirse en lugar del antecedente , sin menoscabo de la verdad en otra proposición en que el sujeto de la primera sea predicado o el antecedente de la primera sea consecuente.
Ej. Supongamos que hay una proposición universal afirmativa todo A es B, y otra proposición A es B en esta ultima pueden sustituirse C en lugar de B, pues como A contiene a B, y B a C, también A contendría a C, lo cual basta para que digamos A es C.

Verdades primeras.
Son aquellas que enuncian lo mismo de si mismo, o niegan el contrario del propio contrario, tales como A es A, o A no es no A, también cada uno es tal cual es, cada uno es semejante o igual a si mismo etc.
Estas pueden comprenderse bajo el nombre único de proposiciones idénticas.
Todas las verdades se reducen a las primeras mediante definiciones o por análisis de las nociones, en lo cual consiste la prueba a priori independientemente de la experiencia, Ej. El todo es mayor que su parte, se lo demuestra con suma facilidad a partir de la definición de ´´ menor´´ o ´´ mayor´´, teniendo en cuenta un axioma primitivo o idéntico. En efecto menor es aquello que es igual a una parte de otro (mayor) siempre pues el predicado o consecuente esta incluido en el sujeto o antecedente , y en esto consiste la naturaleza de la verdad en general, es decir , la conexión entre los términos de las proposiciones , en las proposiciones idénticas esa conexión y la inclusión del predicado en el sujeto , es expresa , en las demás implícita, y ha de ponerse de manifiesto por análisis de las nociones , en el cual estriba la demostración a priori.
Esto se cumple en toda verdad afirmativa universal o singular, necesaria o contingente y en denominación tanto intrínseca como extrínseca.
De lo anteriormente dicho se desprende muchas cosas de gran importancia.
De aquí surge el axioma ´´ nada hay sin razón o ningún efecto hay sin causa´´. De otro modo , habría una verdad que no podría probarse a priori o que no se resolvería en verdades idénticas , lo cual es contradictorio a la naturaleza de la verdad que es siempre expresa o implícitamente idéntica.
Se sigue además, que cuando en los datos todo se sigue de la misma manera de una y de la otra parte, entonces también en las consecuencias que se busca averiguar, todo se presentara del mismo modo en ambas partes .Ya no puede darse ninguna razón para que haya diferencias, la cual, en todo caso ha de basarse en los datos.
Se desprende de aquí que no puede haber en la naturaleza dos cosas diferentes solo en el numero, ya que en efecto hay que poder dar una razón de porque son diversas, lo cual deberá basarse en alguna diferencia presente en las mismas.
Se sigue además que no hay denominaciones puramente extrínsecas que no tengan absolutamente ningún fundamento en la propia cosa denominada .Pues la noción del sujeto denominado debe involucrar la noción del predicado.
Toda sustancia singular involucra en su noción perfecta el universo todo y todas las cosas en el existente .Pues no hay cosa alguna a la que no pueda imponerse desde otra alguna denominación verdadera, por lo menos a titulo de comparación y de relación.
Todas las sustancias singulares creadas son expresiones diversas del mismo universo y de la misma causa universal, Dios, pero difieren en perfección.
Toda sustancia singular creada ejerce acción y pasión física en todas las otras .Hecho un cambio en una, se sigue algún cambio correspondiente en todas las otras, por cuanto varía la denominación.
No hay sustancia corpórea a la que no inhiera mas que la extensión, la figura y la variación de ambas .De haberla podrían existir sustancias corpóreas perfectamente similares entre si, lo cual es perfectamente absurdo .De esto se desprende qué hay en las sustancias corpóreas algo análogo al alma que llamamos forma.
La extensión, el movimiento, y los mismos cuerpos en cuanto se los hace consistir solo en aquellos no son sustancias, sino fenómenos verdaderos. Pues no hay figuras en la cosa misma y los cuerpos si se los considera como pura extensión, no son sustancia, sino muchas.
Las sustancias corpóreas no pueden nacer, ni perecer salvo por creación o aniquilación, los seres animados ni nacen ni perecen, solo se transforman.

Comentario: consideramos interesante comenzar el presente comentario con algunos datos del autor, los cuales pueden facilitar la lectura e interpretación, diremos que Leibniz nació en Leipzig en 1646, y fallece 1716 en la cuidad de Hannover. Leibniz fue un conocedor de diferentes campos del saber tales como las matemáticas, las ciencias físicas, y por supuesto la filosofía.
Su obra posee un fuerte contenido lógico, busca establecer una serie de principios (principio de los principios, de identidad, de contradicción etc.) susceptibles de formularse mediante símbolos con los cuales se podría construir una ciencia apriorística.
La estructura metafísica del mundo es para Leibniz la de la mónada, que quiere decir unidad, son las sustancias simples que forman las compuestas, al no tener partes son indivisibles y por lo tanto inextensas. La mónada es un átomo formal, solo llegan a ser por creación, y solo dejan de ser por aniquilación.
La mónada es fuerza de representación, cada mónada representa o refleja el universo entero desde un punto de vista.
No todas las mónadas tienen la misma jerarquía, no todas tienen conciencia de sus reflejos, cuando posee conciencia y memoria, puede hablarse no solo de percepción, sino de apercepción, éste es el caso de las mónadas humanas.
Ahora bien esta representación es activa, todo lo que acontece a la mónada brotan de su mismo ser, de sus internas posibilidades, sin intervención exterior.
Como las múltiples mómadas que constituyen el mundo no tienen ventanas, el problema de la imposible comunicación de las sustancias, es el del orden, el de la congruencia del mundo en su conjunto.
Es forzoso admitir un orden establecido previamente a cada mónada que hace que el desenvolver solitariamente sus posibilidades, coincida con todas las restantes y se encuentran armónicamente, constituyendo el mundo, y este orden solo puede haberlo hecho Dios en sus designios, esto es lo que Leibniz llamo armonía preestablecida.
Es Dios quien asegura la correspondencia de mis ideas con la realidad de las cosas, al hacer coincidir el desarrollo de mi mónada pensante con el universo todo.
Las mónadas tienen percepciones, cuando éstas poseen claridad y conciencia, y van acompañadas de memoria, son apercepción, y éstas son propias de almas, y las almas humanas llegan a conocer las verdades universales y necesarias. En la cumbre de las mónadas está Dios que es acto puro.
Lebniz va a distinguir entre las verdades de razón y las verdades de hecho.
Las verdades de razón, son necesarias, y no puede concebirse que no sean, esto es, se fundan en el principio de no contradicción, por tanto, son evidentes a priori.
Las verdades de hecho, no se justifican a priori sin más, no pueden fundarse solo en el principio de identidad o contradicción, sino en el de razón suficiente.
Veamos dos ejemplos dos y dos son cuatro, esto es verdad de razón , y se funda en lo que es dos y lo que es cuatro ,dos y dos no pueden no ser cuatro.
Colón descubrió América, esto es una verdad de hecho, y requieren de una confirmación experimental, podría no ser verdad, no es contradictorio que Colón no hubiera descubierto América.
Colon descubrió América porque esto estaba incluido en su ser colon, en la noción completa suya. Por tanto si conociésemos la noción individual completa veríamos como las verdades de hecho están incluidas en la esencia de la mónada, y su ausencia es contradictoria.
Las verdades serian pues, todas necesarias y a priori, pero ¿quien posee la noción completa de las mónadas?, solo Dios, solo para Él desaparece la distinción (verdades de hecho, verdades de razón), que para el hombre subsiste.
Puede observarse que en la teoría de Leibniz se encuentran dos cuestiones ya presentes en la teoría cartesiana a saber, por un lado la existencia de Dios, en tanto que asegura el conocimiento o acceso a las verdades, y con Él la distinción (que por vía de la diferencia entre las verdades de razón y las verdades de hecho) entre entendimiento finito y entendimiento infinito.

1 comentario:

Liliana dijo...

Hola, Alvaro y Cristian
Felicitaciones por el escrito sobre los textos de Leibniz acerca del lenguaje, el conocimiento y la verdad.
Con respecto a la diferencia entre "verdades de razón" y "verdades de hecho", yo les recordaría a los lectores que la teoría analítica de la verdad sostenida por Leibniz no da lugar a la intervención de la experiencia como vía para garantizar la correspondencia entre la proposición y la realidad.
La diferencia establecida por Leibniz, como bien ustedes lo aclaran en el texto, es una diferencia lógica. Esto es, las verdades necesarias indican una necesidad lógica y las verdades de hecho indican una posibilidad lógica (en este caso, la negación de una proposición no es lógicamente contradictoria). Esto implica que la actualización de una de las posibilidades (más que de una, de una serie de posibilidades) es una atribución de Dios.
Los invito a releer los escritos de Leibniz sobre verdades necesarias y contingentes, y en breve, publicaré mis notas sobre Leibniz, para que lo sigamos pensando.
De todos modos, felicitaciones de nuevo, no sólo por el escrito, sino también por la exposición!
Como habrán observado, Leibniz es un autor complejo, como los demás innatistas postcartesianos.
Nos seguimos leyendo