9 jul. 2009

Reglas para la dirección del espíritu de Descartes

Descartes: Reglas para la dirección del espíritu (1628), publicada en 1701.

Regla I

El fin de los estudios debe ser dirigir el espíritu para que pueda formar juicios sólidos y verdaderos sobre todas las cosas que se le presentan:

Le parece sorprendente que muchos se dediquen sus estudios a saberes particulares, por ejemplo, las ciencias útiles (las costumbres humanas, las propiedades de las plantas, los movimientos de los astros, etc.) y no a la sabiduría general. Si alguien quiere investigar la verdad de las cosas concienzudamente no debe dedicarse a una ciencia particular pues todas están mutuamente enlazadas y dependen unas de otras. Nada nos aparta tanto del camino recto de la investigación de la verdad como dirigir nuestros estudios a fines particulares porque a menudo los mas loables y honestos nos engañan de manera más sutil: cuando cultivamos las ciencias útiles teniendo en vista las comodidades de la vida corremos el riesgo de omitir muchas cosas que son necesarias para el entendimiento.

Regla II

Debemos ocuparnos únicamente de aquellos objetos que nuestro espíritu parece poder conocer de un modo cierto e indudable:

Rechazamos todos los conocimientos sólo probables y establecemos que no se debe creer sino en los perfectamente conocidos y respecto a los cuales no se puede dudar, de todas las ciencias ya constituidas sólo queda la aritmética y la geometría, a las cuales nos lleva la observación de esta regla (están exentas de falsedad e incertidumbre). Para comprender esto debemos tener en cuenta que hay dos caminos para llegar al conocimiento:
Por la experiencia o por la deducción, las experiencias que se refieren a las cosas son con frecuencia engañosas mientras que la deducción (la pura operación de inferir una cosa de la otra) se puede hacer mal.
Sólo la aritmética y la geometría consisten en una serie de consecuencias que deben deducirse por vía racional, por esto son mucho más ciertas que otras ciencias. Pero de esto se ha de concluir que no sólo hay que aprender aritmética y geometría, sino únicamente que los que buscan el recto camino de la verdad no deben ocuparse de ningún objeto que no ofrezca una certeza igual a las demostraciones aritméticas y geométricas.

Regla III

En los objetos considerados hay que indagar no los pensamientos de los demás o nuestras propias conjeturas, sino lo que podemos intuir con claridad y evidencia o deducir con certeza, pues la ciencia no se adquiere de otro modo:

Debemos leer los libros de los antiguos, porque es muy beneficioso, sin embargo, es muy común encontrar errores contraídos de una lectura demasiado atenta ya que los escritores manifiestan su posición crítica. Si queremos llegar a la verdad jamás debemos mezclar las conjeturas que hacemos con la verdad de las cosas. Los hombres de estudio, no satisfechos con el conocimiento de las cosas claras y ciertas se han atrevido a afirmar también las oscuras y desconocidas, a las que llegan sirviéndose de conjeturas probables. Pero para no incurrir en este error, hay dos modos del entendimiento por los cuales se puede llegar al conocimiento verdadero de las cosas:

-Intuición:
No es la confianza incierta que proporcionan los sentidos ni el juicio engañoso de una imaginación, sino un concepto que forma la inteligencia pura y atenta sin ninguna duda y que nace sólo de la luz de la razón y que por ser más simple, es más cierto que la misma deducción, la cual, sin embargo, tampoco puede ser mal hecha por el hombre.

-Deducción:
Todo lo que es consecuencia necesaria a partir de otras conocidas con certeza, 2+2 hacen lo mismo que 3+1 y es preciso intuir que 2+2 es 4 y 3+1 es 4, de este modo sabemos que el último eslabón de una larga cadena está unido con el primero (aunque no podamos ver intuitivamente con un único golpe de vista todos los eslabones que constituyen aquella conexión). Aquí distinguimos entre intuición intelectual y deducción cierta en la que esta última se concibe como un movimiento o cierta sucesión, no necesita la evidencia presente (como la intuición) sino que en cierto modo pide prestada su certidumbre a la memoria. De esto se deriva que aquellas proposiciones, que son la consecuencia inmediata de los primeros principios, pueden ser conocidas tanto por intuición como por deducción. Y estas son las dos vías más seguras que llevan a la ciencia, y el espíritu no debe admitir ninguna otra, lo cual no impide creer, que todo lo que sea revelado por Dios es más cierto que otro conocimiento, puesto que, como la fe que tenemos en ello se refiere siempre a lo oscuro, es acto de voluntad no del espíritu.

Regla IV

El método es necesario para la investigación de la verdad:

Mucho mejor que buscar la verdad sin método es no pensar jamás en ella, con mucha frecuencia se observa que aquellos que no se dedican al estudio de las letras juzgan con mayor solidez.
Ahora bien, entiendo por método, reglas ciertas y fáciles, cuya rigurosa observación impide que jamás se suponga verdadero lo falso y hace que la inteligencia llegue sin esfuerzos a la verdad.
La inteligencia humana tiene un no se qué divino, y las primeras semillas del pensamiento útiles fueron depositadas en ella de modo que, aun desdeñadas, producen un fruto espontáneo. Experimentamos esto en las ciencias más fáciles, la aritmética y la geometría. Y ahora florece una especie de aritmética (álgebra) que permite hacer con los números lo que los antiguos hacen con las figuras. Y estas dos disciplinas no son más que los frutos surgidos de los principios innatos de este método.
Aunque voy a hablar de figuras y números, sin embargo, no pienso aquí en la matemática usual, sino que expongo otra disciplina que contiene los primeros rudimentos de la razón humana y debe extenderse hasta extraer de cualquier asunto las verdades que encierra, es la fuente de todos los demás conocimientos.
Únicamente se refiere a la matemática todo aquello en que se examina el orden o la medida, es una ciencia general que explica todo aquello que pueda investigarse del orden y la medida sin aplicación a ninguna materia especial. El nombre de matemática universal deriva de que esta disciplina supere en utilidad y facilidad a las demás que de ella dependen.

Regla VI

Todo el método consiste en el orden y disposición de los objetos a los que debemos dirigir la penetración de la inteligencia para descubrir alguna verdad. Y lo seguiremos con fidelidad si reducimos gradualmente las proposiciones complicadas y oscuras a otras proposiciones más simples, y sí después, partiendo de la intuición de las más simples, tratamos de elevarnos por los mismos grados al conocimiento de todas las demás:

Todas las cosas pueden distribuirse en distintas series, atendiendo al conocimiento de unas que depende de otras. Hemos de observar:

En primer lugar, todas las cosas pueden ser llamadas absolutas o relativas en la medida que puedan servir a nuestro propósito, no comparando su naturaleza aisladamente sino comparándolas entre sí.
Llamo absoluto, a todo lo que contiene en sí la naturaleza pura y simple a que se refiere una cuestión: por ejemplo, todo lo que se considera como independiente causa, simple, universal, uno, igual, semejante, recto u otras cosas de esta índole, y al mismo tiempo lo llamo lo más simple y lo mas fácil, para utilizarlo en la solución de las cuestiones.
Llamo relativo, a lo que participa de esta naturaleza o al menos de un aspecto de ella, por el cual podemos referirlo a lo absoluto y deducirlo de él siguiendo una serie, pero además envuelve en su concepto algunas otras cosas que llamo relaciones: tal es todo lo que se llama dependiente, efecto, compuesto, particular, múltiple, desigual, desemejante, oblicuo, etc. Y el secreto de todo el método consiste en advertir con cuidado en las cosas lo que es más absoluto.
En segundo lugar, sólo existen pocas naturalezas puras y simples que podamos ver por intuición desde un principio y por sí mismas, independientemente de las demás, en las experiencias mismas o con la ayuda de cierta luz que incita en nosotros, y decimos que es preciso observarlas con cuidado, pues son las que llamamos más simples en cada serie, pero para percibir todas tenemos que deducirlas a ellas.
En tercer lugar, los estudios no pueden comenzar por la investigación de las cosas difíciles, sino que antes de abordar algunas cuestiones determinadas hay que recoger sin ninguna elección las verdades que espontáneamente se presentan y ver después gradualmente si se pueden deducir de ellas algunas otras, y de estas últimas otras, y así sucesivamente.

Regla VII

Para completar la ciencia es preciso pasar revista con un movimiento continuo e ininterrumpido del pensamiento a todas y cada una de las cosas que se relacionan con el fin que nos proponemos y abarcarlas en una enumeración suficiente y ordenada:

A veces se llega a las verdades por encadenamiento tan largo de consecuencias que cuando llegamos a ellas difícilmente recordamos el camino que hemos seguido y por esto recomendamos un movimiento continuo del pensamiento para suplir la debilidad de la memoria. Pero ese movimiento no debe ser ininterrumpido en ninguna parte, pues extraer demasiado rápidamente una deducción, no recorren toda la cadena de conclusiones con suficiente cuidado para no omitir muchas.
La enumeración es la única que puede hacer que formemos siempre un juicio seguro y cierto sobre cualquier cuestión a la que apliquemos el espíritu y que, por lo tanto, no se nos escape por completo nada y que parezcamos saber algo de todas las cosas. Esta enumeración o inducción, es pues, la investigación de todo lo relativo a una cuestión dada. Es solamente aquella de la cual se concluye una verdad con mayor certeza que la que podría darnos cualquier otro género de prueba, excepto la intuición simple. Cuando es imposible reducir un conocimiento a una intuición no nos quede más camino que el de la enumeración en el cual debemos depositar nuestra confianza. En efecto, si la inferencia ha sido evidente, todas las deducciones inmediatas que hemos efectuado entre una y otra cosa están reducidas a una verdadera intuición. Pero si inferimos algo de numerosas proposiciones separadas, la capacidad de nuestro entendimiento no suele ser suficiente para poder abarcarlas todas con una intuición, en cuyo caso debe bastarle la certeza de esta operación.
Además, esta enumeración debe ser a veces completa, en otras ocasiones distinta y en otras no es preciso que sea lo uno ni lo otro, por eso me he limitado a decir que debe ser suficiente.
He agregado también que la enumeración debe ser ordenada, no sólo porque un examen ordenado es el mejor remedio contra los defectos ya enumerados, sino también porque sucede a menudo que la vida de un hombre no sería lo suficientemente larga para estudiar por separado cada una de las cosas que se relacionan con el objeto que investigamos, ya porque son demasiado numerosas, ya porque las mismas se presentarían repetidamente.

Regla VIII

Si en la serie de las cosas que es preciso indagar se presenta alguna que nuestro entendimiento no pueda intuir suficientemente bien, es necesario detenerse allí, y no hay que examinar las siguientes, sino abstenerse de un trabajo superfluo:

Para no permanecer siempre en la indiferencia respecto al poder de nuestra inteligencia y para evitar que trabaje inútil e irreflexivamente, es preciso, antes de abordar el conocimiento de las cosas en particular, haber examinado cuidadosamente, una vez en la vida cuáles son los conocimientos que la razón humana puede alcanzar. Y para lograrlo mejor siempre se debe investigar en primer término entre las cosas igualmente fáciles de conocerlas que son más útiles.
En nosotros el entendimiento es capaz de ciencia, pero puede ser ayudado o impedido por otras tres facultades, a saber, la imaginación, los sentidos y la memoria.
Después se pasará a las cosas mismas que sólo deberán ser consideradas en cuanto el alcance del entendimiento, y en este sentido las dividimos en naturalezas absolutamente simples y en complejas.
Las simples no pueden ser más que espirituales o corporales o presentar varios caracteres a la vez, en cuanto a las compuestas, finalmente el entendimiento experimenta unas como tales antes de determinar algo de ellas mediante un juicio y a otras las compone él mismo.


Regla IX

Debemos dirigir toda la penetración del espíritu a las cosas más insignificantes y fáciles y detenernos en ellas mucho tiempo, hasta habituaros a ver intuitivamente la verdad con distinción y claridad:

Las dos facultades principales del espíritu son la perspicacia (teniendo la intuición distinta de cada cosa en particular) y la sagacidad (deduciéndolas con método unas de otras). Y, en verdad, el uso que debemos hacer de la intuición intelectual lo conocemos ya al compararlo con la visión ocular. Pues el que quiera ver con un golpe de vista muchos objetos a la vez no verá ninguno distintamente. Aquellos artesanos que se ejercitan en trabajos delicados adquieren con las costumbre la capacidad de distinguir perfectamente las cosas por insignificantes y sutiles que sean, así también aquellos que nunca distraen el pensamiento con varios objetos a la vez, sino que lo ocupan siempre por entero en considerar las cosas más simples y fáciles, adquieren una gran perspicacia. Pero es común en los mortales ver las cosas más bellas cuando son más difíciles.

Regla X

Para que el espíritu adquiera sagacidad debe ejercitarse en indagar las mismas cosas que hayan sido descubiertas por otros y en recorrer con método incluso las artes humanas más insignificantes, pero sobre todo que manifiesten un orden o lo suponen:

Esta propocision enseña que no debemos comenzar por ocuparnos de las cosas más arduas y difícil, sino que es preciso hacerlo antes por el examen de las artes menos importantes y sencillas, principalmente aquellas en las que impera más el orden como son los oficios del tejedor, del tapicero, o de las mujeres que bordan, etc.…, aritmética, como en ellas nada hay de oculto y que no esté enteramente al alcance del conocimiento humano, nos hacen ver distintos órdenes innumerables y sin embargo regulares, en cuya observación consiste casi toda la sagacidad humana. El método es la simple observación (en estas artes).

Regla XI

Si después de haber tendido la intuición de algunas proposiciones simples concluimos de ellas alguna otra cosa, es útil recorrerlas todas con un movimiento continuo del pensamiento y no ininterrumpido en ninguna parte, reflexionar sobre mutuas relaciones y, en lo posible, concebir distintamente varias cosas a la vez, pues así nuestro conocimiento adquiere mayor certeza y aumenta al máximo la capacidad del espíritu:

Hay dos condiciones para la intuición intelectual: *que la proposición se entienda clara y distintamente *de manera completa y no sucesivamente.
La deducción implica cierto movimiento de nuestro espíritu que infiere una cosa de otra. Pero si la consideramos en cuanto ya realizada, entonces no designa ya ningún movimiento sino el término de un movimiento y por esto suponemos que la vemos por intuición cuando es simple y clara, pero no cuando es múltiple y complicada, a la cual dimos el nombre de enumeración o inducción, porque entonces el entendimiento no puede abarcarla por completo a la vez, sino que su certeza depende, en cierto modo, de la memoria, que debe retener los juicios que se refieren a cada una de las partes enumeradas a fin de sacar de todos ellos una sola conclusión.

Regla XII

Finalmente, es preciso emplear todos los recursos del entendimiento, de la imaginación, de los sentidos y de la memoria, lo mismo para tener una intuición distinta de las proposiciones simples que para comparar convenientemente lo que se busca con lo que se conoce, a fin de descubrirlas, o para encontrar aquellas cosas que deben ser comparadas entre sí, de modo que no se deje de lado ningún recurso de la habilidad humana:

En lo que se refiere al conocimiento: nosotros conocemos y los objetos deben ser conocidos. En nosotros sólo existen cuatro facultades de conocer: el entendimiento, la imaginación, los sentidos y la memoria.
Sólo el entendimiento puede percibir la verdad, pero debe ayudarse con la imaginación y los demás.

La inteligencia del hombre y su cuerpo

1er lugar:
Todos los sentidos son externos, sólo sienten pasivamente, nada cae bajo la acción de los sentidos tan fácilmente como una figura, pues se toca y se ve.

2do lugar:
Cuando el objeto pone en movimiento el sentido externo, la figura que recibe es trasladada a otra parte del cuerpo llamada sentido común.

3er lugar:
El sentido común desempeña también el papel de un sello para imprimir en la fantasía o imaginación, como en la cera, las mismas figuras o ideas que llegan de los sentidos externos puras e incorpóreas y recibe el nombre de memoria.

4to lugar:
Es preciso concebir que la fuerza motriz o los nervios mismos nacen del cerebro, en donde se halla la fantasía.



5to lugar:
Hay que concebir aquella fuerza por la que propiamente conocemos las cosas es puramente espiritual, algunas veces la fuerza es pasiva y otras, activa.

El entendimiento se ocupa de lo no corpóreo por eso evita ser auxiliado por aquellas facultades, pero si se ocupa de lo corpóreo, tomará ayuda de la imaginación.


Nociones de las cosas simples

En 1er término:
Cuando hablamos de la cosa en particular tiene relación con el conocimiento y de otro modo hablamos de su existencia real.

En 2do término:
Lo simple a nuestro entendimiento son las cosas puramente espirituales o puramente materiales.


En 3er término:
Las naturalezas simples son todas conocidas por ellas mismas y no contienen ninguna falsedad.

En 4to término:
La unión de estas cosas simples entre sí es necesaria y contingente.

En 5to término:
No podemos entender nunca nada más allá de las naturalezas simples y de la especie de mezcla o composición que existe entre ellas y, sin duda alguna, casi siempre es mas fácil considerar a la vez varias unidas entre sí que separa una sola de las otras.

En 6to término:
Las naturalezas llamadas compuestas, nos son conocidas, ya porque la experiencia nos muestra lo que son, ya porque las componemos nosotros mismos.


En 7mo término :
Esta composición puede hacerse de tres maneras: por impulso, por conjetura o por deducción. Componen por impulso sus juicios aquellos a quienes su propio espíritu mueve a creer algo, sin estar convencidos por ninguna razón, y sí sólo determinados por algún poder superior, por la propia libertad o por una disposición de su fantasía. La composición se hace por conjetura haciendo probabilidades y no afirmamos que es verdadero. Componemos por deducción cuando estamos seguros de la verdad de las cosas.

De todo esto resulta:

1-Que no hay otra vía de conocimiento que la intuición evidente y la deducción necesaria.

2-Que no es preciso conocer las naturalezas simples porque son suficientemente conocidas por ellas mismas, pero sí es necesario separarlas una de otras y ver intuitivamente cada una por separado aplicando la inteligencia.

3-La ciencia humana consiste en esto “ver distintivamente como esas naturalezas concurren simultáneamente a la composición de otras cosas”.

4-Los conocimientos de las cosas no deben considerarse más oscuros que otros, puesto que son todos de la misma naturaleza.

5-Sólo se pueden deducir las cosas de las palabras, la causa del efecto, el efecto de la causa, lo semejante de lo semejante…


Vivier, Andrea
Higueras, Melina
Quadrilátero, Carina

4 comentarios:

andrea dijo...

Comentario:
Descartes busca demostrar cuál es el fin de los estudios que debe seguir la razón para alcanzar un saber universal, entendido éste como un conocimiento cierto e indubitable que distingue lo verdadero de lo falso. Para ésto propone que nos interesemos en al sabiduría general (las ciencias están mutuamente enlazadas) y no en ciencias particulares o útiles porque estaríamos viendo parcialmente la verdad. Nuestro espíritu debe ocuparse de saberes como la aritmética o la geometría porque se pueden conocer de un modo cierto e indubitable ya que se alcanzan por deducción a través de la vía racional. Así queda explícito que hay dos modos del entendimiento, dos formas de arribar al conocimiento verdadero, el primero es la intuición y el segundo es la deducción. La inteligencia humana es divina, las primeras semillas fueron depositadas y ésto lo vemos en la matemática, entendida como ciencia universal o general no como conjunto de números, que explica todo aquello que pueda investigarse de orden y medida sin aplicación a ninguna materia en especial.
El método consiste en el orden y disposición de los objetos a los que debemos dirigir la inteligencia para descubrir la verdad. Respecto al conocimiento de las cosas éstas pueden ser llamadas relativas o absolutas teniendo en cuenta no su naturaleza aislada sino la comparación entre los elementos, no es preciso conocer las naturalezas simples porque se conocen por sí mismas pero es importante corroborar que sirven para la composición de otras.
Lo más importante en este pensador es que no sólo se ocupa de los conocimientos obtenidos racionalmente sino que también intenta demostrar que el entendimiento necesita de otras facultades como los sentidos, la memoria y la imaginación para conocer con certezas el mundo de las cosas. El entendimiento se ocupa de lo no corpóreo por eso no necesita ser auxiliado por otras facultades pero si se ocupa de lo corpóreo tomará la ayuda de ellas especialmente de la imaginación ya que a través de ella accedemos al mundo de las imágenes.

Vivier, Andrea

ALVARO dijo...

´´ En primer lugar, todas las cosas pueden ser llamadas absolutas o relativas en la medida que puedan servir a nuestro propósito, no comparando su naturaleza aisladamente sino comparándolas entre sí.
Llamo absoluto, a todo lo que contiene en sí la naturaleza pura y simple a que se refiere una cuestión: por ejemplo, todo lo que se considera como independiente causa, simple, universal, uno, igual, semejante, recto u otras cosas de esta índole, y al mismo tiempo lo llamo lo más simple y lo mas fácil, para utilizarlo en la solución de las cuestiones.
Llamo relativo, a lo que participa de esta naturaleza o al menos de un aspecto de ella, por el cual podemos referirlo a lo absoluto y deducirlo de él siguiendo una serie, pero además envuelve en su concepto algunas otras cosas que llamo relaciones: tal es todo lo que se llama dependiente, efecto, compuesto, particular, múltiple, desigual, desemejante, oblicuo, etc.´´
Dicha cita es extraída de la regla numero VI. Si consideramos que la verdad y la falsedad está en el juicio, cuya forma es la de sujeto y predicado, S es P, el juzgar sobre lo absoluto es decir sobre las cosas cuya naturaleza es simple y pura, hace referencia aquí Descartes a los juicios cuya forma radica en que el sujeto contiene ya lo expresado en la predicación? a saber que la existencia esta ya contenida en la idea del Ser perfecto, o que tal vez nunca equivoque si juzgo que uno es igual a uno ( principio de identidad), mientras que los juicios realizados sobre lo relativo, es decir , sobre las relaciones ,nunca pueden por si asegurar la verdad, ya que tratan de una composición no necesaria, y por tanto contingente, es decir por ejemplo la rosa es roja( S es P ) puede no serlo en algún momento.
Por ultimo en la regla numero XII en el apartado de noción de las cosas simples dice en apartado Nº 3: las naturalezas simples son todas conocidas por ellas mismas y no contienen ninguna falsedad. En el apartado Nº 4 sostiene: la unión de estas cosas simples es necesaria y contingente, he aquí mis dudas al respecto ¿pueden ser la unión o composición de cosas simples, necesarias y contingentes al mismo tiempo? O ambos términos se excluyen? O tal vez todo juicio que se haga sobre la composición corra el riesgo de ser falso ya que lo único necesario es la contingencia o dicho de otro modo ´´ nadie puede bañarse dos veces en el mismo rio´´.

Liliana dijo...

Hola, Alvaro y Andrea. Muy buenas sus intervenciones. Yo diría ojo, con el tema de la composición.
Toda composición puede ser, según Descartes, por impulso, por conjetura o por deducción. Si estuviéramos dotados de un entendimiento infinito, no necesitaríamos deducir nada, puesto que obtendríamos la certeza por intuición.
Sin embargo, en cuanto dudamos, somos finitos, por lo cual tenemos que poner en marcha un proceso para alcanzar el conocimiento. Ese proceso está "ordenado" conforme al método.
De lo que se trata es de seguirlo, para estar seguro de que vamos por el camino hacia la verdad.
¿Qué contestarían Andrea y las demás autoras del texto sobre las Reglas?
Nos seguimos leyendo
Liliana

andrea dijo...

Como bien se dijo la composición puede darse de tres maneras , sin estar convencidos de ninguna razón pero sí determinados, según Descartes por dos influencias: la libertad y al fantasía. Igualmente todo lo que se compone de este modono nos hace más certeros lo que da la verdad es la deducción. Hay que resaltar que las naturalezas llamadas compuestas nos son conocidas por al experiencia y por nosotros mismos. La intuición y la deducción nos permite comprender de lo finito a lo lo infinito, nuestra naturaleza finita hace que necesitemos comprender el mecanismo de la composición.