8 jul. 2009

René Descartes, Meditaciones Metafísicas

MEDITACIONES METAFISICAS-

Meditacion segunda: SOBRE LA NATURALEZA HUMANA Y EL HECHO DE QUE ES MÁS COGNOSCIBLE QUE EL CUERPO

Pero hay un no sé quién engañador sumamente poderoso, sumamente listo, que me hace errar siempre a propósito.
Pero por más que me engañe, no podrá nunca conseguir que yo no exista mientras yo siga pensando que soy algo. De manera que, una vez sopesados de forma escrupulosa todos los argumentos, se ha de concluir que siempre que digo "yo soy, yo existo"o lo concibo en mi mente, necesariamente debe ser verdad. No alcanzo, sin embargo, a comprender todavía quien soy yo, que existo necesariamente. Pero ¿qué soy ahora, si supongo que algún engañador potentísimo, y si me es permitido decirlo, maligno, me hace errar intencionadamente ante todo cuanto puede? Doy más y más vueltas a la cuestión: no se me ocurre nada, y me fatigo considerando siempre lo mismo ¿Qué acontece a las cosas que atribuía al alma, como alimentarse o andar? Puesto que no tengo cuerpo, todo esto no es sino ficción. ¿Y sentir? Esto no se puede llevar a cabo sin el cuerpo. ¿Y pensar? Aquí me encuentro con lo siguiente: el pensamiento existe, y no puede serme arrebatado; "yo soy, yo existo": es manifiesto.
No admito ahora nada que no sea necesariamente cierto; soy, por lo tanto, en definitiva, una cosa que piensa, esto es, una mente, un alma, un intelecto, o una razón, vocablos de un significado que antes me era desconocido. Soy en consecuencia, una cosa cierta, y a ciencia cierta existente. Pero ¿qué soy? Ya lo he dicho, una cosa que piensa.Conozco que existo; me pregunto ahora ¿quién, pues, soy yo que he advertido que existo? Es indudable que este concepto, tomado estrictamente en sí, no depende de las cosas que todavía no sé si existen, y, por lo tanto, de ninguna de las que me figuro en mi imaginación.... puesto que imaginar no es otra cosa que contemplar la figura o la imagen de una cosa corpórea. Pero sé ahora con certeza que yo existo, y que puede suceder al mismo tiempo que todas estas imágenes y, en general, todo lo que se refiere a la naturaleza del cuerpo no sean sino sueños.
¿Qué soy? Una cosa que piensa. ¿Qué significa esto? Una cosa que duda, que conoce, que afirma, que niega, que quiere, que rechaza, y que imagina y siente.
[Descartes empieza por considerar las cosas que, comúnmente, creemos comprender con mayor distinción, a saber: los cuerpos que tocamos y vemos. No refiriéndose a los cuerpos en general, pues tales nociones generales suelen ser un tanto confusas, sino a un cuerpo particular…y dice
Tomemos, por ejemplo, este pedazo de cera que acaba de ser sacado de la colmena: aún no ha perdido la dulzura de la miel que contenía; conserva todavía algo de olor de las flores con que ha sido elaborado; su color, su figura, su magnitud son bien perceptibles; es duro, frío, fácilmente manejable, y, si lo golpeáis, producirá un sonido. Mas he aquí que, mientras estoy hablando, es acercado al fuego. Lo que restaba de sabor se exhala: el olor se desvanece; el color cambia, la figura se pierde, la magnitud aumenta, se hace líquido, se calienta, apenas se le puede tocar y, si lo golpeamos, ya no producirá sonido alguno. Tras cambios tales, ¿permanece la misma cera? Hay que confesar que sí: nadie lo negará]

Meditacion tercera: DE DIOS, QUE EXISTE
Yo soy una cosa que piensa, esto es, una cosa que duda, afirma, niega, que sabe poco e ignora mucho, que desea, que rechaza y aún que imagina y siente. Porque, en efecto, he comprobado que por más que lo que siento y lo que imagino no tenga quizás existencia fuera de mí, estoy seguro, sin embargo, de que estos modos de pensar que llamo sentimientos e imaginaciones, existen en mí en tanto son solamente modos de pensar. Unos pensamientos son como imágenes de las cosas, que son los únicos a los que conviene el nombre de idea, como cuando pienso un hombre una quimera, el cielo, un ángel o Dios.
Unos se llaman voluntades o afectos y los otros juicios. En lo que se refiere a las ideas, si se consideran en sí mismas y no las refiero a alguna otra cosa, no pueden ser propiamente falsas. Por lo tanto nos restan solamente los juicios. El principal error de ellos consiste en juzgar las ideas que existen en mí iguales o parecidas a las cosas que existen fuera de mí; puesto que si considerase tan solo a las ideas como maneras de mi pensamiento y no las refiriese a otras cosas, no podría ofrecer ocasión para errar.
Pues bien, de estas ideas, unas son innatas, otras adventicias y otras hechas por mí; puesto que la facultad de aprehender lo que son las cosas, qué es la verdad y qué es el pensamiento, no parece provenir de otro lugar que no sea mi propia naturaleza; en cuanto al hecho de oír un estrépito, ver el sol, sentir el fuego, ya he indicado que procede de ciertas cosas colocadas fuera de mí; y finalmente las sirenas, los hipogrifos y cosas parecidas son creadas por mí. Pues bien, he de examinar, en relación a las ideas tomadas de las cosas que existen fuera de mí, qué causa me mueve a juzgarlas parecidas a esas cosas. Paréceme enseñármelo la naturaleza ya que experimento que no dependen de mi voluntad; se presentan sin mi consentimiento, ya que, quiera o no, siento el calor y por lo tanto considero que aquel sentido o idea de calor, procede de una cosa que no soy yo, es decir, del calor del fuego junto al que estoy sentado.
La ideas que me son mostradas por la luz natural (por ejemplo, del hecho de que dude, se deduzca que existo) de ningún modo pueden ser dudosas, dado que no puede haber ninguna otra facultad a la que confíe tanto como a esta luz; pero en lo que se refiere a los ímpetus naturales, ya he observado con frecuencia que he sido arrastrado por ellos a la peor parte cuando se trataba de elegir el bien. Pues bien, aunque estas ideas (adventicias) no dependan de mi voluntad, no por ello es seguro que procedan de cosas colocadas fuera de mí...quizás hay en mí alguna facultad, que no me es conocida todavía claramente, creadora de estas ideas.
Muy al contrario como, por ejemplo, existen en mi mente dos ideas de sol, una adquirida por medio de los sentidos, que según creo, debe incluirse entre las ideas adventicias, en la que se me aparece muy pequeño, y otra tomada del estudio astronómico, es decir, de ciertas nociones que me son innatas o formadas por mí de cualquier otro modo
Por otro lado, es manifiesto que debe haber al menos igual realidad en una causa eficiente que en el efecto de dicha causa. Porque, ¿de dónde podría tomar su realidad el efecto a no ser de la causa? ¿Y de qué modo la causa puede otorgarla al efecto, a no ser que la posea? De aquí se deduce que; lo menos perfecto no puede crear a lo más perfecto. Pero todo lo dicho no solamente se aplica a los efectos cuya realidad es actual, sino también a las ideas.
Por otra parte, no puede existir en mí la idea de calor o de una piedra a no ser que haya sido introducida en mí por una causa en la que exista al menos la misma capacidad de juicio que existe en mi; porque si suponemos que existe algo en la idea que no se encuentra en la causa, entonces esto lo posee de la nada.¿Qué conclusión se ha de obtener de todo esto? .La de que si la realidad objetiva de alguna de mis ideas es tal que esté seguro de que ella no existe en mi .y de que, por lo tanto, no puedo ser yo mismo la causa de tal idea, se sigue necesariamente que no soy yo el único ser existente, sino que existe también alguna otra cosa que es la causa de esa idea.Ahora bien, entre estas ideas mías; existe una que representa a Dios, otra a las cosas corpóreas; otra a los ángeles y otra a los hombres parecidos a mí. En lo que se refiere a las ideas que representan a los demás hombres y a los ángeles, veo fácilmente que han podido ser creadas de las ideas que tengo de mí mismo, de las cosas corporales y de Dios, aún cuando, a excepción de mí, no existiese en el mundo ningún hombre, ni ningún ángel. En lo que respecta a las ideas de las cosas corporales, no hay nada en ellas que no parezca que podría proceder de mi mismo.
Del mismo modo que con la cera, advierto que es poco lo que puedo percibir clara y distintamente: a saber, su magnitud, es decir, su extensión...su figura, lo demás, como la luz, los colores y las restantes cualidades no lo pienso sino confusamente.
Las ideas de los seres corpóreos, a saber, la extensión, la figura, el lugar, el movimiento, etc, no están contenidas en mí en tanto que soy solamente una cosa que piensa; pero como son tan sólo ciertos modos de la substancia y yo soy una substancia, parecer ser posible que estén contenidas en mi. Sólo queda considerar la idea de Dios.




Meditación cuarta: SOBRE LO VERDADERO Y LO FALSO
Cuando me doy cuenta de que yo dudo, o de que soy una cosa incompleta y dependiente, de tal manera se me presenta clara y definida la idea de un ser independiente y completo, es decir, de Dios, y del hecho de que exista esa idea en mi concluyo de modo manifiesto que Dios existe.
Y ya me parece ver algún camino por el cual se llegue al conocimiento de las demás cosas, partiendo de la contemplación del verdadero Dios. Primeramente reconozco que no puede suceder que Él me engañe alguna vez. Ya que aunque poder engañar parezca una prueba de poder o de inteligencia, sin duda alguna querer engañar testimonia malicia y necedad, y por lo tanto no se encuentra en Dios. A continuación experimento que hay en mi una cierta facultad de juzgar, que he recibido ciertamente de Dios. Por ello cuando pienso tan sólo sobre Dios y me concentro en Él solamente no encuentro ninguna causa de error; pero cuando me vuelvo a mí mismo, me doy cuenta de que estoy sujeto, sin embargo, a innumerables errores, e investigando su causa descubro que no sólo se presenta a mi mente la idea positiva de Dios, es decir, de un ente sumamente perfecto, sino también una cierta idea negativa de la nada, o de algo que dista en grado sumo de toda perfección, y que yo, como ser pensante, me hallo situado de tal manera entre el ser perfecto y el no-ser; que, en tanto que participo en cierto modo de la nada, o del no-ser, es decir, en tanto en que no soy el ente perfecto, me faltan innumerables cosas, por lo que no es de extrañar que me equivoque. Por ello, considero que el error no es algo real que depende de Dios, sino que es tan sólo un defecto, no debido a que Dios me lo haya otorgado con la finalidad de que me equivoque, sino que el errar proviene de que mi facultad de enjuiciar lo verdadero, que tengo de Él, no es infinita.......Además, el error no es una pura negación, sino una privación o carencia de cierto conocimiento que debería existir en mí de alguna manera.¿Es mejor por tanto errar que no errar? Mientras lo considero más atentamente, se me ocurre primero que no es de extrañar que Dios haga cosas cuyos motivos no comprendo, por ello, juzgo que no tiene ninguna utilidad en la física aquel género de causas que se suelen obtener por el fin, porque pienso que no podría yo sin temeridad investigar los fines de Dios.
Finalmente, acercándome a mí mismo e investigando cuáles son mis errores (porque ellos únicamente testimonian alguna imperfección en mí) advierto que dependen de dos causas concluyentes, a saber, de la facultad de conocer que poseo y de la facultad de elegir, o libertad de arbitrio, es decir, del intelecto y al mismo tiempo de la voluntad. Sólo por el intelecto percibo las ideas que podemos juzgar, y no se encuentra ningún error propiamente dicho en él, estrictamente considerado.
Por otro lado, no me puedo quejar de que no haya recibido de Dios una voluntad o libertad de arbitrio suficientemente amplia y perfecta. Porque si, por ejemplo, considero mi facultad de pensar, reconozco inmediatamente que es en mí exigua y finita en grado sumo.
De igual modo, si examino la facultad de recordar, o de imaginar, u otras cualesquiera, no encuentro ninguna que no comprenda que es en mí tenue y limitada; en Dios, por el contrario, inmensa. Únicamente tanta voluntad o libertad de arbitrio existe en mí, que no puedo aprehender la idea de ninguna mayor; de modo que es ella la principal razón por la que creo ser en cierto modo la imagen y la semejanza de Dios. Porque aunque es mayor sin comparación en Dios que en mi; no parece ser mayor, formal y estrictamente considerada; ya que consiste solamente en poder hacer o no hacer una cosa ( es decir, afirmar o negar, seguir o rehuir ), o mejor dicho, en actuar de tal manera con respecto a lo que nos propone el intelecto para afirmar o negar, seguir o rehuir, que no sintamos ser determinados a ello por ninguna causa. Por lo cual entiendo que ni la capacidad de querer, que tengo de Dios, es estrictamente considerada, la causa de mis errores, puesto que es amplísima y perfecta en su género, ni tampoco la capacidad de concebir; pues de ella en sí no puede provenir que me equivoque. ¿De dónde nacen, pues, mis errores? Del hecho solamente de que, siendo más amplia la voluntad que el intelecto, no la retengo dentro de ciertos límites, sino que la aplico a lo que aún no concibo clara y definidamente. Es el mal uso del libre albedrío en donde se encuentra aquella privación que es la causa del error.
Por todo ello, siempre que contenga mi voluntad al emitir un juicio, de manera que se extienda tan sólo a lo que el intelecto le muestre clara y definidamente, no puede ser que me equivoque.
Meditación quinta: SOBRE LA ESENCIA DE LAS COSAS MATERIALES Y NUEVAMENTE SOBRE QUE DIOS EXISTE
Me queda mucho por investigar sobre los atributos de Dios, y sobre la naturaleza de mí mismo o de mi alma; quizá lo intente en otra ocasión, pero ahora nada me parece más urgente; que intentar hacer emerger la duda en que caí anteriormente y ver si puede ser conocido algo cierto sobre las cosas materiales. Primeramente, antes de averiguar si existen tales cosas fuera de mí, debo considerar sus ideas en tanto que existen en mi pensamiento, y ver cuáles entre ellas son definidas y cuáles confusa.
Y no solamente estas cosas, vistas en general, me son conocidas y obvias, por poca atención que preste, sino que también percibo un sinfín de particularidades como la figura y el movimiento.
Cuando, por ejemplo, me imagino un triángulo, aunque quizá tal figura no exista fuera de mí pensamiento en ninguna parte, posee sin embargo una determinada naturaleza, o esencia, o forma, inmutable y eterna que ni ha sido creada por mí ni depende de mi mente; como se evidencia del hecho de que se puedan demostrar varias propiedades de este triángulo, a saber, que sus tres ángulos son iguales a dos rectos.Si sólo por el hecho de poder extraer de mi pensamiento la idea de cualquier cosa se sigue que todo lo demás que percibo claramente referente a ella se refiere a ella en realidad, ¿no se puede obtener de aquí un argumento para probar la existencia de Dios? Ciertamente encuentro no menos en mí su idea, es decir, la de un ente sumamente perfecto, que la idea de cualquier figura o número; y me doy cuenta de que no menos clara y definidamente atañe a su naturaleza el que siempre exista, que lo que demuestro de un número o de una figura atañe a la naturaleza de ellos; por lo tanto, en el mismo grado de certeza debería estar en mí la existencia de Dios que lo estuvieron hasta ahora la verdades matemáticas. Con todo, esto no es evidente a primera vista, sino que incluso tiene una cierta apariencia de sofisma. Estando acostumbrado a separar en las demás cosas la existencia de la esencia, me persuado fácilmente de que aquélla se puede separar de la esencia de Dios, y que por tanto se puede pensar en un Dios como no existente.
Sin embargo, si se presta un poco más de atención, aparece manifiestamente que la existencia no menos puede separarse de la esencia de Dios que de la esencia del triángulo la magnitud de los tres ángulos iguales a dos rectos, o de la idea de monte o de la idea de valle, de modo que no menos repugna pensar en Dios (es decir, en un ente sumamente perfecto), a quien falte la existencia, (es decir, al que le falte una perfección), que pensar un monte a quien falte un valle. Con todo; del mismo modo que del hecho de que piense un monte con un valle no se sigue que exista algún monte en el mundo, así del hecho de que piense a Dios como existente no se sigue que Dios exista. Mi pensamiento no impone ninguna necesidad a las cosas; y así como es posible imaginar un caballo alado aunque ningún caballo tenga alas, de igual modo puedo quizás atribuir a Dios la existencia, aunque no exista ningún Dios. Muy al contrario, está oculto aquí un sofisma: puesto que del hecho de no poder pensar un monte sin valle no se sigue que exista en parte alguna el monte o el valle, sino tan sólo que el monte y el valle no se pueden separar mutuamente, existan o no. Por tanto, del hecho de no poder pensar a Dios privado de existencia, se sigue que la existencia es inseparable de Dios, y consiguientemente, que Éste existe en realidad; no porque lo cree mi pensamiento o imponga una necesidad a alguna cosa, sino porque la necesidad de la cosas misma, es decir, de la existencia de Dios, me obliga a pensarlo: ya que no tengo libertad de pensar a Dios sin existencia, así como tengo libertad de imaginar un caballo con alas o sin ellas.En lo que se refiere a Dios; nada reconocería yo antes más fácilmente que a Él; porque ¿qué hay más manifiesto que el hecho de que existe un ente sumo o Dios cuya esencia es la única a la que pertenece la existencia? Además advierto que la certidumbre de las demás cosas depende hasta tal punto de esto mismo, que sin ello nada puede jamás conocerse de un modo perfecto
Así, por ejemplo, cuando considero la naturaleza del triángulo, me es absolutamente evidente que sus tres ángulos son iguales a dos rectos, y no puedo no creer que esto sea verdad mientras estoy atento a su demostración; pero tan pronto como aparto mi atención de ella por más que recuerde que la he comprendido muy claramente, puede suceder con facilidad que dude que sea verdadera, en el caso que ignore que Dios existe.
Pero una vez que he percibido que Dios existe, y de que no es engañador; resulta que, aunque ya no siga atendiendo a las razones por las que he juzgado que esto es verdad, sólo con que recuerde haberlo percibido clara y definidamente, no se puede aducir ningún argumento en contra que me induzca a dudar..Por lo tanto, veo que la certidumbre y la verdad de toda ciencia dependen tan sólo del conocimiento de Dios, de modo que nada podría conocer perfectamente antes de que lo hubiera conocido a él.



Resumen de "Las meditaciones Metafisicas " de René Descartes

Publicado por LAURA GUZZO e ISABEL MUÑOZ


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Comentario de Isabel:
HOLA LILIANA,HOLA CHICOS!
Aquí va mi comentario sobre las Meditaciones …de Descartes, les cuento que “me ayudé” con Julián Marías, Chatelet, González Álvarez (Historia de la filosofía)-

Descartes en sus “Meditaciones metafísicas" hace una “destrucción” de las opiniones antiguas (Med.I) mediante la duda, previa la determinación de no aceptar ninguna verdad de la cuál se pueda sospechar.
Como no es posible ir examinando una a una todas las verdades, Descartes busca algunos criterios con los cuales desechar grandes regiones del saber;encuentra cuatro:
1-Los sentidos, que, si alguna vez me han engañado, puedo suponer que me engañan siempre, con lo cual quedan desechadas las verdades de experiencia.
2-El mal uso de la razón, por lo cual me he engañado alguna vez, me hace ser precavido y suponer que puedo engañarme siempre, con lo que queda descartado otro sector de conocimientos.
3-La falta de criterio para distinguir el estado de vigilia del estado de sueño, por lo que todas las impresiones se harán ilusorias.
4-La hipótesis de un genio maligno, que afecta a la seguridad de todas las verdades que puedan haber quedado en pie con los criterios anteriores.
Con tales motivos emprende el proceso dubitativo y van desapareciendo el conjunto de verdades hasta entonces admitidas, primero tas que se refieren a los objetos exteriores y al mundo de los cuerpos en general, después las que se refieren a Dios, y, finalmente, aquellas que hacen referencia al hombre mismo en su parte material, en el cuerpo. [Ejemplo del trozo de cera. La realidad del trozo de cera (aquello que me permite reconocerlo como cera, a pesar de sus
transformaciones) no es captable por los sentidos sino por el juicio del entendimiento.
Y aunque este juicio pueda ser equivocado (negar la existencia misma de la cera) no es posible negar la existencia del sujeto que emite el juicio como sujeto pensante.
]
Descartes aspira a encontrar al menos una sola cosa que sea cierta e indudable, y, la primera cosa que se resiste a toda duda es la propia existencia: no es posible dudar y al mismo tiempo no reconocer la existencia de quien duda, entonces dudando de toda verdad es como encuentra una verdad primera.
Ya no se puede dudar de la existencia del sujeto, pero sí de su naturaleza.
Repasa todos los atributos del cuerpo (figura, extensión, situación) y los atributos del alma (nutrirse, andar, sentir y pensar), el único atributo que se resiste a la duda es el pensamiento. Resulta indudable la naturaleza pensante de la existencia del sujeto.
“soy una cosa que piensa”. ¿Y qué es pensar? Es entender, querer, sentir.
Y aunque se pueda dudar de lo que se piensa, siente o imagina, no se puede dudar de la existencia del pensamiento mismo.
En la Meditación segunda, haciendo uso del procedimiento eliminativo, concluye también que es una cosa que piensa: ego sum res cogitans.Descartes encuentra que la verdad del cogito consiste en que no puede dudar de él; y no puede dudar porque ve que tiene que ser así, porque es evidente; y esta evidencia consiste en la absoluta claridad y distinción que tiene esa idea. Ese es el criterio de verdad; la evidencia.
Ahora: Descartes sabe que existe, y lo sabe porque penetra, de un modo claro y distinto, su verdad. Es una verdad que se justifica a sí misma; cuando se encuentre con algo semejante tendrá que admitir forzosamente que es verdad.
A menos que esté en situación de engaño, que sea victima de una ilusión y haya alguien que le haga ver como evidente lo más falso. Entonces la evidencia no serviría para nada, y no se podría afirmar más verdad que la de que yo existo; y esta porque, naturalmente, si me engañan, el engañado soy yo, o, lo que es igual, yo, engañado, soy. El hombre quedaría definitivamente preso de sí mismo, sin poder saber con certeza más que de su existencia.
La Divinidad no podría engañar de ese modo haciendo creer lo que no es, si Dios existe; no lo sabemos, pero tampoco lo contrario, dice Descartes no me sumiría en el error, ni por debilidad, ni por precipitación, sino por mi propia evidencia, no sería Dios quien me engañara sino algún poderoso genio maligno
Las pruebas cartesianas, cuya relación es íntima, tienen un elemento en común: yo tengo la idea de un ente perfecto, luego existe. Lo distinto de ellas es la razón por la cual la idea prueba la existencia: en la primera se afirma que solo Dios puede poner la idea sobre mí; en la segunda se muestra que esa idea de Dios que yo poseo implica mi existencia. Las dos pruebas, por lo tanto, se requieren y se apoyan recíprocamente
SALUDOS A TODOS.

5 comentarios:

ALVARO dijo...

Felictaciones muy buena produccion,en la medida de mis posibilidades realizare algun comentario conceptual acerca del trabajo.
Saludos.
Alvaro.

LAURA dijo...

Descartes dudará y rechazara como falso todoa quello que no sea absolutamente verdadero, es decir lo claro y distinto.
Descartes en la cuarta meditación,postula que ha sido probado que todas las cosas que conocemos muy clara y distintamente son verdaderas y a la vez se explica en que consiste la naturaleza del error o falsedad, lo que debe necesariamente saberse, tanto para confirmar las verdades precedentes como para entender las que siguen.

andrea dijo...

Hola chicos, Descartes la existencia deviene del pensar puro, el pensamiento es de lo único que puedo estar seguro, soy un ente que piensa y por lo tanto existente. Tengo idea de las cosas, y la realdad objetiva de las ideas promueve la seguridad de una existencia autónoma de ellas, yo no puedo ser la causa de las ideas porque hay otro ser existente que lo es, Dios, quien es prefecto y no puede engañarme. Esto muestar que la causa de mis errores es el mal uso del lebre elbedrío. Primero las ideas después las cosas. Pienso luego existo por lo tanto si no lo pienso no existe y pensar es dudar. Si dudo de dios es porque pienso, lo pienso por eso existe.

Camilo dijo...

Hola! estoy leyendo la segunda meditación y todo me ha parecido muy coherente hasta que se toma el ejemplo de la cera de abeja que no me convence por completo, según entiendo descartes busca comprobar que es en si la cera de abeja,para ello compara la cera antes y después de exponerlo al fuego dando como resultado un cambio en las características del mismo pero asegurando sin embargo que sigue siendo cera ; no puede evitar pensar que no es cierto ya que el contacto de la cera con el fuego genera una reacción química y de una reacción química puede en algunos casos generar nuevas sustancias o elementos diferentes a los reactivos, a lo que quiero llegar es que si la cera en un principio tenia cierto color y luego cambia a otro por medio de una reacción química es lógico pensar que cambio sus estructura química siendo en realidad algo diferente a la cera del principio, en el texto se toma como si fuera la misma cera de siempre y aunque resulta muy similar a la cera de antes de calentarla, químicamente no lo es por lo que en realidad es otra cosa que la del principio ¿me equivoco?

CATALINA PEREZ GARRIDO dijo...

claro, pero este pensamiento acerca de la cera es TUYO, y podemos o no estar de acuerdo, mas lo importante en el caso de que estés estudiando a Descartes,,, es la impresión de Descartes,, el se refiere a que , a pesar de que un cuerpo (cera en este caso ) cambie sus estados y formas, logramos "saber" de que se trata del mismo cuerpo (cera en este caso) ,, y eso es solamente gracias al ENTENDIMIENTO ,,,