15 jul. 2009

Fragmentos de Platón

Estos textos fueron escritos por los estudiantes del Profesorado en Historia del Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González".

Timeo:


En el Timeo, Platón relata el mito de la creación del cosmos. En este diálogo, Platón trata de ofrecer un "relato verosímil" acerca de la formación del cosmos.

Los primeros filósofos griegos le encuentran el siguiente sentido al término “cosmos”: dicen que es un todo generado, por lo tanto tiene que ser tangible y tener un cuerpo. Entonces, tiene que ser sensible y a partir de esta sensibilidad se produce la unión con la sensación demostrando así que esta generado y engendrado. Lo generado no es casual, tiene que tener un fin. Quien se encarga de crear este mundo es el hacedor y se tiene que basar en algún tipo de modelo que sea inmutable y a su vez permanente. Es por esto que el Demiurgo miró el modelo eterno.


A- Como el dios quería que todas las cosas fueran buenas y no hubiera en lo posible nada malo, tomó todo cuanto es visible, que se movía sin reposo de manera caótica y desordenada, y lo condujo del desorden al orden, porque pensó que éste es en todo sentido mejor que aquél. Pues al óptimo sólo le estaba y le está permitido hacer lo más bello.


B- El dios por medio del razonamiento llegó a la conclusión que todo ser hermoso debía poseer la razón y que esta tendría que tener alma. A causa de este razonamiento, al ensamblar el mundo, colocó la razón en el alma y el alma en el cuerpo, para que su obra fuera la más bella y mejor por naturaleza. Es así que según el discurso probable debemos afirmar que este universo llegó a ser verdaderamente un viviente provisto de alma y razón por la providencia divina.

C- Como el dios quería asemejarlo lo más posible al más bello y absolutamente perfecto de los seres inteligibles, lo hizo un ser viviente visible y único con todas las criaturas vivientes que por naturaleza le son afines dentro de sí. Pues lo que incluye todos los seres vivos inteligibles existentes nunca podría formar un par con otro porque sería necesario otro ser vivo adicional que los comprendiera a estos dos, del que serían partes, y entonces sería más correcto afirmar que este mundo no se asemeja ya a aquéllos sino a aquel que los abarca. Por ello, para que en la singularidad fuera semejante al ser vivo perfecto, su creador no hizo ni dos ni infinitos mundos, sino que éste, generado como un universo único, existe y existirá solo.
D- Ciertamente, lo generado debe ser corpóreo, visible y tangible, pero nunca podría haber nada visible sin fuego, ni intangible, sin algo sólido, ni sólido, sin tierra. Por lo cual, el dios, cuando comenzó a construir el cuerpo de este mundo lo hizo a partir del fuego y de la tierra. Pero no es posible unir bien dos elementos aislados sin un tercero, ya que es necesario un vínculo en el medio que los una. El vínculo más bello es aquél que puede lograr que él mismo y los elementos por él vinculados alcancen el mayor grado posible de unidad. La proporción es la que por naturaleza realiza esto de la manera más perfecta. Si el cuerpo del universo hubiera tenido que ser una superficie sin profundidad, habría bastado con una magnitud media que se uniera a sí misma con los extremos; pero en realidad, convenía que fuera sólido y los sólidos nunca son conectados por un término medio, sino siempre por dos. Así, el dios colocó agua y aire en el medio del fuego y la tierra y los puso, en la medida de lo posible, en la misma relación proporcional mutua --la relación que tenía el fuego con el aire, la tenía el aire con el agua y la que tenía el aire con el agua, la tenía el agua con la tierra--, después ató y compuso el universo visible y tangible. Por esta causa y a partir de tales elementos, en número de cuatro, se generó el cuerpo del mundo. Como concuerda por medio de la proporción, alcanzó la amistad, de manera que, después de esta unión, llegó a ser indisoluble para otro que no fuera el que lo había atado. En efecto, el creador lo hizo de todo el fuego, agua, aire y tierra, sin dejar fuera ninguna parte o propiedad, porque se propuso lo siguiente.


E- Primero, trató el dios que el conjunto fuera lo más posible un ser vivo completo de partes completas y, segundo, único, al no quedar nada de lo que pudiera generarse otro semejante; tercero, que no envejeciera ni enfermara. Por esta causa y con este razonamiento, lo conformó como un todo perfecto constituido de la totalidad de todos los componentes, que no envejece ni enferma. Le dio una figura conveniente y adecuada. La figura apropiada para el ser vivo que ha de tener en sí a todos los seres vivos, debería ser la que incluye todas las figuras. Por tanto, lo construyó esférico, con la misma distancia del centro a los extremos en todas partes, circular, la más perfecta y semejante a sí misma de todas las figuras, porque consideró muchísimo más bello lo semejante que lo disímil. Por múltiples razones culminó su obra alisando toda la superficie externa del universo. Pues no necesitaba ojos, ya que no había dejado nada visible en el exterior, ni oídos, porque nada había que se pudiera oír.
Como no estaba rodeado de aire, no necesitaba respiración, ni le hacía falta ningún órgano por el que recibir alimentos, ni para expulsar luego la alimentación ya digerida. Nada salía ni entraba en él por ningún lado –tampoco había nada--, pues nació como producto del arte de modo que se alimenta a sí mismo de su propia corrupción y es sujeto y objeto de todas las acciones en sí y por sí. En efecto, el hacedor pensó que si era independiente sería mejor que si necesitaba de otro. Consideró que no debía agregarle en vano manos, que no precisaba para tomar o rechazar nada, ni pies ni en general ningún instrumento para desplazarse. Pues le proporcionó el movimiento propio de su cuerpo, el más cercano al intelecto y a la inteligencia de los siete. Por tanto, lo guió de manera uniforme alrededor del mismo punto y le imprimió un movimiento giratorio circular, lo privó de los seis movimientos restantes y lo hizo inmóvil con respecto a ellos. Como no necesitaba pies para ese circuito, lo engendró sin piernas ni pies.
El dios eterno razonó de esta manera acerca del dios que iba a ser cuando hizo su cuerpo no sólo suave y liso sino también en todas partes equidistante del centro, completo, entero de cuerpos enteros. Primero colocó el alma en su centro y luego la extendió a través de toda la superficie y cubrió el cuerpo con ella. Creó así un mundo circular que gira en círculo, único, solo y aislado, que por su virtud puede convivir consigo mismo y no necesita de ningún otro, que se conoce y ama suficientemente a sí mismo. Por todo esto lo engendró como un dios feliz.
El dios no pensó en hacer el alma más joven que el cuerpo, tal como hacemos ahora al intentar describirla después de aquél --pues cuando los ensambló no habría permitido que lo más viejo fuera gobernado por lo más joven--, mas nosotros dependemos en gran medida de la casualidad y en cierto modo hablamos al azar. Por el contrario, el demiurgo hizo al alma primera en origen y en virtud y más antigua que el cuerpo.
Mezcló una tercera clase de ser, hecha de los otros dos. En lo que concierne a las naturalezas de lo mismo y de lo otro, también compuso de la misma manera una tercera clase de naturaleza entre lo indivisible y lo divisible en los cuerpos de una y otra. A continuación, tornó los tres elementos resultantes y los mezcló a todos en una forma: para ajustar la naturaleza de lo otro, difícil de mezclar, a la de lo mismo, utilizó la violencia y las mezcló con el ser. Después de unir los tres componentes, dividió el conjunto resultante en tantas partes como era conveniente, cada una mezclada de lo mismo y de lo otro y de ser. Comenzó a dividir así: primero, extrajo una parte de todo; a continuación, sacó una porción el doble de ésta posteriormente tomó la tercera porción, que era una vez y media la segunda y tres veces la primera; y la cuarta, el doble de la segunda, y la quinta, el triple de la tercera, y la sexta, ocho veces la primera, y, finalmente, la séptima, veintisiete veces la primera.
Después, llenó los intervalos dobles y triples, cortando aún porciones de la mezcla originaria y colocándolas entre los trozos ya cortados, de modo que en cada intervalo hubiera dos medios, uno que supera y es superado por los extremos en la misma fracción, otro que supera y es superado por una cantidad numéricamente igual. Llenó todos los de cuatro tercios con uno de nueve octavos y dejó un resto en cada uno de ellos cuyos términos tenían una relación numérica de doscientos cincuenta y seis a doscientos cuarenta y tres. De esta manera consumió completamente la mezcla de la que había cortado todo esto. A continuación, partió a lo largo todo el compuesto, y unió las dos mitades resultantes por el centro, formando una X. Después, dobló a cada mitad en círculo, hasta unir sus respectivos extremos en la cara opuesta al punto de unión de ambas partes entre sí y les imprimió un movimiento de rotación uniforme. Colocó un círculo en el interior y otro en el exterior y proclamó que el movimiento exterior correspondía a la naturaleza de lo mismo y el interior a la de lo otro. Mientras a la revolución de lo mismo le imprimió un movimiento giratorio lateral hacia la derecha, a la de lo otro la hizo girar en diagonal hacia la izquierda y dio el predominio a la revolución de lo mismo y semejante; pues la dejó única e indivisa, en tanto que cortó la interior en seis partes e hizo siete círculos desiguales. Las revoluciones resultantes estaban a intervalos dobles o triples entre sí y había tres intervalos de cada clase. El demiurgo ordenó que los círculos marcharan de manera contraria unos a otros, tres con una velocidad semejante, los otros cuatro de manera desemejante entre sí y con los otros tres, aunque manteniendo una proporción.
Una vez que, en opinión de su hacedor, toda la composición del alma hubo adquirido una forma racional, éste entramó todo lo corpóreo dentro de ella, para lo cual los ajustó reuniendo el centro del cuerpo con el del alma. Ésta, después de ser entrelazada por doquier desde el centro hacia los extremos del universo y cubrirlo exteriormente en círculo, se puso a girar sobre sí misma y comenzó el gobierno divino de una vida inextinguible e inteligente que durará eternamente. Mientras el cuerpo del universo nació visible, ella fue generada invisible, partícipe del razonamiento y la armonía, creada la mejor de las criaturas por el mejor de los seres inteligibles y eternos. Puesto que el dios la compuso de estos tres elementos --la naturaleza de lo mismo, la de lo otro y el ser--, la dividió proporcionalmente y después la unió, cuando [el alma], al girar sobre sí misma, toma contacto con algo que posee una esencia divisible o cuando lo hace con algo que la tiene indivisible, dice, moviéndose en su totalidad, a qué es, eventualmente, idéntico, de qué difiere o de qué es relativo y, más precisamente, cómo y de qué manera y cuándo sucede que un objeto particular es relativo a o afectado por otro objeto del mundo del devenir o del de los entes eternos e inmutables.


F- Luego de que se originara el mundo, no existían los días, las noches, los meses ni los años. Por ello, planeó su generación al mismo tiempo que la composición de aquél. La decisión divina de crear el tiempo hizo que surgieran el sol, la luna y los otros cinco cuerpos celestes que llevan el nombre de planetas para que dividieran y guardaran las magnitudes temporales. Después de hacer el cuerpo de cada uno de ellos, el dios los colocó en los circuitos que recorría la revolución de lo otro, siete cuerpos en siete circuitos, la luna en la primera órbita alrededor de la tierra, el sol, en la segunda sobre la tierra y el lucero y el que se dice que está consagrado a Hermes, en órbitas que giran a la misma velocidad que la del Sol pero con una fuerza contraria a él, razón por la que regularmente se superan unos a otros el sol, el planeta de Hermes y el lucero. El dios encendió una luz en el segundo circuito contando desde la tierra, la que actualmente llamamos sol, con la finalidad de que todo el cielo se iluminara completamente y los seres vivientes correspondientes participaran del número, en la medida en que lo aprendían de la revolución de lo mismo y semejante. Así y por estas razones, nacieron la noche y el día, el ciclo de tiempo de la unidad de revolución más racional. El mes se produce, cuando la luna, después de recorrer toda su órbita, supera al sol; el año, cuando el sol completa su revolución. De esta manera y por estos motivos, fueron engendrados todos los cuerpos celestes que en sus marchas a través del cielo alcanzan un punto de retorno, para que el universo sea lo más semejante posible al ser vivo perfecto e inteligible en la imitación de la naturaleza eterna. cuatro: una es el género celeste de los dioses, otra el alado y de los animales que surcan el aire; la tercera es el género acuático y la cuarta corresponde al que marcha sobre los pies y a los animales terrestres. Hizo la mayor parte de la forma de lo divino de fuego para que fuera el género más bello y más luminoso para la vista, y lo construyó perfectamente circular, semejante al universo. Lo colocó en la inteligencia de lo excelso, para que lo siguiera, y lo distribuyó por todo el cielo en círculo, de modo que fuera un verdadero adorno bordado en toda su superficie. A cada uno le dio dos movimientos, uno en lo mismo y según lo mismo, para que piense para sí siempre lo mismo acerca de lo mismo, el otro hacia adelante, dominado por la revolución de lo mismo y semejante, pero inmóvil y fijo respecto de los cinco movimientos, para que cada uno de ellos llegara a ser lo más perfecto posible. Por esta causa, por tanto, surgieron las estrellas fijas, que son seres vivos divinos e inmortales que giran según lo mismo en el mismo punto y permanecen siempre. Las que tienen un punto de retorno y un curso errático, como fue descrito más arriba, nacieron como fue dicho.



Marina Colman- Juan Ignacio Pirritano
1er. Año Historia, JVG






La República: Alegoría de la caverna


Platón en su libro “La República” (Libro VII, 514 a- 521 b), quiere explicar la situación de los hombres comunes frente a la verdadera realidad y el camino a emprender para alcanzar la sabiduría. Para hacerlo se vale de una alegoría.
Esta consiste en lo siguiente: imaginemos que estamos en una caverna en la cual al fondo de ella se encuentran unos prisioneros, que llevan ahí toda su vida, encadenados de pies y cabeza. Debido a esto no pueden ver otra cosa que la pared del fondo de la caverna. Mas hacia arriba de la caverna hay una especie de tapia, por la cual se extiende un camino, el cual recorren hombres con cosas a sus espaldas. Mas arriba hay un fuego, cuyo resplandor ilumina el fondo de la caverna y hace sombras solo a los objetos que cargan los hombres, debido a que los hombres son tapados por la tapia.
Si se liberara a un prisionero de sus cadenas y se lo obligara a salir, lo primero que sentiría es dolor, y además debido a que sus ojos no están acostumbrados al sol no podría ver. El prisionero liberado va a experimentar, en un principio, el asombro (ya que su realidad es cambiada completamente) es por ello que va a sentir deseos de volver a su lugar anterior, pero también experimentara la curiosidad de ver la luz, la cual lo llevará a darse cuenta de la nueva realidad, la que aceptara como verdadera
Después a medida que pase el tiempo se va a adaptando para tolerarlo, hasta que llegue un momento en el cual ya distinguirá todos los objetos de su alrededor con total claridad. Podrá ver al Sol directamente, tal cual es.
Podemos interpretar que la caverna es el mundo sensible, nuestro mundo; y el exterior el mundo de las ideas, donde esta el Sol (simbolización del bien, de la justicia y de la sabiduría). Este ascenso de las profundidades de la caverna, hacia el exterior se ve como un ascenso del alma al mundo de las ideas.
Hay tres etapas por las cuales atraviesa el prisionero:
Primero, cambia de lugar y ve las cosas de otro modo; luego encuentra la verdadera causa de las cosas, y adquiere un nuevo conocimiento; y por ultimo, regresa a la caverna.
Cuando regrese a su caverna no verá nada, ya que sus ojos se habían acostumbrado a la luz del Sol, y cuando tenga que dar su opinión de que son esas sombras, y opine algo completamente diferente a los prisioneros que se quedaron en la caverna, estos no le harían caso y se reirían de él.

Podemos interpretar a la caverna y a su oscuridad como la ignorancia, cuando el hombre es liberado y logra salir de ella se encuentra con la luz, con la sabiduría, la justicia, la verdad. Aquí se destaca una responsabilidad, quien vio la realidad tiene el deber de volver a la caverna y conducir a quienes permanecen en la ignorancia. Ese deber no es cosa fácil, ya que quienes nunca salieron de la caverna y nunca vieron la luz, la realidad y no entienden de su existencia. Las ideas de belleza que ve fuera de la caverna las vuelven leyes y se las debe llevar a los prisioneros.

El problema que aquí podemos analizar es ¿qué le pasaría a estos individuos si salen de la caverna? Van a sufrir mucho al salir, un mundo nuevo les va a ser presentado, un mundo establecido con muchas reglas. El texto señala las dificultades que hay que superar para aprehender las realidades que están más allá del alcance de los sentidos, (acudiendo a la imagen del descubrimiento ante la verdad). El conocimiento cada uno debe adquirirlo por sí mismo. Platón afirma que lo mismo que les va a pasar a ellos, el paso de la luz a la sombra y de la sombra a la luz, le va a pasar al alma, tendiendo en cuenta a la ignorancia como oscuridad y a la luz como conocimiento.



Mateo Munin Prado
1er. Año Historia, JVG


Parménides:


En el diálogo aparece la autocrítica de las ideas de Platón (a su vez una discusión entre Sócrates y Parménides). En él, se habla de las ideas como un "todo" o de las ideas desglosadas como parte de ese "todo"; esa idea de la que está hablando sólo puede ser representada en la realidad (o materializada) como algo semejante, digamos que sólo una parte de la "idea" va estar expresada.
Parménides llega a la conclusión (con la cual "Sócrates" concuerda) en que no es posible que una cosa sea semejante a la idea, y que a su vez la idea se asemeje a otra cosa. Sócrates plantea que cada cosa en particular atribuye su existencia en sí mismo. Pármenides refuta esta teoría diciendo que la esencia de cada cosa se basa en la relación de reciprocidad con otra cosa, su existencia se basa en esta relación.
Esto siginifica que las ideas no se refieren a las cosas de nuestro mundo, ni las cosas de nuestro mundo a las ideas, sino las unas y las otras relacionadas entre sí. Socrates se pregunta si cada cosa podría tener una idea que le correspodiera, pero separada de la cosa misma. Su interlocutor, Parménides le pregunta si es posible que la idea esté por completo en muchas cosas, y por lo tanto escindida de sí misma.
Sócrates insiste en que sería posible que cada una de las ideas pueda estar en muchas cosas, sin dejar de ser una sola idea. Parménides lo refuta afirmando que las ideas están divididas, y los objetos que participan de las ideas sólo participan de una parte de cada una; cada una pues no está entera en cada objeto, sino sólo una parte de ella.
Sócrates entonces plantea el concepto de idea como pensamiento, que no puede existir sino en el alma, con lo cual reafirma su concepto de unidad de la idea.
Siguiendo esta lógica, Parménides se autoriza a concluir que entonces todas las cosas están hechas de pensamiento, y entonces todo piensa, o bien que todo aunque es pensado no piensa. Sócrates lo corrige afirmando la participación de las cosas en las ideas a través de las semejanzas.
Parménides objeta que de ser esto así siempre nacerá una nueva idea, si la idea se hace semejante a o que participa de ella. Sócrates coincide y dice entonces que hay que buscar otra forma de participación de las cosas en la idea.
Parménides lo cuestiona acerca del concepto de que cada cosa poseea una esencia en sí misma, y que por lo tanto esas esencias no estarían en el hombre. De lo cual se concluye que las ideas se refieren las unas a las otras, y las cosas del mundo igualmente las unas a las otras.
Sócrates se convence de que no poseemos las ideas en sí mismas, y que no pueden estar entre nosotros, como las ideas de bien, verdad y belleza, no habría tales ideas entonces, o serían imposibles de conocer por el intelecto humano.
¿Dónde dirigir entonces el pensamiento, ya que no hay una idea para cada ser? ¿Quedaría entonces destruida irremediablementte la dialéctica? Finalmenete, frente a estas cuestiones Sócrates no logra definirse.
Daniela Scarafia
1er. Año Historia, JVG

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