11 ago. 2008

René Descartes, Principios de la Filosofía



El trabajo de Descartes, Principios de la Filosofía (Principia Philosophiae) se publicó en Amsterdam en latín en 1644. En cuatro partes: Los principios del conocimiento humano, Los principios de las cosas materiales, Sobre el mundo visible y La Tierra. Este libro se lo dedicó a la princesa Isabel de Bohemia y fue presentado en forma de libro de texto. Descartes deseaba que pudiera ser utilizado en la enseñanza "oficial" aunque se apartara de muchos de los preceptos aristotélicos aceptados.


1- El papel de la duda en la búsqueda de la verdad.

Descartes establece que desde que nacimos hemos formulado diferentes juicios de las cosas, antes de tener un pleno uso de la razón. A raíz de estos prejuicios se produce un apartamiento del conocimiento de la verdad. Por esto el papel de la duda será para librarnos de estos prejuicios y poder llegar así a un conocimiento verdadero de la cosas.

También dice Descartes, que será útil tener por falsas aquellas cosas de que vamos a dudar para hallar con mayor claridad lo que es más cierto y fácil de conocer. Por último, esta duda sólo debe quedar restringida a la contemplación de la verdad y no debe aplicarse a la conducta de la vida. (Redactado por Juan Pablo Ortega)


2 - Dudar, ¿de qué?

René Descartes tenía una metodología que era la duda sistemática que se va a detener ante la verdad justificada. Es por eso que antes de pensar ¿de qué? se debe dudar, primero se debe saber de qué estamos hablando cuando hablamos de duda. Esta duda de la que habla Descartes es una duda metódica – porque es el camino para llegar a la verdad – universal – se aplica a todo – hiperbólica – porque es llevada al máximo extremo.

Ahora bien, la duda queda restringida a la contemplación de la verdad, pues en cuanto a la vida a veces se está obligado a aceptar lo verosímil.

Se duda de la existencia de las cosas sensibles o imaginables, primero porque los sentidos a veces nos engañan. Descartes lo que en un principio admite como verdadero y seguro lo había tomado de los sentidos, pero luego se da cuenta de que a veces estos eran engañosos, es por eso que no se debe confiar en lo que nos ha engañado alguna vez.

Luego, porque en sueños imaginamos y nos parece sentir cosas que no existen, ahora bien, el que duda, no puede distinguir entre el sueño y la vigilia.

También se puede dudar de las demostraciones matemáticas – se duda de las demás cosas que se consideraban como ciertas y también de aquellos principios que se consideraban evidentes por sí mismos.

Puede ocurrir, según Descartes, que ese Dios que nos creó, haga que nos engañemos siempre, aún ante lo evidentísimo. Y si los que se imaginan que existimos no por obra de Dios, sino por nosotros mismos, cuanto menos poder se le otorga al Dios, más imperfecto será el hombre y así es como se engaña.

Descartes decía que las cosas que aparecen en nuestros sueños son como cuadros y pinturas que están formados a semejanza de algo real y verdadero, pues así estas cosas no pueden ser imaginarias, sino verdadero y existentes. Se puede reconocer que las cosas simples y universales, que son verdaderas y existentes, están formadas por estas imágenes.

(Redactado por Georgina Ferrara)



3 - De la primera certeza

Según Descartes, de lo que no podemos dudar es de que existimos, y esto es lo primero que conocemos filosofando con orden.

Rechazando todo aquello de lo que podemos dudar, y aún imaginando que es falso, suponemos por cierto que no existe ningún Dios, ningún cielo, ningún cuerpo ; y que incluso nosotros mismos no tenemos manos, en fi , cuerpo alguno ; pero no por eso nosotros , que pensamos tales cosas somos nada : pues repugna que lo que piensa, al mismo tiempo que piensa, no existe .

Por consiguiente este conocimiento pienso, luego existo, es el primero y más cierto de todos los que se presentan a cualquiera que filosofa con orden.

(Redactado por Brian Daguero)


4. Naturaleza del pensar

Debido a nuestra primera certeza, que deriva de conocer que existimos, pues estamos pensando, podemos por tanto reconocer la distinciôn entre alma y cuerpo, es decir, cosa pensante y corpórea. Reconocer así la naturaleza de la mente.

El pensamiento se conoce antes y con mayor certeza que ninguna cosa corpórea, pues a él ya lo hemos percibido. De las demás cosas, todavía dudamos.

Por pensamiento entiende Descartes, todo lo que se produce en nosotros mientras estamos conscientes, en tanto tenemos conciencia de ello. No sólo entender, querer, imaginar, sino también sentir es aquí un modo del pensar.

(Redactado por Marina Dalto)


5- Los modos de ser: sustancia pensante y sustancia extensa.

Descartes establece que el mejor camino para reconocer la naturaleza de la mente y distinguirla del cuerpo es primeramente examinar quiénes somos nosotros, que suponemos falsas todas las cosas diferentes de nosotros. Vemos, dice Descartes, claramente que no corresponde a nuestra naturaleza ninguna extensión, ni figura, ni movimiento local, ni nada semejante, que deba atribuirse a un cuerpo, sino únicamente el pensamiento, el que se conoce antes y con mayor certeza que ninguna cosa corpórea, pues a él ya lo percibimos, pero de las demás cosas todavía dudamos.

Descartes establece que la extensión en largo, ancho y profundidad constituye la naturaleza de la sustancia corpórea, mientras que el pensamiento constituye la naturaleza de la sustancia pensante. Pues todo lo que puede atribuirse a un cuerpo presupone la extensión, y es tan sólo cierto modo de la cosa extensa, así como también todo lo que hallamos en la mente son sólo diversos modos de pensar.

(Redactado por Juan Pablo Ortega)


6- De los conocimientos más ciertos.

En un principio, Descartes decide librarse de las ideas que le fueron enseñadas y que tenía hasta entonces como ciertas, pues las sustituirá por otras mejores, siempre y cuando logre ajustarlas al nivel de su razón. El creía firmemente que los hombres erraban porque intentaban explicar con nociones lógicas esas nociones muy simples y evidentes por sí mismas, con esto sólo lograban oscurecerlas aún mas.

Descartes postula que la proposición: cogito ergo sum (pienso y luego existo), es de las primeras y más ciertas que se presentan con más orden a quien filosofa, es por esto que es necesario previamente saber qué es el pensamiento, qué es la existencia, qué es la certidumbre y no puede ocurrir que aquello que piensa no exista.

Según Descartes, a nuestra mente la conocemos con más certeza y evidencia que el cuerpo, es conocida por la luz natural y aquí no hay cualidades, ni propiedades de la nada. En nuestra mente percibimos más cosas que en ninguna otra, lo que nos mueve a conocer algo, siempre nos conduce también con mayor certeza al conocimiento de nuestra mente.

Quienes no filosofan con orden nunca podrán distinguir con suficiente cuidado la mente del cuerpo. Cometieron un error al pensar que nada era más cierto que su propia existencia, sin embargo, por ello mismo se debió entender sólo las mentes, por el contrario, entendieron en su lugar sólo sus cuerpos, ya que lograban captarlo con sus sentidos y a los que por error atribuían la facultad de sentir. Esto les impidio percibir la naturaleza de la mente.

El método de Descartes para llegar a un conocimiento verdadero es el siguiente:


Reglas:

1-Evidencia: no aceptar nada como verdadero, si la evidencia no lo acepta como tal.

2- Análisis: cada una de las dificultades que se presentan en el camino.

3- Composición: ordenar los conocimientos comenzando desde el más simple al más complejo.

4- Enumeración: hacer enumeraciones tan complejas y generales con seguridad de no omitir nada.

(Redactado por Georgina Ferrara)


7. Del conocimiento de las cosas y del conocimiento de Dios

Según Descartes, la mente se conoce a sí misma y todavía duda de todas las demás cosas, y halla en sí ideas de muchas cosas, luego las contempla. Ni negando, ni afirmando que existen fuera de ella, no puede engañarse.
No siempre podemos saber si la mente ha sido creada de tal naturaleza que se engañe por aquellas cosas que le parecen evidentes, entonces duda justificadamente, ya que no puede tener acerca de ellas ninguna ciencia cierta .
Podemos tener en cuenta de que a través de la mente aparece la idea de Dios que es la idea de un ser poderoso, inteligente y perfecto mucho más eminente que todas las demás cosas. Debe reconocer por lo tanto en ella la existencia necesaria y eterna. Y esta existencia está contenida en la idea de un ser sumamente perfecto, se debe concluir sin duda que existe un ser sumamente perfecto.

(Redactado por Brian Daguero y Marina Dalto)



8. Demostraciones de la existencia de Dios.

Descartes demuestra la existencia de Dios con la idea de existencia necesaria que está contenida en nuestro concepto de Dios, debido a que en los conceptos de las demás cosas está contenida la existencia contingente. Por ello el hombre entenderá que no ha imaginado esa idea de un ser sumamente perfecto, de naturaleza verdadera e inmutable y que no puede no existir, puesto que en ella está contenida la existencia necesaria.
Podemos creer en la existencia de Dios, pero sólo si la mente deja de lado los prejuicios.

Otra de las nociones que nos permite demostrar la existencia necesaria de Dios, es que "cuanto mayor es la perfección objetiva de cualquiera de nuestras ideas, tanto mayor debe ser su causa". Las ideas que tenemos en nosotros son ciertos modos de pensar, pero son muy diferentes en cuanto una representa una cosa y otra representa otra; y que tanto más perfecta debe ser su causa, cuanto mayor perfección objetiva contiene. Podemos concluir que la perfección no la llevamos en nosotros sino justamente porque proviene de un arquetipo que es Dios.

También lo demuestra, que no nos hicimos a nosotros mismos, porque poseeríamos todas las perfecciones de las que tenemos idea. Como así tampoco tenemos la posibilidad de conservarnos por nosotros mismos, por lo que debe existir necesariamente algo que contenga todas las perfecciones para habernos creado y también pueda conservarnos fuera de él. Eso es Dios

(Redactado por Marina Dalto)


9. De la naturaleza de Dios.

Conociendo la existencia de Dios, simultáneamente conocemos todos sus atributos a través de la fuerza natural del espíritu. Considerando su idea, innata en nosotros, vemos que es eterno, omnisciente, omnipotente, fuente de toda bondad y verdad, creador de todas las cosas y en fin, que posee todo aquello en que podemos advertir una perfección infinita.
(Redactado por Marina Dalto)
10. Del entendimiento y de la voluntad.
En nosotros, sólo hay dos modos generales de pensar: la percepción del entendimiento y la operación de la voluntad. Sentir, imaginar, y simplemente, entender, son sólo diversos modos de percibir; como también desear, sentir aversión, afirmar, dudar, negar, son diversos modos de querer.
Para juzgar se necesita del entendimiento y de la voluntad. Del primero, porque no podemos formular juicio alguno de algo que no hemos percibido de ningún modo; y de la segunda, porque se requiere voluntad para asentir sobre la cosa percibida.
(Redactado por Marina Dalto)
11. De las causas del error.
La causa del error es la voluntad, porque se extiende mucho más que el entendimiento de las cosas percibidas claramente. Los errores son de los juicios asentidos sobre algo que no es bien percibido. Ellos no tienen necesidad del concurso real de Dios para ser producidos, sino que, cuando se relacionan con este último, son sólo negaciones; y cuando se relacionan con nosotros, privaciones. Nos equivocamos además, por defecto de nuestra acción, no de nuestra naturaleza, que es siempre la misma, juzguemos acertadamente o no. También los prejuicios de la infancia, que no podemos olvidar a la hora de juzgar, y también que nos fatigamos cuando atendemos a cosas que no están presentes a nuestros sentidos, como así cuando ligamos nuestros conceptos a palabras que no corresponden precisamente a las cosas, nos conducen al error.
(Redactado por Marina Dalto)
12- De la libertad y la necesidad.
La más alta perfección del hombre consiste en actuar libremente o por voluntad, y esto es lo que lo hace digno de elogio o censura. La voluntad del hombre se extiende porque está de acuerdo con su naturaleza. Precisamente porque es por libertad que actúa, no lo hace por necesidad, es el autor de sus acciones.
(Redactado por Marina Dalto)
13- Del criterio de verdad : claridad y distinción .
Nunca admitiremos nada falso como verdadero si tan sólo prestamos asentimiento a lo que percibimos clara y distintamente. Para que un juicio cierto indubitable pueda basarse en una percepción no sólo requiere que sea clara, sino también que sea distinta. Clara sería aquella idea que está presente y manifiesta a la mente atenta. Distinta, en cambio, se llama a la idea que siendo clara está tan separada y recortada de todas las demás que no contienen en si absolutamente más que lo que es claro. Por tanto, una percepción puede ser clara, aunque no distinta, como el dolor, pero no distinta si no es antes clara.
(Redactado por Marina Dalto)
14-De la naturaleza de la sustancia:
Por sustancia entendemos aquello que existe de tal manera que no necesita de ninguna otra cosa para existir. Y, en verdad, sustancia que no necesita de ninguna otra en absoluto, sólo puede concebirse una: Dios. Pero todas las otras sustancias no pueden existir sin el concurso de Dios. La sustancia, además de existir, tiene ciertos atributos, y uno de ellos constituye su naturaleza y esencia,y a el se refieren todos los demas.
(Redactado por Marina Dalto)
15-De la naturaleza de los modos, cualidades y atributos.
Llamamos modos a aquellos que afectan o varían una sustancia. Cuando consideramos que por esa variacion se puede llamar asi, serian cualidades. Y, por ultimo cuando observamos en forma más general que sólo existen en la sustancia, lo llamamos atributos. En Dios hay propiamente atributos, porque no se debe concebir en él ninguna variación. En las cosas creadas, se debe llamar atributo, a lo que nunca se muestra de modo diverso en ella como la existencia y duración en la cosa que existe y dura. Ciertos atributos estan en las cosas, otros en el pensamiento.
(Redactado por Marina Dalto)
16-De las reglas del correcto filosofar.
Para filosofar rectamente, es preciso abandonar los prejuicios, no confiar en ninguna de las opiniones que hayamos admitido anteriormente, a menos que después de someterlas a un nuevo examen, descubramos que son verdaderas.
Luego, considerar ordenadamente las nociones que tenemos en nosotros para juzgar verdaderas sólo aquellas que conocemos clara y distintamente. Al hacerlo advertiremos que existimos, en cuanto somos de naturaleza pensante; que existe Dios y que de El dependemos; y que por la consideración de sus atributos se puede indagar la verdad de las demás cosas, puesto que El es la causa de las mismas.
Y por último, que hay en nosotros conocimientos de muchas proposiciones de verdad eterna, y también la de una naturaleza corpórea (extensa, divisible, móvil, etc); y también la de unas sensaciones que nos afectan aunque ignoremos por qué causa nos afectan así. Y comparando con lo que antes pensábamos más confusamente, nos acostumbraremos a formar conceptos claros y distintos sobre todas las cosas cognoscibles.
(Redactado por Marina Dalto)

No hay comentarios: